domingo, 31 de octubre de 2010

Apunte sobre los toros


Sucedió este verano: Catalunya prohibió las corridas de toros y, como no había muchas más noticias que dar en territorio español (y porque a nadie le interesa que en África y en media Asia se mate la gente), la ley se convirtió en polémica nacional. Ahí van unos apuntes después de varios meses de conversaciones, lecturas y reflexiones. (Por cierto, si quieres saber qué pinta la foto de los pollos cuando en el título se lee claramente "toros", haz caso del mensaje):


Primero, un recordatorio: el parlamento catalán representa a la ciudadanía, porque fue elegido democráticamente. Por lo tanto, sus decisiones se deben respetar, aunque por supuesto se puede estar de acuerdo o en desacuerdo.

Las leyes del parlamento catalán no repercuten en el resto del territorio catalán. Por eso, si un señor de Burgos se disgusta por la prohibición de las corridas en Catalunya, se puede evitar fácilmente el disgusto, pues la ley no tiene validez en Burgos ni en Cuenca ni los miles de municipios y ciudades que quedan fuera de Catalunya.

Mucha gente, especialmente los que no viven en Catalunya, declaró en su momento que el ciudadano tenía derecho a elegir a qué espectáculo acudía. De acuerdo. Sin embargo, los toros carecen de voz o voto, igual que los perros, los caballos o los pinos carrascos. Por eso es responsabilidad de los legisladores velar por sus derechos.

Dicho esto, me mojo: en Catalunya deberían ir más allá, y no me refiero sólo a la prohibición de las típicas, trágicas y bárbaras fiestas con vaquilla, sean golpeadas, quemadas, burladas o muertas. Un pueblo moderno y responsable debe garantizar el respeto de todos los seres vivos que dan riqueza a su territorio. Y eso significa que hay que terminar ya con las granjas que explotan salvajemente a gallinas, terneras y vacas (de ahí la foto).

La aberración que entraña la crianza de los animales en el mínimo espacio posible, sometidos, además, al engorde rápido a partir de preparados artificiales no sólo perjudica el equilibrio del planeta, sino a la salud de los que consumimos carne. Tampoco los vegetarianos se salvan: ellos lo saben muy bien. ¿Qué cultivo se salva hoy en día de la contaminación que supone la plantación de transgénicos a escasos metros, por no hablar de pesticidas y productos químicos dañinos?

Cuando España (y también Catalunya) proteja la flora y fauna de su territorio como se merece, esto es con el máximo respeto, entonces daremos un paso hacia el verdadero desarrollo cultural. Cuando, además, se imponga la cordura a las leyes del mercado capitalista para generar alimento sostenible y con la mínima adulteración, entonces seremos un poco más felices.

Propongo, además, que se utilicen los invernaderos para paliar el hambre en el mundo, porque es verdad que en poco tiempo se pueden generar toneladas de vegetales. Y, de paso, los instalen en los países que los necesitan para acabar con el paro y con las hambrunas. Si España quiere ser un país desarrollado debería empezar a potenciar la agricultura sostenible.

En esta página web encontraréis el título de documentales muy interesantes sobre el tema de la nutrición.

¿Qué le pasa a un hombre después de los 35?

Pues depende. Los machos dominantes se apuntan a un gimnasio, se rapan la cabeza, se depilan las cejas y resurgen de las cenizas. Si han perdido la admiración de sus parejas, la recuperan; y si se les pone a tiro una pieza joven y esbelta como una gacela, ahí que van. ¿Y todos los demás?

Los demás, que hemos soportado con estoicismo el bajón físico y, de alguna manera, nos hemos resignado a ver un tipo con entradas y barriguita después de la ducha, quedamos a merced de los elementos.

El hombre hetero del montón, con el que me identifico, está expuesto a cualquier cambio en la dirección de los vientos.

