viernes, 27 de mayo de 2011

La política lo impregna todo

Para que luego digan que el PP es
homófobo. El objetivo está claro:
convertir a todos los heteros en gays.
Parecemos personajes de esos documentales de la transición española en la que los comunistas y los franquistas se gritaban indignados en manifestaciones paralelas y con un cordón policial enorme entre ambos mundos.

Después de la resaca futbolera, los ciudadanos han tenido que volver a la realidad y no les ha gustado lo que han visto. De pronto, ha renacido el interés en la política aunque, paradójicamente, cada vez interesan menos los políticos.

Por eso, medio millón de españoles acudieron a las urnas para votar en blanco o realizar un voto nulo. Porque todavía hay gente ingenua. Y eso es una buena noticia. Quizá lo digo influido, ligeramente, por mi condición de cándido postadolescente.

De nuevo, lo bonito, lo interesante y, en fin, lo majestuoso, está en la calle. No sólo en las plazas, sino en las conversaciones de bar, en los puestos de mercado, en las peluquerías, en la cola del súper.

La televisión, la radio y los diarios ya ni siquiera ofrecen la realidad distorsionada. Directamente nos meten ficción en vena. Y de la mala, de la perversa, de la que bebe directamente de las cloacas del peor "reallity" para vomitarnos las sobras de un culebrón de baja estofa.

A Carme Chacón, por ser mujer, la pintan como la última víctima de Zapatero. Pobrecita, como no tiene pene, no se ha podido defender de las garras del malvado ZP, Pepe "siniestro" Blanco y el demagogo Rubalcaba. ¿Acaso la ubicarían en el papel de víctima, sin despellejarla antes, si fuera un hombre? Ay, señores populares, por supuesto que Chacón quería ser candidata a presidir el Gobierno. Todos los políticos matarían por estar en su situación privilegiada, pero su género no la hace ni más fuerte ni más débil. ¿Por qué dan ustedes por sentado que la han obligado a abandonar sus aspiraciones? Pregunta retórica, claro.

El PP y sus seguidores, que ahora son legión, quieren sacar un rendimiento rápido a las elecciones municipales y autonómicas. "Váyase señor Zapatero", se vuelve a escuchar en el Congreso. No admiten ni siquiera que el actual Presidente del Gobierno siga siendo Secretario General del PSOE si se elige un nuevo candidato. Seguramente conocen leyes que nadie más sabe que existen o, acaso, se han estudiado al dedillo los estatutos del PSOE.

Nada de eso. Es el ansia. Se les ve sedientos de sangre a estos vampiros tan alejados de los personajes con acné de la saga Crepúsculo (ahora incluso me caen simpáticos). Dicen que las urnas han hablado: que los españoles quieren que se adelanten las elecciones.

Los del PP no son tontos (¡ahora o nunca!), desde luego, pero hacen mal en dejar tan a las claras que consideran imbéciles al resto de españoles. Si alguien votó para Elecciones Generales el pasado domingo, ése es tonto de remate, porque ni Zapatero ni su sucesor o sucesora ni el cargo de Presidente del Gobierno estaban en juego.

Ahora bien, pensar que más de la mitad de los votantes, entre ellos sus propios simpatizantes, son tontos deja en muy mal lugar a un partido que se hace llamar popular.

Unos por incapaces, otros por inmorales y todos por defectuosos, los políticos están de capa caída. A mí también me apetece mucho más votar en una asamblea ciudadana al fresco de una plaza que esperar un enfrentamiento entre Rubalcaba y Rajoy.

A todo esto, un señor al que su partido aconseja no salir en la tele para mejorar en las encuestas a mí no me ofrece ninguna confianza. Su mensaje es tan turbio que necesitan hasta cuatro portavoces en una misma semana para transmitirlo a los demás. No hablo por hablar: de Cospedal, Sáenz de Santamaría, Pons y Esperanza Aguirre le han hecho el trabajo sucio al elegido de Aznar y Fraga, al paquete más difícil de colocar de toda la democracia: Rajoy.

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