A la gente, sobre todo la que lee sin demasiadas ínfulas en plan fast-food , le encantan las listas: l os diez consejos para ligarte a tu cuñada, el top 10 de atractivos turísticos de Murcia, las mejores películas musicales del 1912... y la moda tenía que alcanzar a la literatura. Todo el mundo se puede imaginar que estas listas son, como mucho, el fruto del esfuerzo intelectual, la experiencia y, sobre todo, los gustos de un par de personas de una redacción. Sin embargo, parece que no importe mucho: el lector firma un pacto, más bien un cheque en blanco, para tragarse lo que sea con tal de que aparezca en forma de lista y venga en colorines e incluya fotos muy chulas.
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