Qué tiempos aquellos, nada memorables, en los que la única película de animación de estreno venía firmada por Walt Disney y aterrizaba puntual cada Navidad. El resto del año, a pan y agua. Ahora estamos viviendo una época que nos sitúa en el otro extremo. Hay tanta oferta de estrenos de dibujos animados que las familias se las ven y se las desean para elegir una u otra (aunque dispusieran de tiempo y de dinero, no las podrían ver todas). Si de algo nos podemos quejar los que disfrutamos con el buen cine, sea en color, blanco y negro, dos dimensiones, con personas o con dibujos, es que se está imponiendo una especie de película que trata de abarcar todos los públicos. Una especie de rémora globalizada cuya máxima aspiración suele ser, como dije de El discurso del rey, que no disguste a nadie. No es el caso de Rango, una película de animación arriesgada. Puro arte, dinamita en manos de un cinéfilo y una decepción para las familias palomiteras que busquen un entretenimiento más de d...
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