Vas al teatro y, si hay presupuesto, te entregan un programa. Pocas líneas sobre la obra y muchos nombres a pesar de que sobre las tablas veas a dos, tres o cuatro actores. No es baladí: en una obra dramática interviene mucha gente. Alguien compuso la música. Otra persona tiene que encargarse de que todo se escuche bien. Otra, de la iluminación. Alguien tuvo la idea del librero. Otra persona o la misma la escribió... Y así hasta decenas de participantes. El caso es que no hay trampa ni cartón. En un hipotético caso de que no te guste, por ejemplo, la música, siempre podrás decir: "menuda chirigota ha compuesto Fulanito o Menganito". Sin embargo, no sabes por qué en una obra de teatro que ven cuatro gatos (por desgracia) todos los profesionales dan la cara y no ocurre, por ejemplo, en el Gobierno.
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