Si hemos tenido hijos, nos tendremos que esforzar en trabajar mucho y en repartir el cariño a partes iguales entre la descendencia y nuestra pareja. Cualquier descomenpensación por arriba o por abajo nos hará pasar por adictos al trabajo, clones de Hommer Simpson, malos amantes o padres consentidores.

Si no tenemos hijos, el reloj biológico se ubicará entre la tele de plasma y el mando de la Wii con forma de Big Ben y nos dará la campanada cada vez que se nos ocurra un plan para el fin de semana o la compra del último gadget.

En el caso de los solteros, quizá sea el momento de analizar por qué los ligues han ido de más a menos, hasta el punto que en las discotecas nos juntamos con jóvenes a los que aburrimos con batallitas y ni siquiera las viejas lobas (con cariño a estos personajes clásicos de la noche) nos lanzan un aullido. Puede que, incluso, sea necesario poner en cuestión nuestra orientación sexual.

Los 35 años para un hombre, digamos la verdad, son jodidos. Es el momento de elegir. O nos lanzamos a una vida loca repleta de aventuras (e infortunios), o damos una alegría a la familia formando una familia nuclear y acertando a la primera con la parejita. Lo que siempre saldrá mal, aunque es una opción legítima, será quedarnos en el limbo de la negación del compromiso sin tampoco atrevernos a soltarnos la melena (o hacernos un implante).

Si optamos por esa malísima tercera opción, podemos inventarnos que nos gusta vivir solos, que nos encanta nuestro trabajo, que somos selectivos con las parejas o que hemos dedicado nuestro futuro a coleccionar palillos de dientes.

Todo, menos engañarnos a nosotros mismos. Eso, os lo aseguro, siempre acaba mal.

Que se maten a trabajar ellos

¿Cómo conciliar las ideas marxistas con el capitalismo salvaje que está presente en todo el mundo? Se me ocurre una primera idea: un esbozo, apenas. A ver qué os parece.

Puesto que es legítimo que haya gente que aspire a ascender en su trabajo hasta lo más alto (otro tema sería reflexionar sobre dónde está esa cima y cuánta gente tiene acceso real), e incluso hay quien aspira a liarse con cuanto/as topmodels pueda, o pilotar un yate, etc. no veo ninguna razón para cortarles el acceso a ese tipo de ilusiones, por más frívolas que me parezcan.

Por otro lado, ya que somos muchos los que querríamos vivir una vida tranquila, sin ansiolíticos ni curas de estrés, y que situamos nuestras metas en otras esferas que no sean acaparar dinero y poder. También veo lógico que nos dejen aspirar a nuestros sueños.

Si además, tenemos en cuenta los excedentes de comida en Occidente y la posibilidad real de que coexistan con nosotros, los que necesitamos poco, las personas a las que no les importa vivir pegados a un móvil con WiFi y trabajar 12 horas diarias hasta los 70 años con tal de que la empresa les regale un jamón de bellota por Navidades; tampoco veo incongruencia alguna en que inauguremos un nuevo mundo sin bloques ni bandos ni telones de acero.

Es muy simple: yo renuncio al poder, al yate, a las vacaciones en un resort de lujo en la quinta puñeta. Me conformo con una vivienda, comida y un trabajo que me satisfaga, y de esa manera aspiro a tener el tiempo suficiente para cuidar de los míos y de mí mismo.

Lo malo es que me da la sensación de que los jefes (e incluso los sirvientes) del capitalismo van a querer que me hunda con ellos en su vida de aparente sotisficación, pero deshumanizada y vacía. Habrá muchos porqués, pero uno destaca sobre todos: el capitalismo necesita peones, carne de cañón, para que los caballos, alfiles y torres se caigan del tablero malgastando toda una vida pensando que podrán ser el rey o la reina.

pd: Es muy probable que mi ignorancia me haya llevado a proclamar como mía una idea que lleve 50 años circulando. Si es así, agradeceré información bibliográfica para aprender un poco más.

viernes, 29 de octubre de 2010

¿De quién se ríe Joaquín Oristrell?


