Sí, de veras. Se metían alquitrán, nicotina, y no sé cuántas porquerías más en los pulmones. No cobraban. Al contrario, pagaban por el tabaco, que así se llamaba el veneno, y algunos se gastaban el salario de dos horas. Cada día de la semana. Eso es, cada día. Pero de pronto, el Gobierno decidió prohibir fumar en lugares cerrados públicos y hubo una gran polémica. Los fumadores se quejaron, pero los que más alboroto montaron fueron, con diferencia, los dueños de los bares y restaurantes.
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