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Mostrando las entradas etiquetadas como globalización

Asco

De la gente que te adelanta por la izquierda o por la derecha y te corta el paso hacia el cajero y cuando se da cuenta de que no funciona, en lugar de avisarte, se larga mirando hacia otro lado. De la impunidad de los políticos, sindicalistas, banqueros, principescos, cortesanos y plebeyos que roban sin sufrir escarnio alguno. De las arbitrarias tomas de conciencia de la sociedad. Lo mismo se manifiestan por la anulación de una corrida de toros que se quedan en casa cuando se destruyen millones de puestos de empleo y, para colmo, se disparan los precios. Ah, y la culpa es de los trabajadores.

Hasta siempre, Madiba

La muerte de Nelson Mandela, a los 95 años, nos obliga a dirigir la mirada a la realidad del país por el que pasó 27 años en la cárcel: Sudáfrica, una nación sumida en un régimen racista, herencia del salvaje colonialismo europeo de siglos anteriores, que Mandela democratizó con su ejemplo de lucha, esperanza y tolerancia. Tras ese lavado de imagen que intentó ser el Mundial de fútbol de 2010, la realidad de Sudáfrica volverá a la palestra y demostrará que, de nuevo, no basta un líder pacifista y carismático como Madiba para cambiar el curso de la historia.

Un verano sin Internet

No sé cómo podían pasar el verano sin frigoríficos eléctricos nuestros bisabuelos. No lo sé. Ni tampoco logro concebir cómo les fue posible, incluso a mis abuelos que nacieron en el siglo XX, atravesar las dunas de los estíos mediterráneos sin agua corriente. Ni idea. Trato de entenderlo. Me hago una idea, pero no. Sí que he comprobado que se puede sobrevivir a los cuarenta grados de exterior con una buena ducha, el cuerpo al aire y una terraza por la que se cuela el viento desde todas las direcciones. El ventilador, invento del que nunca se habla, también sirve para vivir encierros veraniegos. O sea, que la ilusión de que es imposible pasar un verano sin aire acondicionado es sólo eso, un engaño de la mente.

El chantaje del reciclaje

Las diez primeras veces que vi el anuncio... hacia gracia. Los que vivimos en Catalunya estamos sufriendo durante los últimos días un bombardeo publicitario en el que tres chicas muy monas y simpáticas cantan las dificultades de saber a qué contenedor van los desperdicios que no son envase. Es un anuncio, con bastantes variantes, todo tipo de soportes, y que, sin embargo, logra algo impensable en una campaña promovida por la Generalitat: consigue enredar al ciudadano de manera que más de uno jamás logrará tirar la basura en el contenedor correcto. Sin embargo, estoy convencido de que niños y preadolescentes saltarán de alegría cuando vean a las tres Amelies en la pantalla interpretando su minimusical. No hay para menos: la música está muy bien y la coreografía es divertida, pero ¿cuál es el mensaje? Pues son dos: que visitemos una página web sobre envases y contenedores (ja, ni de coña) y el más claro: hay que estudiar una carrera para saber dónde demonios se tira una sartén. C...

La democracia no era esto

Señores políticos: Esto no va nada bien así. El clamor popular es ya un grito y vosotros hacéis como que no oís. Escuchad: cada vez que el pueblo sale a las calles a manifestarse, tenéis la obligación de dar la cara y tender puentes de comunicación con la ciudadanía. No vale ningunearlos. Tampoco entrar en guerras de cifras. Y mucho menos sacar pecho y abusar del poder. Porque el poder emana del pueblo.

Protegeremos al enemigo a cambio de... ¡nuestra libertad!

Medidas como ésta recuerdan a otros tiempos. Tienen razón los que opinan que la sociedad, todos nosotros, se está infantilizando. Cada vez hay menos diferencias entre las noticias de la tele y una película de Hollywood. El problema es que la realidad europea supera la ficción más rocambolesca. El problema para los europeos, claro. Aunque la mayoría de la gente no se dé por enterada, la frontera española con Francia está sellada. Cada persona que quiera cruzar los Pirineos con dirección a la piel de toro tendrá que identificarse y gustar a las fuerzas de seguridad.

2011: empieza la fase 3 del nuevo mundo

Fin de la fase 1: a por el mundo islámico. Ya podemos ponerle nombre y apellidos a la historia reciente del mundo. Desde la supuesta muerte de Bin Laden, el puzle entero se ve más completo que vacío. La era del capitalismo salvaje arranca de verdad en 1973. La crisis del petroleo y el desastre de Vietnam ponen sobre la mesa del Presidente de Estados Unidos una preocupación comprensible para cualquier emperador: mientras existan países contestatarios o, simplemente, poco afines al Imperio, Estados Unidos corre peligro. En realidad, el riesgo no recae sobre el país ni sobre las libertades de los norteamericanos, sino sobre la hegemonía de EEUU sobre el resto de las naciones. Es decir, la supremacía de unos cuantos empresarios y políticos sobre el resto de la humanidad conocida. En Europa antes ha habido un conato de resistencia a perder la esperanza de un mundo diferente, pero se queda en nada. En poco tiempo, el fracaso de las revueltas del 68 se convierte en otro s...

¿Por qué?

Millones de personas han compartido durante más de una semana la pregunta existencial de un entrenador de fútbol impotente tras una derrota. Fue poco original. Como un mártir a punto de morir, miró al horizonte de los flashes y se preguntó por qué. Su plegaria alcanzó a millones de personas: unos a favor, otros en contra. Lástima que el tema de su lamento pleberiano incluyera supuestas ayudas arbitrales y tratos de favor al Barça. Lástima que millones de cerebros se hayan conectado durante tanto tiempo para ocuparse de un tema tan insustancial.

El espectáculo a propósito de Bin Laden

Al final, no estaba en una cueva. Brevemente, para no distraerte del apetitoso espectáculo made in USA. Hoy habrás visto los restos de sangre en la casa-búnker de Bin Laden. Ya sabes que lo han matado de un tiro en la cabeza, aunque nadie ha presentado pruebas ni del asesinato ni del asesinado. No te preocupes, porque dentro de poco se filtrarán unos comentarios del ejército, de la CIA o del propio Obama que te darán alguna pista más.