martes, 30 de noviembre de 2010

La ansiedad duele

No fue hasta la primera crisis de ansiedad (ataque de pánico o como se le quiera llamar) que le tomé respeto a esta enfermedad. Hasta entonces era uno más de los temas que veía reflejados de forma superficial en las revistas que compraba mi madre. Sin embargo, se trata de un trastorno muy cabrón y que afecta a mucha más gente de la que crees.

En primer lugar, te puede asaltar en cualquier momento. O sea, que la ansiedad es traicionera.

Además, puede que nadie lo note aparte de ti. Por lo tanto, tendrás que conformarte con la comprensión del médico de cabecera y cuatro personas más.

Para colmo, viene y va cuando quiere, pero sólo desaparece tras muchísimo tiempo de tratamientos de todo tipo, tanto psicológicos como psiquiátricos.

¿Causas? Predisposición genética, estrés continuado, falta de ejercicio, mala alimentación y, sobre todo, tu punto de vista sobre la vida.

Los pesimistas lo tenemos mal. Los dubitativos también. Sólo se libran de la ansiedad las personas que se multiplican para ir al gimnasio, se autorrealizan con miles de actividades complementarias al trabajo, y van con el viento a favor por la vida tal y como está montada (ascender en una profesión, formalizar socialmente tu situación y seguir creciendo en el sentido capitalista: comprar, desear más y, en la vejez, tener mucho dinero amasado para los hijos).

Hay una especie de ser humano que me molesta muchísimo que es el "echao palante". Ésos que suben de categoría como la espuma, que se codean con los jefes de personal y que finalmente se convierten en uno de ellos... Los mismos que luego aplican sin escrúpulos la ley de la selva, mientras se basan en la letra pequeña de otra ley, la de la relatividad, para asegurarte que todo vale, que te está dando la patada por tu bien, aunque no lo sepas ver.

La ansiedad mal tratada deriva en depresión y lo peor de todo es que el sistema, tal y como está implantado en Occidente, no admite gente que no esté al cien por cien de sus facultades. Incluso los propios médicos desconfían de un paciente ansioso. Será que hoy se ha levantado obsesivo compulsivo o paranoíco. Será lo que el doctor quiera.

Hay solución y esperanza, pero eso lo trataré otro día. Por ejemplo, un día que lo visualice. Hoy no.

lunes, 29 de noviembre de 2010

La crisis y el miedo, claves en la debacle de la izquierda catalana

Tras los resultados de las elecciones catalanas, habrás leído o escuchado análisis mucho más cualificados que el mío. Si bien es cierto, que los intereses de los grupos mediáticos siempre van ligados a algún partido, o contra alguna fuerza política. Y esta circunstancia no se da en mi caso.

Lo primero que se me ocurre, sin entrar en profundidad, es que Catalunya ha dado un giro brusco a la derecha porque la labor del tripartito no ha convencido al electorado. José Montilla ha tenido la dignidad de anunciar su retirada de la primera línea política. De momento, Joan Puigcercós no va a seguir su ejemplo.

Ya se vaticinaba la caída de ERC, pero la estrategia del partido de cara a los comicios ha acentuado el fracaso. Las formas de Puigcercós, heredero del personalismo político de Carod-Rovira, no han tenido el tirón que sólo él se esperaba. Además, su apuesta bravucona (somos valientes, decía uno de los eslóganes) y radical por la independencia ha llegado en el peor de los momentos, justo cuando la gente está angustiada por la economía y el paro.

Sin embargo, Puigcercós no sólo ha agravado la situación de su partido sino que ha conseguido movilizar el voto de los otros catalanes, los que se sienten fuera del sistema basado en la autodeterminación y la utilización de la cultura autóctona como espada y escudo al mismo tiempo.

Así se entiende el éxito de una Alicia Sánchez-Camacho que no ha dado pie con bola. La estrategia vía Madrid de hacer leña del árbol caído entre los catalanes que se consideran desplazados (no hablan catalán, apenas tienen para llegar a fin de mes y se sienten amenazados por los inmigrantes) ha triunfado. Es el voto del miedo, pero también el de la constatación de que el tripartito, sobre todo ERC, ha conseguido crear dos Catalunyas en el Estado de las dos Españas.

Artur Mas, por su parte, ha sabido jugar sus cartas y se ha limitado a contenerse ante los pulsos de unos y otros. La gente lo toma por un hombre de estado, un político de la vieja escuela, con honor. Luego hará y dirá lo que todos esperamos de él: abrocharse el cinturón, consolidar una mayor autonomía económica para Catalunya, etc. Eso sí, sin descolgarse del poder español, que reside en Madrid. ¿Servilismo interesado? Tal vez.

Claro que todas estas conclusiones, resumidas para no aburrirte, oh paciente lector, podrían irse al traste si introducimos dos variables:

La primera, que una participación del 59 por ciento, por mucho que todos extiendan la patraña de que es una proporción positiva, no representa los deseos del pueblo. Aunque, nadie se puede apuntar este tanto. Y menos el tripartito.

La segunda, que quizá todo lo que acabo de escribir y otros análisis similares que te llegarán por todas partes no sirvan absolutamente para nada. Cabe la posibilidad de que el electorado que se interesa por Catalunya se haya decantado por CIU, pero también es posible que gran parte de los votantes hayan mostrado su furia por la crisis en la que está sumida España y hayan castigado a Montilla y compañía como si fuesen Zapatero y su comparsa.

Esta última valoración significaría que la gente no sabe votar, o no le interesa. También implicaría que los catalanes culpan a Zapatero de haber gestionado mal la crisis. En cuanto al PSC, a pesar de los desmarques de última hora de José Montilla, la sombra del PSOE es muy alargada, pero no tanto para dejar en la penumbra los hilos del gran titiritero instalado en la calle Ferraz de Madrid.

Sobre Ciutadans no hablo. Me parece una farsa de un tipo (Rivera) muy hábil. A ICV su escaso papel en el Govern le ha dañado seriamente. Si en su partido prefieren interpretarlo como la inercia de la caída de Izquierda Unida, y de toda la izquierda en general, creo que se equivocan. Joan Herrera ha transmitido algo muy distinto a lo que nos suelen decir Gaspar Llamazares y Cayo Lara: soluciones pragmáticas, desde la solidaridad y la conciencia de clase baja y media, sin demagogia del siglo XIX.

Nos guste o no, Artur Mas ya ha ganado las elecciones tres veces. Justo es que, por fin, le toque gobernar. Es lo que los catalanes han querido y se debe respetar. Pienso de todas formas que Puigcercós ha destrozado la baraja, que el PSC no ha sabido administrar su ventaja con tantos años en el poder, y que Rajoy (o Sánchez-Camacho) han jugado sucio hurgando en los más bajos instintos de las clases sociales más necesitadas.

De lo que no cabe duda es de que la brecha de la sociedad catalana está abierta. Ahora depende de los movimientos de los partidos volver a consensuar temas tan importantes y tan de sentido común como la necesidad de cuidar la lengua y cultura propias, que a la vista de las votaciones, ha quedado en entredicho.

Desde luego, los deseos de independencia de los catalanes quedan más cerca de los sueños de algunos políticos que de la realidad. Así que tendrán que pasar muchos años hasta que vuelva otro Carod Rovira a prender una antorcha que se ha quedado a casi nada de extinguirse.

Por otra parte, las declaraciones de Alicia Sánchez-Camacho nada más conocerse los resultados definitivos no deja lugar a dudas de la inutilidad de su voto para los que creen en el futuro de Catalunya. Sencillamente, hizo la lectura que algunos sospechábamos: ésta es una victoria del PP en su conjunto y el próximo paso es hacerse con el gobierno español. ¿Y qué tiene eso que ver con el pueblo catalán? Algo, desde luego, porque a día de hoy son también ciudadanos españoles, pero ¿sabía su electorado que votaba a Rajoy en lugar de a Alicia?

Lo del partido de Joan Laporta me parece muy extraño. Por más que se le ha hecho el vacío en prensa, radio y televisión han superado a Ciutadans. Tiene mérito lo de su partido, aunque desconfío del criterio de quienes lo han votado. ¿Pero quién soy yo? Uno que opina. Sólo eso.

Por fortuna, lo de Anglada ha quedado en una peligrosa anécdota que en algunas comarcas ha conseguido un cinco por ciento de los votos. ¿Para cuándo una ley que prohíba la exaltación de la xenofobia? Si se legisló a la carta para taponar la salida política de ETA, ¿no se debería legislar para impedir que partidos neofascistas suban al poder?

España está por hacer y Catalunya se ha quebrado en dos.