Vivimos en un país subdesarrollado, pero eso ya lo sabe la mayoría. Sin embargo, no está de más destacar algunos aspectos de este tipo de países, que a diferencia de lo que muchos opinan, no se distinguen por datos económicos solamente. Al menos, yo creo que las desigualdades sociales, la falta de educación y de cultura y el caciquismo son factores igualmente graves.

Obviamente es fácil hablar de estos temas cuando no se pasa hambre. Soy consciente. Lo que pasa es que resulta muy peligroso quedarse con una sola estadística, por más dolorosa que resulte.

En el cine español, por poner un ejemplo vácuo (el 20 % de desempleados, los casos de corrupción, etc. son ejemplos de mayor peso, pero eso también lo sabemos), ocurre que de vez en cuando algún personaje cosecha un triunfo en taquilla, independientemente de la calidad de la película (por supuesto) y ya no hay nada ni nadie que lo saque de su pedestal.

La flauta le sonó a Joaquín Oristrell cuando transcendió a la prensa el nombre del guionista de "Todos los hombres sois iguales", taquillazo en 1994, año en el que el cine español renqueaba como de costumbre.

A partir de entonces, se multiplica como guionista y empieza su carrera como director. Su debut es una de las peores películas que he visto en mi vida. Se titula "De qué se ríen las mujeres" y lógicamente trata de emular el éxito de "Todos los hombres..." a partir de la consabida guerra de sexos.

Su penúltima película, "Va a ser que nadie es perfecto" convocó a más de 500.000 espectadores. Cualquiera que tenga los redaños de verla podrá comprobar que, aparte de infantil, mal escrita y peor dirigida, no tiene maldita la gracia.

Ahora acaban de estrenar en la televisión su vergonzante "Felipe y Letizia", sobre la que hay toda una catedral de páginas web y artículos periodísticos. Por ejemplo, http://www.abc.es/20101026/tv-series/fallos-serie-felipe-letizia-201010261103.html

Antes, don Joaquín (en Catalunya se llama Joaquim) perpetró una serie en la que también supo cargarse un buen producto. ¿Vísteis "Abuela de verano"? Pues tuvísteis suerte porque duró dos días.

Para ser justos, Oristrell firmó guiones graciosos en sus comienzos, como el de la regular comedia de Colomo, "El efecto mariposa". Con todo, no es de recibo que en este país los cineastas y guionistas que dan uno, dos o tres campanazos tengan bula papal secula seculorum.

Lo peor del caso es que tendremos que aguantar los estropicios como director de Oristrell durante muchos años. Me cae bien su sucesor, a todas luces, Albert Espinosa. Esperemos que no caiga en el mismo error y que sepa dejar la dirección a tiempo si los trabajos no resultan satisfactorios.

No tengo nada en contra del guionista que se mete a director, pero me parece tercermundista que se confundan las dos profesiones y, sobre todo, que haya productoras que financien trabajos de malos realizadores, como es el caso de Oristrell. Por algo no tenemos industria del cine, sino un reino de taifas.

Si tenéis curiosidad. Aquí podéis ver parte de su trabajo: Base de datos del MEC.

jueves, 28 de octubre de 2010

El Papa amenaza Barcelona


La Sagrada Familia no gana para sustos. Primero fue el AVE -que ya veremos si resiste tanto túnel-, luego Batman y su afición a columpiarse y ahora el nuevo viejo Papa, que cada vez da más miedo. El póster que han colocado por toda Barcelona habla por sí solo. Pero si seguís leyendo os daré motivos para colgar un crucifijo en el marco de la ventana... aunque viváis en Segovia.

Al parecer el buen hombre viene con el objetivo de convencernos para que condenemos el aborto y las bodas entre homosexuales. Él y su equipo, por supuesto. De hecho, si no dijera siempre lo mismo, el propio Papa vendría a Barcelona sin tener ni idea de su discurso. Bastante trabajo tiene Benedito XVI con promocionar la fiesta pagana de Halloween con su inquietante mirada y los despiadados propósitos de sus seguidores.

