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Mostrando las entradas etiquetadas como teatro

Conocemos a los títeres, pero... ¿quién maneja los hilos?

Vas al teatro y, si hay presupuesto, te entregan un programa. Pocas líneas sobre la obra y muchos nombres a pesar de que sobre las tablas veas a dos, tres o cuatro actores. No es baladí: en una obra dramática interviene mucha gente. Alguien compuso la música. Otra persona tiene que encargarse de que todo se escuche bien. Otra, de la iluminación. Alguien tuvo la idea del librero. Otra persona o la misma la escribió... Y así hasta decenas de participantes. El caso es que no hay trampa ni cartón. En un hipotético caso de que no te guste, por ejemplo, la música, siempre podrás decir: "menuda chirigota ha compuesto Fulanito o Menganito". Sin embargo, no sabes por qué en una obra de teatro que ven cuatro gatos (por desgracia) todos los profesionales dan la cara y no ocurre, por ejemplo, en el Gobierno.

Si en Catalunya hay bilingüismo, que se vea en las tablas

Dimonis! Nixon i Frost parlant català! No tengo datos estadísticos, pero soy un asiduo al teatro y compruebo la cartelera en Barcelona cada semana al menos un par de veces, por esto de los imprevistos (ofertas, cancelaciones, prórrogas, etc.) Desde hace años vengo constatando que las grandes obras contemporáneas se representan en catalán, lógicamente por un equipo artístico catalán, y que las pequeñas, las más experimentales, también se disfrutan o se sufren en la misma lengua. Las de autores ignotos, de la tierra, salen en catalán, porque es prácticamente imposible que un autor novel de fuera de Catalunya se atreva a estrenar su obra en castellano, por buena que sea, en cualquiera de las cuatro provincias catalanas. ¿Qué es lo que llega en castellano a Barcelona? De lo bueno, muy poco y por muy breve tiempo, con excepciones contadas. De lo malo y chabacano, todo. Lo penúltimo ha sido una obra con Bertín Osborne y Arévalo (el de los chistes de cinta de gasolinera), pero nunca ...

Quién quiere ser Don Juan

¿Quién quiere ser un donjuán después de empaparse de El burlador de Sevilla? Es muy fácil querer apuntarse a la orgía frenética que supone seguir las andanzas de Don Juan, pero, ¿y qué importa el goce de hoy si mañana se repetirá la misma historia? Aún peor, ¿cómo ser felices haciendo desgraciados a los demás? Al haberse convertido en mito, la mayoría de la gente cree que el primer Don Juan, el genuino (el de Tirso, no el de Zorrilla y la monja doña Inés), es un tipo simpaticote que va clavando picas en Flandes, en Teruel y donde le viene bien.