Ver post anterior sobre las elecciones catalanas.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Si te crees muy inteligente, atrévete con un test de cultura general

Siempre he tenido interés por saber qué preguntan en los test de cultura general. Sobre todo porque muchas pruebas y oposiciones los incluyen como requisito. Ayer en la biblioteca ojeé un voluminoso tomo con decenas y decenas de preguntas.

Después de ojearlo, me ha picado la curiosidad y he intentado responder a algunas preguntas de los diferentes bloques. Mi sorpresa ha sido mayúscula: soy mucho más inculto de lo que pensaba y, algo todavía más grave, ¿cómo se apaña la gente para aprobar esos exámenes?

Después del salto citaré algunos ejemplos. Si alguno de los lectores se sabe la mitad de las respuestas, entonces, bravo por los compiladores de preguntas y un cero para mí.

Empezamos por la Historia. Al azar surgen preguntas como: ¿dónde está la Cueva de la Menga? En otra página nos instan a identificar un “bello ejemplar de vaso campaniforme”, y más adelante, la gran cuestión, ¿qué son los hipogeos? Una de las más fáciles es cómo se llamó el último sha de Persa y, por citar una de las imposibles, os reto a que digáis qué demonios es un/una Nínive, pero sin utilizar Internet ni enciclopedias de ningún tipo.
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Desanimado, me he pasado a la literatura, pero la tranquilidad me ha durado poco. Empiezan hablando de los apálogos y continúan preguntando desde qué siglo a qué siglo se escribió el Antiguo Testamento. Para no salirnos de la religión, una que ni Octavio Aceves: qué “famoso personaje colaboró con Cisneros en la Biblia complutense”·. De más actualidad son preguntas como “la obra más conocida de Camus es” (pura objetividad), y otras más sencillas nos interrogan por el autor de “las moscas”.

También nos preguntan por dos buenos poetas vascos fallecidos actualmente y que escriben en castellano (¿podría ser usted un poco más explícito?). Además, hay que saber qué poeta canta la figura de Don Juan de Austria, por no hablar de referencias a La Farsalia o Las etimologías, de San Isidro. Vamos, todo lo que un catedrático de literatura de todas las especialidades debería saber... y no sabe porque ya está en los manuales.

Desde luego, el tomo de las santas narices aprieta y ahoga. Se supone que en la sección de Geografía hay que saber si la meseta castellana es más alta que la de Bolivia y, como muestra de la seriedad de la propuesta nos interrogan por el país que edita más números de prensa diaria. No menos importante debe parecerle al editor si es la URSS (disuelta siete años antes de la edición) o Canadá el país que recoge más madera, y, para colmo, luego cuelan una pregunta similar sobre el caucho. Para compensar, te retan a saber qué es un afelio.

Ni la Historia del arte se libra de la arbitrariedad de las cuestiones. Sólo un ejemplo, durante varias páginas el libro se ceba con la ubicación de un extenso catálogo de castillos, a saber, Turégano, Niebla, Oropesa, Escalona, etc., etc.

Pues seré un inculto, pero a mí ese tipo de exámenes me parecen de una memez tremenda. Propongo volver a incluir en los temarios de la ESO la lista de los reyes godos o replantear estas pruebas para que realmente implanten en las cabezas despejadas eso tan etéreo que es la cultura general.

Fuente: edición de 1998 de un texto al que no pienso hacer propaganda.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Cuentos de miedo buscan título

Algunos ya saben que llevo un tiempo dándole vueltas a unos cuentos de terror. Los he rescrito en dos ocasiones y voy a por la tercera. Por razones de espacio y de higiene intelectual no puedo publicarlos todos ni aquí ni en ninguna otra plataforma.

Sin embargo, sí que puedo plantearos el principio de uno de los cuentos. Se titula Mortal y persa. Os tenéis que imaginar el final. Y si queréis entrar en el juego os pediré sólo dos cosas:

-Sugeridme un título para una colección de 15 cuentos (y medio) en los que no salen zombis ni nada por el estilo. ¿Qué tienen en común? Digamos que son miedos casi todos desplazados de mi infancia y adolescencia y aplicados a personajes más adultos. A mí me gustaría que fueran miedos universales en personajes individuales. Pero eso os lo dejo a vosotros. Retomo la petición: ¿Qué título le pondríais a la colección de cuentos?

-La segunda cosa que os voy a pedir es que me escribáis a la dirección de correo de mi perfil con vuestras sugerencias de todo tipo. Sobre todo si sabéis qué loco editor se atrevería con este material.

Sin más, después del salto, un pedazo de mi cuento Mortal y persa.

MORTAL Y PERSA

El gato persa se me echó encima. En cuanto abrí la puerta. Por instinto, lo rechacé con el antebrazo mientras me cubría la cara. Primero reaccioné inconscientemente, de puro miedo; luego, me lo quité de encima por mi alergia a los felinos. En cualquier caso, al gato no le hizo gracia y se puso a maullar con insistencia, pero no me atacó; se limitó a sentarse en la silla. Su lugar favorito, supuse, pues estaba lleno de pelos. Muchos pelos.

Mi primer día como cuidadora social y no tuvo otra ocurrencia el compañero que debía guiarme que pedirse el día libre. Tal y como estaba mi situación económica, aquel trabajo tenía que durarme. Así que arranqué el motor del coche destartalado del ayuntamiento y me puse en marcha hacia la casa de campo, a pesar de que no había conducido en casi diez años. Tampoco me desenvolvía demasiado bien en la zona rural donde vivía Atanasio. Era nueva en el pueblo y apenas me manejaba por las calles comerciales del centro. El campo, como los lugareños llamaban a todo lo que no estaba asfaltado, era otro mundo incluso para los vecinos de Villajoyosa. ¡Y yo que pensaba que esto sólo pasaba en la Galicia de la que huí! Mientras trataba de encajar el coche por el camino de tierra, la situación del hombre al que iba a cuidar me hizo pensar en mi propias circunstancias.

El cambio de aires que todo mi entorno me aconsejó. La corazonada de que mi lugar podría estar junto al soleado mediterráneo. Todo mi catálogo de buenos propósitos se fue por la chimenea de mi casa en el pazo, lejos de cualquier sitio.

Atanasio vivía en un lugar remoto. Solo. Le habían diagnosticado un cáncer y, para colmo, su mujer, con sus sesenta años a cuestas, lo había abandonado. Ella y la única hija del matrimonio. Con ese panorama, lo raro es que me sintiese cómoda al volante.

Debieron de ser los nubarrones, el húmedo frío o la noche sin dormir, pero cuando me interné por aquella senda apta sólo para patrullas rurales, regresé sin querer a Galicia. Mejor dicho, a mi nefasto recuerdo del pazo gallego que me vio nacer.

Por más que intentara centrarme en el camino, me asaltaban los recuerdos de la noche en que murieron mi marido Javier y mi hijo Javi, asesinados por un par de ladrones sanguinarios. La misma noche en que, una hora antes, había recibido la llamada angustiada de mi tía Aurora, que vivía en la otra punta del pazo. La noche en la que toqué a su puerta varias veces bajo la atenta mirada de su gato persa, sentado en la mecedora, y en la que me acordé de que mi tía Aurora estaba en Madrid en casa de su hija. Me lo había dicho un día antes, pero yo no me acordaba.

Y el gato parecía feliz, y yo conduje de vuelta a casa asustada por mi falta de memoria, pinché una rueda y no supe cambiarla, por lo que a duras penas llegué a casa dos horas más tarde. Cuando bajé del coche, toda mi vida se había ido a la deriva (continúa).

jueves, 25 de noviembre de 2010

Elogio a Dinamarca

Dinamarca es un país que conozco bien y que tengo en mucha estima, porque además de ser un ejemplo de nación acogedora y civilizada, me unen a ella lazos culturales e incluso de sangre.

Qué destacar de los daneses que no sepamos todos... Son trabajadores, cordiales y saben pasárselo bien cuando es el momento. Es decir, saben ser y estar en cada momento. Esto no lo pueden decir todos los europeos.

¿Y sus gentes? Ellas y ellos igualan en altura y belleza a cualquier ciudadano del mundo. De acuerdo: el canon estético actual les sopla de de cara, pero ¿en alguna época alguien habló de la endeblez física de los daneses? Al contrario. Por citar épocas recientes, remontaron las curvas y las permanentes de los ochenta y han superado el período de auge y esplendor del falso bronceado y lo latino impostado.

