Cada vez que voy al cine a ciegas me estrello, lo he de confesar, pero por fortuna lo realmente complicado es entrar virgen a una sala de cine (para ver la crítica de Mr. Holmes baja hasta la mitad del artículo). Cuando no conoces la obra anterior del realizador, te suena el productor y, aunque la participación de los actores no tendría que ser indicador de nada, sí que lo son sus últimas películas, normalmente escogidas mediante un agente determinado y, se entiende, siguiendo un criterio. Otras veces, el cartel de la película, ya de por sí engañoso, viene adornado con los medallones de no sé cuántos festivales, de los que en realidad sólo deberías fiarte de dos o tres, ninguno español, por desgracia. En fin, las pocas veces que me decanto por una película totalmente desconocida me suelo llevar un chasco.
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