Cuando los corruptos y sus cómplices se atrincheran en sus buhardillas de lujo, esculpidas y labradas con sudor y entusiasmo por las generaciones anteriores de ciudadanos, en su mayoría humildes, que no dan crédito a tanta desfachatez, porque todavía mantienen algunos valores y entre ellos no está la sinvergüencería, es cuestión de tiempo que la madera podrida, por más que la carcoma y la humedad se adhieran en las vigas, acabe por quebrarse. El PP se sabe en extinción. Producto de su tiempo, se ha acabado retroalimentado con tanta desmesura, que ya es una caricatura de sí mismo.
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