Además, por seguir con los placeres de la carne, ¿quién no ha soñado con los suculentos platos daneses, sus cervezas tibias y la conjunción de lo natural y lo urbano? Por no hablar de su contacto con el mar y los barrios bohemios, siempre con medio pie en la vieja Europa y el otro medio en la callada, pero susurrante, Escandinavia.

En fin, para qué voy a seguir mintiendo: no tengo ni puñetera idea de lo que ocurre en Dinamarca. Nunca he estado allí. No he conocido en mi vida a un danés o danesa. Por tanto, eeconozco mi ignorancia total en cuanto a sus problemas, sus virtudes y sus defectos. Sin embargo, este artículo viene obligado por las circunstancias. Lo explico: en las estadísticas del blog aparecen cada día cinco usuarios fieles que se conectan desde Dinamarca. ¿Y a qué se debe este misterio?

Todo son preguntas. ¿Españoles nostálgicos del humor casposo? ¿Daneses que tratan de aprender español (con el mejor de los métodos: detectando errores en textos como los míos, plagados de faltas y sobrados de ausencias)? Me temo que la fantasía me haya vuelto a secuestrar y que todo se deba a algún motivo más pragmático, por ejemplo, que el servidor de Internet que utilizan algunos de mis amigos y familiares (los únicos que me leen) pase por Dinamarca porque a la compañía trillonaria le resulta más barato así, pero eso ya no es materia de ensueño. Por tanto, ahora no me interesa pensar que sucede algo tan horropilante.

Lo que queda claro, y lo digo en serio, es que en cuanto salga del bache económico, tendré que visitar Dinamarca, o al menos Copenhague, para superar el tópico, es decir, que allí vive una sirenita inmóvil y que los daneses gozan de un nivel de vida muy superior al nuestro. Así que amigos daneses(pensemos ahora que de verdad comparto mis divagaciones con la gente de Dinamarca), nos vemos por vuestro país cuando "low cost" signifique "barato" y mi sueldo se corresponda con el empeño y preparación que, modestia aparte, aporto.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

18 comidas, una película para comérsela

Un reparto coral, seis minihistorias que se cruzan por la ciudad de Santiago y alrededores, y la improvisación en las secuencias como aliciente extra. Esto es lo que ofrece, a priori, uno de esos films que pasan de puntillas por las salas, pero que merecen ser revisadas, disfrutadas y elogiadas.

Como todas las películas compuestas a partir de pequeños retazos de vida, los personajes se funden con el todo, que en este caso es la certeza de que en este mundo se ríe y se llora y, cuando no ocurre ni una cosa ni la otra, se vive en un “standby” rutinario, como la lluvia que riega Galicia.

Lo mejor de este film, que probablemente ya haya desaparecido de las carteleras (por eso habrá que rescatarla en DVD), es que te sientes partícipe de las alegrías y de las decepciones de los personajes. Sólo hay un momento de moralina en todo el metraje, que no voy a desvelar. Pero eso es un milagro en el cine actual. Cualquier peliculucha de tres al cuarto se empeña en darnos lecciones, casi todas reaccionarias.

Jorge Coira, el director, consigue trasladar la atmósfera de la Galicia actual a una pantalla y lo hace a partir de personajes con alma. Claro está que la labor de casting, inmejorable, también ayuda lo suyo. Entre el elenco, Luis Tosar, el mejor actor español de su generación, y una retahila interminable de artistas en estado de gracia entre los que destaca una sorprendente (para un servidor) Esperanza Pedreño y un dúo cómico del que deberían preparar ya un spin-off en forma de serie.

Son 18 comidas, 6 historias en torno al desayuno, comida y cena, que te reconcilian con el cine cocinado a fuego lento, con cariño. Lo de los diálogos improvisados (90 horas de rodaje, con un guión previo, pero libertad para los actores) es el gancho para los cinéfilos, pero el espectador de a pie notará los parlamentos tan provistos de sentimiento que ni se dará cuenta. Y éste es uno de sus ingredientes estrella. Por no hablar de la cuidada mezcla entre humor y drama, siempre en su justa medida.

Tan buena es la película que hasta Sergio Peris-Mencheta me acaba cayendo bien en un papel en el que no me lo habría imaginado ni harto de orujo.

Ojo también a la original web de 18 comidas. Si después de ver esta película crees que el cine español lo tiene perdido, a lo mejor hay que producir más películas gallegas.

Yo sigo apostando por mirar con mil ojos a quién se le dan las ayudas. Bravo por los que apostaron por 18 comidas y un suspenso para los que hicieron posible el desastre de la mayoría de los últimos estrenos españoles (a todo esto, mucho más caros y publicitados que 18 comidas).

martes, 23 de noviembre de 2010

Primer permiso de top-manting en el Valle de los Caídos (nonoticia)

Al parecer, el inmigrante ilegal se cansó de recorrer las ciudades de España con discos y DVD piratas de Bisbal, Hannah Montana y compañía. En un momento, según el protagonista de esta historia, “de bajón que te cagas”, el senegalés Mamadou Martínez se enteró por la radio de que el Gobierno había echado el cerrojo al Valle de los Caídos.

Como no vendía ni una puñetera copia, decidió comprar varios discos y películas de saldo con la idea de hacer negocio en el Valle de los Caídos. Tuvo que hacer autoestop para llegar, porque se había quedado sin un céntimo. Una vez allí, se instaló en la explanada frente a la basílica cargado películas de cine de barrio y discos folclóricos.

Tal y como Mamadou había supuesto, los españoles salieron de sus cavernas y empezaron a peregrinar en masa hacia el monumento franquista. El senegalés lo vio claro desde el principio: “En cuanto a un español le prohíben algo, lo hace aunque no le guste. Y si son fachas, con más motivo. Éstos siempre están cabreados (risas)”.

Las fuerzas de seguridad del Estado se presentaron frente a la manta de Mamadou al tercer día y, cuando procedieron a su detención, un guardia civil, cojo de nacimiento, propinó una patada a los discos de Mamadou. Primero con una pierna. Luego, con la otra. Sus compañeros estaban dispuestos a apalear al senegalés ante una multitud expectante. Sin embargo, de pronto, el guardia civil, que había recuperado la movilidad en su pierna derecha, se dirigió hacia sus compañeros gritando que había ocurrido un milagro.

Uno por uno, los agentes de la benemérita se convencieron del espectacular cambio. Enseguida, la muchedumbre se contagió de la euforia del guardia civil y llevaron en hombros a Mamadou ante el abad, que le permitió dormir en la sacristía.

Al día siguiente, acudió mucha más gente al Valle de los Caídos. Casi un tercio de los cinco mil visitantes acudieron a aclamar al senegalés. La presencia de tanto público y, sobre todo, de las cámaras de televisión impidió el arresto de Mamadou, y el abad hizo el resto al convertirlo al catolicismo. No se quedó de ahí. Al final de la solemne misa pidió públicamente que dieran de alta en la seguridad social al senegalés que, además, tenía sangre española, no era negro del todo, y se sabía el padre nuestro (el antiguo).

Tras los resultados de una encuesta desfavorable al PSOE, el Ministro de trabajo aseguró en la SER que daría carta de legalidad a la profesión del senegalés, siempre que pirateara productos de RTVE que, recalcó, “no necesita ninguna fórmula para autofinanciarse. Puede con todo”.

Así, casi sin quererlo, Mamadou Martínez se convirtió en el primer trabajador del ramo top-manting. De momento, esta maniobra ha servido al PSOE para seguir cerrando la basílica del Valle de los Caídos con el objetivo secreto de cambiar el cadáver de Franco por el de Pablo Iglesias. Aunque se trata de un rumor, al parecer las dos familias estarían de acuerdo con el trueque. Incluso se habla de una alternancia de féretros con períodos de 10 años.

Ahora es la RAE la que amenaza con cerrar sus puertas si se acuñan términos como top-manting. Su propuesta de denominar a la ocupación de estraperlo africano y de estraperlista mantero han sido recibidas por sorna por el portavoz del Gobierno. Ante la pregunta de un periodista por el plantón de la RAE, el propio portavoz ha declarado: “Si quieren cerrar, que cierren. Total, allí no va nadie”.

Cachondeo News

sábado, 20 de noviembre de 2010

La cuestión agonizante en la España actual (un borrador)

Se supone que la globalización es ya un hecho. Algunos le encuentran sólo virtudes; otros sólo defectos. Muy pocos vislumbran el principal problema: la globalización no deja lugar a alternativas.

Ya ocurrió antes en el mundo occidental con la conversión masiva -y forzosa- al cristianismo de centenares de miles de personas. Ignoro cómo actuaron otras religiones para captar fieles, pero aviso: no creo en milagros.

