Imagen que recuerda a lo que vi, pero más concurrida. Doce de las madrugada del 7 de julio en pleno centro de Barcelona. Un sábado a las doce y media de la noche. Uno se espera cualquier escena excepto que los turistas y barceloneses señalen el cielo con una sonrisa en los labios. Miras hacia arriba y ves dos luces sobre los edificios más altos de la ciudad. Descartas que se traten de aviones, porque las dos luces se desplazan muy cerca la una de la otra. Van demasiado lentos para tratarse de aviones comerciales o cazas. Sean lo que sean, vuelan demasiado alto para ser helicópteros y demasiado bajo para tratarse de aviones. Los dos vehículos, porque no crees en dragones, se desvanecen en la inmensidad de la noche. Las grandes torres de la ciudad como testigos y algunos curiosos que enseguida dejan de mirar hacia arriba.
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