lunes, 30 de mayo de 2011

La verdad sobre los futurólogos de la tele

La verdad sobre estos personajes que supuestamente predicen el futuro es que, si realmente tuviesen algún dote adivinatorio, contestarían a los telespectadores por su nombre. Además, sabrían de antemano su edad, su estado civil, su localidad e incluso la combinación ganadora de la próxima quiniela para dejar de manipular al público.

Creo que con este último argumento se desmonta toda esta pantomima. ¿Para qué iban a saquear a los pobres solitarios y noctámbulos que deciden dejarse una pasta gansa en llamadas intespestias? Por dinero. ¿Y para qué necesita trasnochar alguien que sólo busca un dinero fácil pudiendo adivinar el futuro?

De todas maneras, suponiendo que exista gente que vea el porvenir, me parece a mí que no puede ser tan sencillo como despachar llamadas de teléfono a diestro y siniestro sin otro contacto que el de una voz diferida y amplificada para el sonido en directo.

Dicen los que entienden de estos temas esotéricos que los futurólogos que se creen lo que hacen (ni niego ni confirmo) necesitan tal concentración durante las sesiones que se quedan exhaustos al terminar. Es imprescindible, además, que tengan presente al interesado y en ningún caso podrían con más de una decena de clientes al día.

Yo, que conozco personas abúlicas que han trabajado en líneas eróticas y que sé cómo funciona esto del telemarketing, me imagino perfectamente el proceso de selección de personal para estos tinglados.

INT-DÍA-ETT DE LA ESQUINA

-¿Tienes experiencia en telemarketing?
-Sí. Auna, Vodafone, Gas Natural, Teleprom, que llevaba Auna y ahora lleva Ono, y Promtelecom, que llevaba Endesa y ahora lleva altas de Gas Natural y bajas de Iberdrola.
-Vale, vale. Es suficiente. Vamos a ver... (lee un papel) ¿Sabes algo sobre el tarot, la numerología...?
-No mucho, la verdad, pero me leo el horóscopo en el periódico ése que regalan...
-Ah... bueno... (vuelve a leer su papel) No hay problema: no es necesaria experiencia. ¿Qué tal si hacemos una prueba? Yo te pido que me leas la mano y tú vas siguiendo el guión, ¿de acuerdo?
-¿Me pongo los cascos?
-No, mujer, sólo es una prueba.

Volviendo a estos programitas de estafadores metidos a adivinos, la pena es que haya gente que llame. Y lo que auténticamente da ganas de llorar es acabar escribiendo de esta gentuza que, además de no engañar más que a cuatro desgraciados, ofrecen un unos programas mal iluminados, con sonido defectuoso, pésimamente dirigidos, peor presentados y, lo imperdonable, que aburren una barbaridad.

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