Digamos que la globalización tiene algunas ventajas con respecto a la imposición de una doctrina religiosa. Sin embargo, dudo de que estas ventajas presenten alguna diferencia a largo plazo con respecto a la conversión forzosa.

Si en siglos anteriores, se perseguía a los infieles hasta matarlos, expulsarlos o convertirlos; ahora todos nacemos ya con el logotipo de las marcas que consumiremos impreso en el ADN. La globalización entra silenciosa en la sala de partos, que es como todas las salas de partos del mundo occidental, y los aparatos y las medicinas pertenencen a las mismas marcas y a los mismos patrones, y los médicos llevan el mismo corte de pelo y hablan de las mismas series de televisión, de los mismos destinos de vacaciones en los mismos meses y todo lo que engloba al nacimiento de una nueva vida lo protege con unos valores que, de tan universales, ya nadie sabe de dónde proceden.

Sin duda, las teorías macroeconómicas han ayudado a generar en la sociedad una sensación paradójica, muy parecida a la que debieron de sentir los primitivos religiosos. El dios del dinero no tiene rostro ni nombre y comete muchas injusticias. Sin embargo, no podemos renunciar a él. O eso creemos.

En particular, yo creo que necesitaremos un par de siglos o una tercera guerra mundial para librarnos de esta religión pagana.

El caso es que parece que las cosas suceden porque sí, pero con un propósito oculto que sí que existe pero que la mayoría de las personas no podemos distinguir por pura incapacidad.
A este pensamiento han ayudado otras teorías mal digeridas como la del caos, el efecto mariposa y todas estas explicaciones seudomatemáticas que vienen a sugerir que todo ocurre por algún motivo. Lo que ocurre es que descifrarlo es casi imposible.

Sin embargo, la realidad es mucho más prosaica que el lirismo que desprende este liberalismo matemático y casi arcano. Cuando nos alertan de una inminente crisis económica global, yo no creo que una mariposa haya despertado una alergia en un inversor de Japón y éste haya dejado de comprar o vender sus acciones y aquello haya arrastrado a las bolsas de todo el mundo.
Ni tan siquiera me trago que la economía mundial dependa de algo tan futil y obsceno como los parqués donde los especuladores apuestan a los caballos.

En cualquier caso, retomo lo anterior: si la economía falla, es que por lo menos una persona con responsabilidad sobre el dinero de otros ha fallado. La economía liberal puede basarse en principios naturalistas como la estupidez de que todo tiende al equlibrio. Mentira. Cuando decenas de niños mueren de hambre en un país africano junto a sus padres decapitados, no hay equilibrio que valga. Las posibilidades de que esto mismo le pase a una familia suiza deben de ser más de un millón de veces menor. Pero esto sería jugar con las estadísticas, que es la demagogia de siempre, sólo que en forma de números, que parece que mienten menos.

Aquí, en este país, la popular “crisis económica” se acuñó mucho después de que explotara. Es decir, que si es verdad que estalló una tormenta mundial, en España los rayos caían de punta desde hacía mucho tiempo. Fue cambiar al euro y la vida se encareció, ya que los salarios se quedaron muy por debajo. Es decir, la gente que cobraba cien mil pesetas pasó a cobrar al mes siguiente 600 euros, pero lo peor del caso es que el precio de la barra de pan pasó de 50 pesetas a 50 céntimos de euro. Todos sabemos qué supuso ese cambio desproporcionado en los coches, las viviendas, etc.

Pasó el tiempo y nuestros políticos se aprovecharon de que todo parecía ir viento en popa para potenciar una burbuja inmobiliaria que sólo podía beneficiar a los bancos, con casi todo el mundo endeudado hasta las cejas. Nadie hizo nada para detenerla. Explotó cuando ya no quedaba suficiente gente a la que endeudar y cuando el suelo y los materiales de obra se habían subido a la estratosfera.
En países como España, donde la industria anda siempre de capa caída, la agricultura es deficitaria y se vive prácticamente de la construcción y de un turismo enfocado a las clases bajas de los países más ricos, las consecuencias se hicieron notar enseguida.

Empezó a subir el paro. Cuando oficialmente nos habíamos “contagiado” (como si se tratara de un virus) de la crisis mundial, ya había unos índices brutales de desempleo. ¿A qué se dedicaban mientras los ministros de economía? O fueron incapaces de preveer las consecuencias de sus políticas o mintieron como bellacos.

Los grandes líderes mundiales, que son una decena y poco más, pusieron el grito en el cielo: el capitalismo ya no es la panacea. Sin embargo, el señor Bush, bien aconsejado por los que de verdad gobiernan, gobernaban y gobernarán su nación (y el mundo), dijo que no pasaba nada, que si el sistema (hay que ser maligno para culpar de los errores humanos a una palabra abstracta) había quebrado, la obligación de todo mandatario responsable (y capitalista) era sufragar con el dinero público a los bancos.

El propio Obama firmó el documento. Una cifra escandalosa de miles y miles de millones de dólares.

La Unión Europea hizo lo propio y, por su cuenta, cada país actuó de igual manera: millones de euros a bancos y gobiernos corruptos.

Lo que no tiene precio es la cara de idiota del ciudadano cuando poco a poco salieron los datos de los resultados económicos de las entidades bancarias, principales beneficiadas de la inyección de dinero de todos. Algunas incluso habían superado los datos de años anteriores.

La injusticia es flagrante: si yo llevo a la quiebra a mi empresa, recae sobre mí todo el peso de la ley. No obstante, si los directivos bancarios o gestores políticos de turno emplean mal el dinero de la ciudadanía, lo desvían o se lo meriendan, el Estado (nosotros) les damos más dinero para que continúen así. Y lo más penoso es que la ciudadanía sólo se siente atacada cuando se entera de las primas, sueldazos y pensiones de los directivos. Lo consideran injusto. ¿Y no es injusto que tengamos que vivir a golpe de martillo pilón mientras otros juegan a los dados con nuestro futuro y le echan la culpa a la macroeconomía, al sistema, a la coyuntura y a los ciclos naturales?

En España ha llovido mucho desde el final de la transición, que yo sitúo en el intento de golpe de estado de Tejero en 1981, y hemos tenido gobiernos de izquierda, de derechas y de centro izquierda, con o sin mayoría absoluta.

Porque la situación no ha cambiado en todos estos años, porque el verdadero cambio necesita unos timoneles que no navegan en ningún partido político, mi propuesta es el voto en blanco.
Voy más lejos aún: propongo también que, siempre desde el ejercicio de la libertad de conciencia de cada uno, se deposite lo mínimo en los bancos, se consuma lo mínimo y se trabaje sólo lo necesario para vivir.

Las protestas de los neoliberales de pro caerán en saco roto. Podrán patalear cuanto quieran. No dudarán en insultar a quien tome estas decisiones. Pero no debemos olvidar, que cuando ellos hablan de la ruina de la economía, en realidad se refieren al ocaso de su situación de privilegio.

Queremos una vivienda digna, como la de nuestros padres y abuelos. Queremos llegar a fin de mes. Queremos una educación de calidad. Queremos una cobertura sanitaria en condiciones.

Si el progreso significa trabajar de ocho a ocho cada día; comprar el último I-Pod; viajar una vez al año a un resort en Tailandia o Cancún; pagar alquileres desproporcionados o hipotecas insufribles; descuidar nuestra cultura y la educación de nuestros hijos, etc.; entonces yo no veo el progreso por ninguna parte.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Dar ejemplo en tiempos de crisis

A dos semanas escasas de las elecciones catalanas, los ciudadanos queremos saber cuánto dinero se van a gastar los partidos políticos en sus campañas.

Y no sólo en Catalunya ni en este momento, sino en los procesos electorales que vengan, haya crisis o no. Y a algunos no nos vale la excusa de que los partidos reciben financión privada. ¡Y un carajo! Sólo los bancos tienen la llave de la caja fuerte del dinero y todo el mundo sabe que sus gestores son responsables en gran medida de la crisis.

Además, ¿qué valores transmite la publicidad electoral? Sólo hay que echar una ojeada al videojuego del PP catalán en el que una tal Alicia Croft se carga inmigrantes sin papeles. ¿Tenemos que pagar también esa porquería?

No hace falta ir tan lejos. Bastante suplicio implica encontrarse la calle llena de carteles horribles o escuchar a todo momento valentonadas exclamadas a ritmo de mitin.

