Tras cinco años de tratamiento es lógico que uno se preocupe por la evolución de su ansiedad. Son muchas pastillas, varios cambios de tratamiento y una dependencia absoluta de los ansiolíticos. Al principio te enervas con el psiquiatra: ¿para qué me da antidepresivos si yo no estoy deprimido? Y te cuenta una historia seudocientífica de las que no dan derecho a réplica, aunque no te asegura que sea efectivo ni ese ni los diez compuestos diferentes que va probando en tu cuerpo y mente. Tampoco te advierte del todo de que estas pastillistas que no sabes muy bien para qué sirven tienen unos efectos contrastados que sí vas a notar: digestiones complicadas, cambios de peso (a más, por supuesto), somnolencia o insomnio según la combinación e incluso ¡una mayor ansiedad! Y me dejo un largo etcétera de efectos secundarios que dan para una película de terror.
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