Jamás he escuchado a un millonario decir que el dinero no da la felicidad. Siempre se lo escucho a gente más o menos asentada, pero al fin y al cabo no pueden desligarse de su empleo sin renunciar a su nivel de vida. O sea, que ni son ricos ni pobres. Tampoco se lo he oído decir a una persona en la indigencia, pero es normal porque por lo general esta gente no tiene ningún altavoz para llegar a la opinión pública. Es cierto, por otra parte, que en mi círculo, en el que hay dos o tres personas con la vida resuelta, no tengo constancia de nadie que sea pobre de solemnidad. En el día a día, seguro que me cruzo con muchos pobres que podrían darme una lección sobre las cosas que proporcionan la felicidad, pero no tengo la oportunidad de compartir intimidades con ellos.
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