Creo que tenemos que pedir las cuentas claras de la publicidad electoral antes de que arranquen las campañas, antes y después. Y poner límites. Que le echen imaginación. Porque si empiezan metiendo el brazo en la hucha del pueblo, ¿qué harán cuando entren en la caja fuerte?

jueves, 18 de noviembre de 2010

Es duro sobrevivir a nuestros fantasmas

Al menos es lo que sucede a mi alrededor. Tengo la sensación de que paso más tiempo con los muertos que con los vivos. Al principio, los difuntos que calaban en mí eran personajes célebres. Hoy en día me sonrojo al pensar en la calidad humana de los muertos que contribuyeron a forjar mi forma de pensar, mi sentido de la ética y el de la estética.

Son seres que alguna vez consideré inmortales sin haberlo llegado a cavilar de ninguna manera, por supuesto. El grado de incredulidad ante sus muertes, tengo que reconocerlo, ha disminuido con el paso del tiempo. Recuerdo con estupor la muerte de Paquirri, que sucedió poco antes de que muriese mi primer ser querido, mi abuelo. A él le encantaban los toros. Y a los nueve años fui incapaz de encajar tanto un deceso como el otro. Suena increíble, ¿verdad?

Lo cierto es que a día de hoy son ya muchos los seres queridos que han abandonado esta vida y, sobre todo de mis abuelos, me acuerdo a cada instante. Pero voy a seguir hablando de esos otros muertos que me llegaron por la tele, la radio, el cine o los libros.


Con el paso de los años, fueron cayendo mitos que, por suerte, todavía no me habían influido lo suficiente como Billy Wilder. Recuerdo también con extrañeza las muertes de personajes que intuía importantes como Borges, pero que no llegaba a imaginarme su alcance. Lo mismo me ocurrió con John Lennon.

En realidad, y aunque pueda caer en el ridículo, en mi infancia me afectaban más las muertes de los personajes a los que se les daba más relieve en los telediarios, caso de Jomeini, por ejemplo. Eran seres que me habían acompañado desde siempre y que un buen día desaparecían del mapa. ¿Cómo puede entender ese antimilagro un niño?

La primera muerte que viví como una explosión fue, no podía ser de otra manera, durante mi adolescencia. Se fue Freddie Mercury y me costó encajar que nunca más saldría un disco interpretado y compuesto por él. Aunque, milagros del marketing, años después han seguido recogiendo restos y sacando material que no sé si un artista de su perfeccionismo habría soportado.

Con el paso del tiempo, a las pérdidas de familiares y amigos se han unido otras que han significado en mí un punto de retorno. Podría hablar de la extinción total de la Generación del 27, primero con Pepín Bello, y luego con Francisco de Ayala; o de las muertes de Paul Newman o José Luis López Vázquez. Todos estos nombres, y muchos más, pasan a engrosar las filas de un ejército de rostros en blanco y negro que me visitan de tanto en tanto.

Hace poco murió Miguel Delibes. Y de pronto todo el mundo habla de sus obras. Incluso he tenido que escuchar estupideces como que El camino es un libro anodino y perogrulladas como que Los santos inocentes es estupendo (seguro que sólo han visto la película).
El caso es que han tenido que pasar casi treinta y cinco años para descubrir que si llego a viejo tendré que abrirme paso en un mundo de caras nuevas con la constante presencia de los fantasmas del pasado.

Sin embargo, existen otro tipo de fantasmas, fruto del desencuentro o de la distancia, del olvido nunca, que son la encarnación en colores difusos de los seres que alguna vez han significado algo para mí y que ya no tengo cerca, pero viven, afortunadamente, en algún otro lugar. Esta pléyade de gestos, voces y miradas, a menudo mal representadas en alguna foto, también me acompaña allá donde voy. No siempre, claro. Pero siguen todos ellos un curioso orden a la hora de presentarse en turnos más o menos estacionales, más o menos caóticos. Habitan aquellas zonas, ahora lo entiendo, casi subliminales de mi memoria y se presentan de imprevisto para mis sentidos, pero con un verdadero motivo, que de momento no estoy en disposición de averiguar.

Vuelven algunos fantasmas en blanco y negro que todavía no son lo que serán y se me aparecen en forma de García Márquez, Paul Auster o Elvis Costello... ¿Cómo saldré adelante cuando ya no existan más que en el ejército de las sombras?

Quizá lo anterior sirva para distraerme del verdadero drama: seguir viviendo sin el cariño de la gente que te vio crecer.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Diseccionando a José Mourinho

José Mourinho se ha caracterizado, desde que gana títulos, por su falta de respeto a rivales y compañeros y por creerse por encima del bien y del mal para escupir a diestra y siniestra sin que nunca le llueva encima.

De vez en cuando, el buen hombre tiene un arranque aparentemente sincero y muestra algún gesto humano. De tarde en tarde incluso demuestra tener sentido del humor (signo imprescindible de la inteligencia).

Sin embargo, siempre habla y gesticula de forma controlada, como el actor que se sabe controlado por no una, sino muchas cámaras. Y, cuando al día siguiente, Mourinho vuelve a las andadas y, con su peor cara de perdonavidas, lanza un dardo envenenado a cualquier profesional del fútbol, entonces uno tiene dos opciones: considerar que es un ganador nato; es decir, que cuando se comporta como un cerdo es porque quiere provocar una reacción en enemigos o aliados; o la otra opción, que es una mala bestia siempre, incluso cuando interpreta el papel de simpático.

Un personaje de esta calaña, en circunstancias normales, sólo tendría detractores. En cambio, hay quien le procesa devoción. Le pasa a Mourinho como a los impresentables de la tele del corazón (la Estebán, el Matamoros, etc.). Tienen éxito, ergo hay que admirarlos. No importa que no tengan modales ni que hagan acopio de crueldad: son ganadores y no sólo se les perdona todo, sino que se les admira y, peor aún, se les comprende.

Esta moda en el show business (incluyendo el espectáculo del fútbol) tiene mucho peligro, porque se mezcla realidad y ficción, de modo que los ciudadanos de a pie podrían empezar a trasladar la tabla de valores (éxito o fracaso) de sus héroes mediáticos a unas vidas reales que, desde luego, lo último que necesitan es una mayor dosis de frívola injusticia.

Por eso, ni Mourinho ni Belén Esteban merecen tanto odio ni admiración. Son simples peones de un juego que acabará desbordándoles (y que espero no tener que jugar en la vida real). A don José le darán la patada en el trasero cuando su equipo no gane y a Belén Estebán, cuando la gente se canse de sus bufonadas. Dos caras de la misma moneda con algunas diferencias: de entrada, a Mourinho se le puede juzgar por los resultados futbolísticos. Belén Esteban, en cambio, carece de un baremo objetivo del trabajo que desempaña. Esto ocurre porque el entrenador ejerce dos profesiones al mismo tiempo: técnico de fútbol y payaso mediático. Belén Esteban, en cambio, sólo es payasa. En cualquier caso, ni todas las copas del mundo ni los mayores índices de audiencia de la historia de la televisión deberían justificar la cínica ostentación que estos personajes hacen de su bajo perfil humano.

lunes, 15 de noviembre de 2010

10 razones para no votar a 10 partidos políticos catalanes

Trataré de ser esquemático, porque teniendo en cuenta que apenas votará un 45 por ciento de los catalanes en edad de votar, no creo que este artículo despierte las pasiones de nadie. Sin embargo, dejaré de escribir durante 24 horas si alguien sale menos informado o de peor humor tras leerlo. Prometido.

Aunque no te lo creas, y a pesar del enfoque pesimista, yo quiero que votes, porque me da la sensación de que precisamente lo que ansían los grandes partidos es que nadie se acerque a las urnas. Lo que no sé es por qué. A lo mejor alguien me puede ayudar a entenderlo.

Mientras tanto, vamos ya a la lista de los 10 a los que no debes votar:

PSC: porque es mentira que sea un partido aparte del PSOE. Votar al PSC es dejar Catalunya en manos de Zapatero dos veces. Y Montilla... ¿qué es lo que ha hecho para ocupar el sillón?

CIU: porque Artus Mas no es trigo limpio. Es, de todos, el político más profesional. Por tanto, no esperes más que promesas incumplidas. Además, detrás de CIU está la iglesia y la repelente alta burguesía catalana.

PP catalán: porque su propuesta más conocida es la de expulsar a los gitanos rumanos de Badalona, con la que estaba cayendo en Francia con las medidas xenófobas de Zarkozy. Además, el PP detesta Catalunya.

ICV: porque, aunque Joan Herrera parece un tipo serio, las pocas consellerías que han ocupado en la era desastrosa del tripartido han sido una hecatombe. ¿Se puede ser más cafre que Saura al frente de Interior?

