En un corto trayecto en metro y, luego de paseo, me he encontrado con tres parejas discutiendo. En una de esas escenas, ella y él, muy jóvenes, estaban locos por abrazarse y reafirmar su amor con un beso, pero no podían hacerlo. Había una fuerza centrífuga que lo impedía. Al resto de parejas he preferido verlas de soslayo. Más tarde he dicho en voz alta: "seguro que hay luna llena". Casi he acertado y prometo que no me pierdo en los tejados de Barcelona intentando atravesar la contaminación lumínica y tóxica. El sábado, si el calendario lunar no se equivoca, habrá un ojo más en el firmamento. Quién sabe si malévolo o loco, como se cree popularmente, o hermoso faro que despeja las tinieblas como prefiero considerar a este fenómeno óptico, tan irreal o cierto como su contrario, que es la oscuridad de la luna nueva. Esta noticia (haz clic en la palabra, por favor) no es tal, porque para serlo tendría que ser nueva, como la luna que, callada, sirvió de cómplice a los trág...
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