Para que no peligre su portentosa oratoria, es decir, para que descanse y coma bien, su visita nos va a costar 700.000 euros. Si una habitación de hotel con pensión completa puede costar unos 100 euros diarios... ¿Cuántos meses piensan quedarse en Barcelona el Papa y su séquito?

Imaginemos por un momento que logra convencer al "tripartit" de izquierdas, que le dorará la píldora a pesar de ser tan de izquierdas... Sí, es una posibilidad. De ocurrir tal desgracia, ¿cuál será el objetivo de su próxima visita? ¿Desmantelar la ley del divorcio? ¿Prohibir el voto de la mujer?

A la vista de los datos -ya quisiéramos que fueran rumores-, es preferible que el año que viene sea un antipapa el que bese el suelo del Prat. A lo mejor consigue convencernos de que retiremos la asignatura de religión de los planes de estudios -cada uno que practique su credo en el templo correspondiente- y, de paso, decreta la venta de los excedentes monetarios del Vaticano para fines benéficos, que es lo único que puede parar la caída en picado del catolicismo. Personalmente, con que nos explicara por qué una religión, que se llama cristiana, se ocupa más de la Bolsa que de los miles de necesitados del mundo, me conformaría.

Por lo menos, seguro que ese antipapa hipotético nos haría una rebajita por tener el honor de cederle el tráfico, los medios de comunicación, las fuerzas de seguridad y demás prebendas, que casi prefiero no saber.

Nos hemos vuelto budistas sin saberlo


Todo fluye y nada es igual ahora que hace un segundo.

Un incendio en Nueva Delhi puede afectar a la vida de un granjero islandés y, además, los seres humanos estamos conectados unos con otros con un máximo de siete categorías (sí, eso tan gracioso de que eres pariente de Bush y de Stalin).

Las energías negativas nos llevarán al desastre y, al contrario, los buenos designios y una voluntad de hierro nos llevarán al éxito, "El secreto" y sus seguidores dixit.

Luego está el tema del karma. Haz el bien, que si derramas la mala leche por el bidé te acaba cayendo en la coronilla.

Otra prueba más de que somos budistas: todos hemos pensado en hacer alguna clase de yoga e incluso hay casos de gente que lo practica.

Por si fuera poco, el propio Dalai Lama no niega el Big Bang e incluso confiesa que aceptará que la reencarnación no existe si la ciencia demuestra. Igualito que el Vaticano.

Por estas razones y otras muchas que tienen que ver con el encierro interior al que nos vemos obligados a someternos para olvidarnos de la jauría del mundo, no podemos afirmar con rotundidad que no rendimos cuenta a ninguna religión.

A casi todos los españoles nos hicieron católicos a la fuerza. Sin embargo, la propagación del budismo es ya una realidad universal y silenciosa. Por lo menos no es forzosa, ¿o sí lo es, sólo que no nos damos cuenta?

¿Es forzoso comer pizza al menos una vez a la semana? ¿Nos obligan a ver películas de Hollywood? ¿Alguien nos pone una pistola en la cabeza para que contribuyamos a las idioteces virtuales como, por ejemplo, la coronación de Belén Esteban? Seguro que a vosotros se os ocurren más preguntas retóricas. Por hoy ya está bien.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Arturo, ese gilipollas tan admirado en el país de los desatinos

Arturo Pérez-Reverte sólo ha escrito un libro decente en su vida, El pintor de batallas. Lo demás está a la altura de un Vázquez Figueroa en ayunas.

Lo que sí que ha hecho don Arturo es utilizar los diarios como escupidera, de modo que el lector ingenuo acaba tragándose la bilis de un tipo, que por muchos libros que venda, presenta las maneras de un matón de pueblo en cada columna que escupe.