Esquerra Republicana (ERC): porque Joan Puigcercós va camino de convertirse en otro Artur Mas, un demagogo profesional. Aparte, en este partido se practica el canibalismo. Si se comen entre ellos, ¿què harán con los catalanes? Además, su principal obsesión y reclamo es la indepencia de Catalunya, algo que legalmente, a medio y largo plazo, es imposible. Antes tendría que caer la Unión Europea.

Ciutadans: porque Albert Rivera comanda un partido sin brújula. Sólo saben que van a defender el castellano (como si lo necesitara). El resto de consignas políticas son un popurrí de lo que la gente quiere oír.

Plataforma per Catalunya (el partido xenófobo de Anglada): porque Le Pen está pasado de moda (desde que Hitler se pegó el tiro), y éste es un mal imitador del facha francés.

El partido de Laporta (¿Democràcia Catalana? jajajaja): porque se nota a la lengua que sólo busca chupar del bote de las arcas públicas. Además, si este hombre consigue la independencia es capaz de vender Catalunya a Francia... o a Andorra.

El partido de Carmen de Mairena (se llame como se llame): ¿hace falta explicar los motivos?

Todos los partidos que incorporan falange a su nombre: porque estos partidos son una ofensa a las víctimas del franquismo. En un país normal, serían ilegales.

Y con éste son más de diez los partidos que recomiendo no votar. Por supuesto, siempre puedes perder el tiempo buscando otros diferentes que te llamarán la atención por llevar un toro muerto como emblema o una hoja de marihuana. Sí, es divertido... pero, ¿votamos para pasarlo bien?

A la vista de los comentarios, y a pesar de que pueda parecer lo contrario, quiero animar al electorado catalán no a que vote, sino a que reflexione. Tal vez la solución esté en escuchar propuestas de grupos pequeños y dar el castigo que se merecen los megapartidos y toda la parafernalia de partidos mediáticos, que buscan burlarse del catalán expandiendo la frivolidad a lo Cicciolina y Berlusconi.

Yo mismo me aplicaré el cuento y prometo leerme un par de programas, pero si voto, desde luego, que nadie me pida esperanza ni, mucho menos, una sonrisa, porque el asunto político da ganas de llorar. Y cuando nos roban, mienten y estafan, incluso de emigrar por no acabar en la cárcel más asquerosa del país mientras ellos disfrutan de una suite en el mejor penal posible.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Identifican el cerebro masculino en el dedo gordo del pie (nonoticia)

Un estudio conjunto de las universidades de Almendralejo, Puerto Banús y Princeton ha desmentido de una vez por todas que los hombres tengan el cerebro en el pene.

Aunque se sospechaba desde hacía tiempo que el minidisco duro del cerebro masculino ubicado en la cabeza sólo servía para almacenar imágenes pornográficas, estadísticas de fútbol y poca cosa más; se desconocía el motivo por el cual todos los hombres heterosexuales tiraban su vida por la borda al conocer a una mujer hermosa.

Para averiguarlo, 500 hombres, cosidos a electrodos, se quedaron, uno por uno, a solas y encerrados en una habitación con Eva Mendes y Beyoncé. Las pruebas desvelaron que cinco de ellos sólo intentaron conversar con ellas (al final reconocieron que eran gays), y que el resto usó el dedo gordo del pie izquierdo para estudiar, de arriba a abajo, la anatomía de las mujeres antes de decidir el momento de abalanzarse sobre ellas. A continuación, el propio dedo liberó una sustancia tóxica que provocó, aparte de una erección inmediata, una batería de tópicos de ligón de playa, además de causar cambios sustanciales en los sujetos, concretamente, el enrojecimiento de la piel y una amnesia completa al preguntarles por su estado sentimental.

Los científicos estudian en estos momentos cuál es el motivo de que haya tanto hombre cabezón. Si se confirma que se trata de una mutación genética, no se descarta usar las células abuelas para inaugurar una nueva generación de hombres sin cabeza. El minidiscoduro podría ir instalado en un testículo para desterrar la espantosa frase "con dos cojones".

Cachondeo News

sábado, 13 de noviembre de 2010

La tontería del doblaje... en cualquier lengua

Me toca la moral sobremanera el espectáculo mediático que se ha formado, y lo que te rondaré morena, en torno a la ley que obligará a doblar las películas en Catalán.

La tonteria es supina, porque todo el mundo se ha enfrascado con el eterno dilema: catalán vs castellano. Cuando el bosque que hay que contemplar es otro. Por ejemplo Europa.

España es uno de los pocos países que dobla las películas que se emiten en televisión y que se exhiben en los cines. Por eso, la apuesta por doblar al catalán las películas se me antoja el triunfo de la demogagia.

Todo lo que sea perpetuar el doblaje, en el idioma que sea, significa un atraso cultural. En cambio, escuchar a los actores extranjeros en su idioma, en lugar de quedarnos con la versión de los dobladores, permite apreciar la película o la serie en su totalidad. Como escarpias se me ponen los pelos del sobaco cuando pienso en la de gente que dice que le encanta un actor o actriz sin haberle escuchado nunca una sola palabra.

Ya he comentado el atraso cultural que supone, pero también entraña un problema lingüístico. De todos es conocido que los españoles hablan mal y entienden peor el inglés. Si la mayoría de series y películas proceden de Estados Unidos, estamos perdiendo una oportunidad de oro para desenquistar nuestro inglés por culpa de la herencia franquista del doblaje. De nuevo, cuando pienso en la gente que jamás usa la opción de los DVD para escucharlo en su lengua original y luego se gastan millonadas en cursos de inglés, se me ponen las escarpias como el Empire State. ¿Se puede aprender una lengua sin entrenar el oído? No, no y no.

Además, pese a quien pese, el doblaje siempre implica una manipulación. Vale, lo mismo ocurre con la traducción de los subtítulos, pero para eso están las voces originales, para contrastar qué dicen exactamente. No olvidemos, además, que el doblaje en España lo impuso el dictador Franco para que no se le colara ninguna influencia subversiva. Y es que en su única neurona sólo cabía una España, una lengua, un partido político, una religión, un sindicato, etc.

Por tanto, eliminar al máximo los doblajes supondría un ahorro económico, un empuje cultural y una ayuda para dejar ser los últimos de la fila en cuestión de idiomas. Claro está, yo mantendría el doblaje en el caso de programas infantiles. Quizá también mantendría algunos espacios para aquellos ancianos que ni leen con velocidad, ni quizá les alcance la vista. Y en Catalunya, pues que subtitulen en catalán y en castellano, que la tecnología lo permite. O sólo en catalán, porque, a fin de cuentas, todos los que viven allí lo entienden.

Lo demás son gaitas en vinagre y una maniobra más para que los medios de comunicación, meros altavoces de los políticos, despisten al ciudadano, incapaz de distinguir qué es importante y qué es una solemne tontería, por más que estemos en la era de la información y que Franco lleve 35 años bien muerto.

Un catalán multado en Soria por hablar raro (nonoticia)

Según las fuentes del río Segura a su paso por el monte del Espinar, KFC, un catalán enajenado y rector de la reputada universidad de El Corte Inglés (Cornellà), fue multado el pasado domingo en pleno centro de Soria por hablar una lengua que los agentes de policía no pudieron identificar.

Recordemos que la ley castiga duramente cualquier contaminación acústica que altere el perfecto castellano que se habla en Castilla y León.

Ya recuperado del susto, el señor KFC reconoció haberse equivocado gravemente al responder con un "gràcies" en lugar del "gracias" preceptivo a las amables indicaciones de los agentes del orden, que se preocuparon de que KFC y su familia supieran llegar hasta la Catedral con los ojos vendados (al parecer, una costumbre típica de Cornellà).

Otras fuentes de agua con gas aseguran que, después de imponer a KFC una multa de 500 euros, medio Soria aprendió su primera expresión en catalán y que ya han empezado a usarla en su vida diaria. Así que, ojo, porque si en mitad de la noche se les aparece un soriano y les llama "fill de puta", es con muy mala intención.

De momento, las autoridades castellanas no saben si resucitar al Cid para que castigue la ofensa del enajenado rector o enviar un comando actualidad para que saque las vergüenzas de la temeraria familia catalana.

Cachondeo News

viernes, 12 de noviembre de 2010

La Cataluña de Unamuno, 99 años después

El siglo XVIII trajo la moda muy racional de criticar las costumbres de los españoles y muchos autores, entre ellos José Cadalso y, sobre todo, sus “Cartas marruecas”, se propusieron identificar los vicios de los españoles. En aquel tiempo, las denuncias abarcaban el territorio español en general, pero en los siglos venideros, a medida que se iban consolidando las dos Españas, la crítica comenzó a especializarse en regiones.

