Resumir en dos, sólo dos, las principales ignominias a las que nos hemos enfrentado en las últimas décadas entraña una injusticia o un defecto de ignorancia extrema. Así pensarán los que hayan sufrido más directamente que en Occidente las decenas de cruentas guerras de África, los innumerables atropellos a la democracia (también en Europa), las aberrantes políticas contaminantes, la perpetuación de las hambrunas en contraposición con las sociedades en las que aumenta la sobrealimentación y deben eliminarse los alimentos por orden de las autoridades (las famosas cuotas).
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