Insulta y menosprecia a sus acreedores y tiene la cobardía de hacer ostentación de un repertorio de tacos y exabruptos que él mismo no se atreve a introducir en sus libros. ¿O es que se los escriben como al asqueroso Sánchez Dragó (el que se jacta de practicar la pederastia)?

Mal bicho debe de ser este periodista de sucesos enchufado a la RAE por algún interés mediático. Desde que le dieron la letra de las narices, Pérez-Reverte aspira a convertirse en el progre más gilipollas del escaparate intelectual, con permiso de su siamés, don Juan Manuel de Prada, que hace lo mismo, pero desde el lateral derecho.

Que no se equivoque la Ministra de Cultura; lo de menos es que critique a Moratinos. Lo grave son las formas: una patada en la boca de todos sus aduladores y a su propio ejercicio literario y periodístico.

Cómo no ser Unamuno

No sé qué ocurre con las biografías, pero no suelen satisfacer a nadie. A los muertos está feo dedicarles un libro a no ser que se les ensalce; si el homenajeado vive, el asunto se complica. En este caso, en la obra del matrimonio Rabaté sobre Unamuno, la dificultad aumenta porque se está retratando a un pensador y escritor inmortal.

Es cierto que sobre el legado intelectual del bilbaíno se ha escrito demasiado y, tal vez, con demasiada pasión porque para escribir sobre don Miguel hay que conocerlo, y si se le llega a conocer se le admira o se le odia. Si acaso, el interés de Miguel de Unamuno. Biografía (Taurus) reside en traspasar el muro que separa al genio de la persona.

¿Qué tenía Miguel de Unamuno de característico como ser humano? A esta pregunta el libro parece acercarse en diferentes pasajes, pero al final, siempre se impone la aproximación a su obra intelectual y a ciertas vicisitudes de su carrera de ascenso al rectorado, destierro y posterior regreso a su ciudad de adopción, titubeo con el fascismo incluido.

De las intimidades del hombre poco sabremos cuando terminemos con la lectura de este voluminoso libro. En cualquier caso, las citas del autor y algunas anécdotas bien narradas y mejor documentadas hacen que el recorrido cronológico se haga ameno incluso para los que conocen poco a Miguel de Unamuno.

Sin embargo, a pesar del valioso ejercicio documental, uno acaba echando de menos entender a la persona que se oculta tras el mito. Quizá porque, a Unamuno, como autor, es imposible conocerlo del todo.

lunes, 25 de octubre de 2010

Plan Bolonia

Lejos de querer exagerar y unirme a la crítica unánime de todo lo nuevo -con más motivo cuando es impopular- tengo que decir que año y medio después de la puesta en marcha del Plan Bolonia, aquí y ahora, esto es, en el edificio viejo de la Universidad de Barcelona, en el Grado de Filología hispánica, la amenaza boloñesa ha conseguido trastocar lo administrativo y no mejorar ni un ápice la calidad de la enseñanza.

Véase un profesor a un libro amarillento pegado, o en su defecto a una pila de tomos. También podría ser que la profesora viene con cuatro folios de apuntes. Es igual. Incluso si llega con ínfulas de enchufar un Power Point didáctico y esclarecedor, la clase es la misma.

El docente se aúpa en su peana, se sienta en la vieja silla y habla y lee, se recoloca las gafas, vuelve a leer y vuelve a hablar. El alumno que quiere levantar la mano, se tiene que esperar a que el discurso circular del profesor agote los neumáticos de la paciencia del alumnado, o la garganta del orador, lo que pase antes.

Algunos toman apuntes; otros abandonan el barco en silencio; algunos aprovechan que llevan un miniordenador para dedicarse a otros menesteres. Al profesor, viejo o nuevo, mujer u hombre, no le preocupa.

Sabe que al final sus discípulos acudirán a formar filas ante su mesa y así será. Supongo que esa escena, no por repetida, debe originar un bienestar ensoñador en una mente que ya hace tiempo dejó Bolonia de camino a las merecidas vacaciones en Tailandia.