Me llama la atención el acierto de Unamuno, que en 1911 escribe “Por tierras de España y Portugal”. En esta obra, a medio camino entre el libro de viajes y el ensayo, don Miguel consigue descifrar el interior del alma de los lugares que visita.

Es a partir de un viaje a Barcelona que Unamuno deduce que el peor de los males de los catalanes (obviamente, también había visitado otras zonas de Catalunya) es la vanidad.

Una de las principales pruebas que aporta es que el catalán se considera odiado por el resto de España, especialmente por Madrid y las dos Castillas. Además, detecta un tufillo enfermizo en la manía de compararse siempre con Madrid. Cuando, según Unamuno, a los madrileños les importa un bledo lo que ocurra en otros lugares de España.

Creo que acierta plenamente en su razonamiento. De hecho, opino lo mismo 99 años después. Además, es de elogiar que no caiga en el tópico del catalán tacaño. Sin embargo, también define a los burgueses de Catalunya como ricos que viven como pobres. Es, sin duda, una consecuencia de la alta industrialización de Catalunya en comparación con el resto del Estado. Y, ¿tal vez del carácter catalán? Este debate me queda grande.

En cualquier caso, lo más asombroso es que, 99 años después, Unamuno sigue teniendo razón. Es la vanidad la que nos convierte (a los catalanes) en acomplejados. Si no fuéramos tan vanidosos, ¿por qué tendríamos que desvivirnos con comparaciones con otras ciudades, por muy capitales del reino que sean?

Respecto al mundo laboral, los patronos en Catalunya se desviven por enriquecerse, pero no parecen disfrutar de sus ganancias. Tampoco dejan que sus peones disfruten de la más mínima oportunidad para conciliar la vida familiar, o el ocio, con las diez o doce horas diarias que les toca calentar la silla (ocho en teoría, pero a ver quién es el guapo que se va antes que el jefe). Por supuesto, no ha cambiado la situación del trabajador. Su invisibilidad y pobreza se remonta al siglo XVIII, cuando no existían los kleenex. De haber existido, tal vez UGT se llamaría UGK y el PSOE, PSKE.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Coches Julio Verne SA


Todos los que sufrimos las diez plagas bíblicas cuando nos ponemos delante del volante estamos de enhorabuena. Ya no es ciencia ficción. Los coches podrán circular sin necesidad de conductor y, lo mejor, no tendrán que aguantar sus sermones como le ocurría al pobre Michael Knight con el pesado de KIIT.

La prueba de lo anterior es que Google ha puesto en circulación siete vehículos Toyota que conducían sin nadie al volante y, de todos, sólo uno sufrió un percance al darle un empujoncito al coche que tenía delante parado en un semáforo. Gracias a los láseres, radares y un montón de cachivaches tecnológicos recorrieron más de 1500 km. La gente que se cruzó con los Toyota en la carretera no sufrió un infarto porque en cada vehículo iban dos personas para supervisar que todo iba bien.

Me joroba, sin embargo, que no hayan hablado del control vía satélite, porque es como yo me había imaginado hace unos años la conducción automática. De todas maneras, aún es pronto para saber cómo funcionará ese sistema (yo no lo descartaría todavía).

Lo que es seguro es que los accidentes se reducirán a unos mínimos de récord. No desaparecerán porque siempre existirá la posibilidad de los errores técnicos. Además, me imagino que se seguirán fabricando coches convencionales para los nostálgicos que quieran conducir como toda la vida. ¿Se conformarán los aventureros con coches que puedan manejar hasta que surja un obstáculo y el ordenador (o la red vial central) tome el control? Creo que no.

En el futuro, pues, se combinarán dos formas de conducir: una con coches que funcionen independientemente de la pericia de los conductores por carreteras cien por cien seguras ,y la segunda, con carreteras convencionales y coches que dependerán, como los de ahora, de las habilidades del que se ponga al volante.

Allá cada cual. Si piensas que conducir es un asco, ojo al dato, porque una mínima porción de la tecnología ya viene incorporada a vehículos a la venta hoy mismo. Para abrir boca puedes ver cómo aparca solito un coche de Ford. Marcas como BMW, Volkswagen ya han ideado sistemas similares. Esto ya es una realidad.

Por otra parte, con el tiempo, estoy convencido de que los coches no contaminantes se acabarán imponiendo. Este paso será decisivo para curar las heridas del planeta. Pero, ¿a quién voy a engañar? A mí que me encanta viajar y que me pongo nervioso con sólo quitar el freno de mano se me pone la piel de gallina imaginándome un mundo en el que te puedas desplazar donde quieras y echar una cabezadita si te apetece.

Si la tecnología triunfa y el progreso se hace carne (o, mejor dicho, coche) antes de que cumpla los cincuenta, prometo irme hasta Noruega en coche. Y no descarto atravesar Europa por Rusia y terminar en Asia. A la vuelta, podría pasar por la India o por donde me dé la gana.

Claro, que ya puestos, elijo una autocaravana para poder ahorrarme el hotel y dormir donde me venga la real gana. También pienso en los beneficios que estas tecnologías reportarán a invidentes y discapacitados e incluso a las personas mayores, que serán mayoría en Occidente en poco tiempo.

Ahora despierto un poco a la realidad y caigo en la cuenta de que el gremio de mecánicos y chapistas podrían poner el grito en el cielo. Otro oficio que podría desaparecer. Que yo sepa, según la ley de la jungla capitalista, el pez grande siempre se zampa al pequeño. Así que tendrán que resignarse a desaparecerse o a reciclarse en otro sector. A no ser que el volumen de coches convencionales se equipare al de los autónomos, de forma que se convierta en uno de los hobbies estrella.

Para más adelante, espero dedicarle unas líneas al siguiente paso, las aeronaves domésticas o, todavía más allá, el teletransporte. Personalmente, esta última opción me parece poco ventajosa. Imagínate que a tu jefe le da por enviarte a quince direcciones distintas en una sola mañana aprovechando la tarifa plana del teletransportador. Por no hablar de las visitas sorpresa de tus suegros un domingo a la hora de la siesta. Pero, ahora más en serio, lo que no me gusta nada es que se elimine del todo el trayecto del viaje. Muchas veces, el itinerario es más importante que el lugar de destino.

En fin, di quieres conocer más detalles sobre los coches de Google, puedes encontrar información en páginas como ésta. Si, además, te interesa ahondar en detalles, aqyí te dejo un artículo que examina a fondo el tema. Aapunta aquí accederás en un periquete. Como el tiempo, que vuela.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Nietos, buscadme en la sección de congelados

Según las últimas informaciones que he podido recabar de Internet, apenas llegan a 200 el número de personas criogenizadas a la espera de que la tecnología del futuro los devuelva a la vida.

Al parecer, los precios rondan los 12.000 euros, aunque depende de si los clientes desean congelar sólo la cabeza o el cuerpo. En el contrato prometen hacerse cargo de todos los prepativos, la conservación y la hipotética reanimación.

Claro que sólo algunos afortunados podrán acceder a los servicios de las dos únicas compañías que existen: Alcor y una empresa formada a partir de algunos integrantes de la primera. El motivo es que necesitan iniciar el proceso en cuanto se produce la muerte clínica del paciente. Lo deseable, de hecho, sería (ya sé que suena macabro) que se congelara el cuerpo aún con vida.

¿Y por qué sólo algunos afortunados pueden criogenizar los cuerpos? Pues, porque las instalaciones de las dos empresas están ubicados en los Estados Unidos. Y a menos que poseas un jet privado, es poco probable que sus cadáveres lleguen en buenas condiciones.

Mosquea, además, que en poco tiempo hayan cambiado los métodos de congelación. ¿Y qué pasa con los que lo entraron primero en las cápsulas? Ni idea. Casi mejor no preguntar.

Peor suerte corrieron los clientes que acabaron descongelados por error por culpa de un despiste fatal de una de las empresas que intentaron abrirse camino en el sector a finales del siglo pasado. Como dije al principio, ahora sólo quedan dos y no parece que tengan una lista de espera excesiva. ¿Cuáles son las causas?

Aparte de los motivos religiosos, empiezo a sospechar que la gente se cansa de vivir. No es que pidan la hora para irse de este mundo, pero, ¿quién no ha escuchado a una persona mayor resignarse ante su muerte como quien le toca trabajar en sábado?

Lo cierto es que los científicos no se ponen de acuerdo en si merece la pena pasar por el proceso. Es más: la posible reanimación de los cuerpos congelados dependerá, en parte, de la nanotecnología, que está en constante evolución. Ni siquiera está claro si basta con preservar la cabeza para que se pueda revivir en condiciones.

A mí la muerte me parece la peor de las pesadillas y si algún día me toca la Primitiva (ya hemos quedado en que no me haré rico trabajando) me apuntaré, sin dudarlo, a la criogenización. Aunque, si abriesen un centro en Europa me quedaría algo más tranquilo.

La duda que me asalta ahora es... ¿Y si se va la luz en el centro? ¿Y si algún terrorista coloca una bomba? Y la que más me mortifica: ¿Por qué la gente con mucha pasta se conforma con pasar por el crematorio o acabar jugando a huesos y gusanos?

Ahora más en serio, desconfío del futuro de las personas congeladas. Sin embargo, si tengo dinero y vivo lo suficiente, a no ser que me ilumine Dios y crea en la vida eterna, preferiré esta opción a un coche deportivo. Para tu información, hay muchas webs al respecto, pero ésta resume los procesos de manera muy didáctica.

domingo, 7 de noviembre de 2010

En recuerdo a Antonio Machado

Del poeta Antonio Machado se conocen sus dos libros más castellanos (es decir, sobrios y serenos) Campos de Castilla y Soledades, galería y otros poemas. Son dos obras maestras, pero su poesía evoluciona y se sale de ese (bellísimo) clasicismo. De hecho, no dejó de escribir nunca. De su pensamiento, pues también era un filósofo, dejó poca impronta, con la excepción de su vasta prosa epistolar. El éxito lo conoció en compañía de su hermano gracias a sus obras de teatro, tan del gusto del pueblo, tan alejadas de la profundidad de sus poemas.

Desde hace muchas décadas, su tumba en Collioure se ha convertido en un símbolo de la literatura, del republicanismo y, por qué no decirlo, de la nostalgia.

La muerte le sobrevino al poco de cruzar la frontera francesa huyendo junto a su madre de la represión franquista. Como él predijo, se fue de este mundo ligero de equipaje. Tres días después falleció su madre, doña Ana, como en el más sentido de sus poemas y las últimas palabras de madre e hijo fueron del uno para el otro. Luego, los enterraron juntos.

La vida de Antonio Machado destila tristeza y soledad. También pasión, pero de la que bulle dentro del corazón de un hombre que fue, como se propuso, bueno.´

La necesidad de impartir clases para sobrevivir y su increíble margen para la resignación lo llevaron de instituto en instituto, sufriendo los rigores invernales de Soria y Segovia, o el destierro en la bella pero alejada Baeza.

No le dejaron ser sevillano a Antonio Machado. Sus críticos lo admiran como a un clásico aunque dedicó sus poemas a las nuevas tendencias, coqueteando incluso con el haiku, llevado por los resabios modernistas. Amó como un loco a su joven esposa Leonor, pero tuvo que llorarla demasiado pronto. Muchos años más tarde, forjó un amor platónico con una mujer casada, pero no pasó de un sueño de madurez. Por eso, porque Antonio Machado nunca jugó, como otros intelectuales de su época (y de todas las épocas) a ser un semidiós, es que se ha ganado el corazón de todos sus lectores.

Sus poemas evitan el efectismo y llegan claros y cristalinos, pero como el mejor vino, consiguen perdurar.

Se le ha querido convertir en símbolo político, pero Antonio Machado no militó más que con las ideas krausistas de la institución libre de enseñanza y con su bondad natural. Es al final de su vida, cuando las circunstancias le obligan a dejar Madrid en dirección a Valencia. Una vez allí, aunque enfermo, no tuvo otro remedio que poner su pluma al servicio de la legalidad, que era (por más que se tergiverse la historia), la II República.

Sin embargo, yo no lo veo como un símbolo republicano. Para mí la figura de Machado encarna la resistencia silenciosa, el amor al arte, la libertad de vivir y el saber estar, sin estruendos ni arribismos. Incluso me atrevería a decir que supo morir para, sin quererlo, erigirse en el mito que es hoy en día.

Durante mucho tiempo se ha añadido a la vida de sinsabores de Antonio Machado, la militancia franquista de su hermano Manuel... como si Antonio hubiese sobrevivido a la guerra (murió el 22 de febrero de 1939) para avergonzarse del servilismo de su hermano. De hecho, se obvia a propósito que Manuel se enteró del fallecimiento de sus familiares por la prensa y que acudió a Colliuore en cuanto pudo.

En fin, Manuel se pasó al otro bando, como muchos españoles independientemente de su credo, pero su cobardía o cambio de convicciones no resta ni suma nada a la importancia de Antonio Machado.

Siguiendo con la hagiografía, se ha dicho también que Antonio murió de pena, pero la verdad es que el tabaco y su excesiva afición al café tuvieron mucho que ver con su muerte, más incluso que la desolación por una España quebrada. Por supuesto, tuvo una gran incidencia el cansancio por el ajetreado viaje hasta Francia, muy distinto al que hizo Manuel en coche oficial. Antonio, su hermano José y su madre de 85 años tuvieron que soportar largas caminatas, incómodos trenes y la amargura del frío hasta que pasaron la frontera.

No hace falta revestir con leyendas la figura de Antonio Machado. Su obra basta. Y su vida fue como la de la mayoría de la gente, la mejor que pudo vivir, pero con una salvedad: casi siempre fue fiel a sus principios y mantuvo su código ético desde el principio hasta el fin. Este ejercicio de dignidad humana ya no lo practica la mayoría de la gente.

Porque es más bella su poesía que todo lo que yo te pueda contar, en este enlace podrás leer varias de las poesías de Machado.

Como colofón, un poema poco conocido de un poemario que sólo se cita en las oposiciones y en las tesis doctorales:

PROVERBIOS Y CANTARES - XXXVI
Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado.
Nada trajimos; nada llevaremos.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Mentar el armario en casa del gay

De vez en cuando se lo recuerdo a mi amigo Juanjo. Estábamos los dos sentados en el pub Bubble's, el que mejor música pinchaba en La Vila Joiosa, cuando el dueño del local, un tipo con mucha pluma (muy simpático y algo pesetero) recogía los vasos de las mesas.

En ese momento, un chico alcoholizado (usaría la palabra "borracho" pero nunca lo he visto sobrio) hizo la gracia bajándose los pantalones. Enseguida mi amigo y yo captamos cómo el dueño ponía los ojos como platos. Como le hacíamos más caso a su cara de pasmado que al trasero del muchacho, sagazmente dedujo que lo habíamos pillado. Entonces, se nos acercó y, descojonándose, soltó: "No mientes la soga en casa del degollado". Luego se metió detrás de la barra sin quitarle ojo al muchacho de los pantalones caídos que daba saltos por el local como un muelle. Supongo que con varios gintonics en el cuerpo la anécdota tiene más gracia.

Pues más o menos la misma cara se le puso a Rajoy el otro día, cuando el archiconocido artista Shangay Lily (la verdad es que a mí no me sonaba de nada) irrumpió en un acto de ésos anticrisis, con cenorrio, copas y discursito incluido, y mostró una pancarta progay mientras entonaba "basta ya de homofobia en el PP..." y la canción seguía sin demasiada rima ni salero, pero ahí quedó el gesto.

¿Gesto? Y una mierda. Este exhibicionista hincó hasta el hombro en la herida de un partido político que incumple la Constitución cada vez que salen a picotear sus gaviotas a las minorías. Si los rumores son ciertos y Rajoy es la famosa trotona de Pontevedra (ahora, de la Carrera de San Jerónimo), la paradoja es brutal. Que salga o no del armario es un acto voluntario, pero que su partido se ensañe así con el colectivo homosexual incumple la Constitución al caer en la marginación de un sector de la población por razones de sexo (que no de género).

Y si Rajoy es más hetero que Tarzán, el asunto no cambia. Como aspirante a ocupar la presidencia del Gobierno, tendría que dar ejemplo. Ya en el plano humano, por sus votantes gays, por sus familiares gays, por sus afiliados gays, etc., el PP debería dar un giro de timón ya.

Por supuesto que soy consciente de que hay miembros homosexuales del PP, como en el resto de partidos. Recordemos que no se trata de un virus sino de un hecho biológico y natural, desde la noche de los tiempos (no te lo creas sin más, investiga). Lo que ocurre es que el PP se debe a la Iglesia Católica (investiga también), como se deben los principales banqueros y empresarios de este país que no termina de quitarse la caspa de encima. Anteayer, eran las mujeres las que no encajaban en la España franquista. Ahora el lobby postfranco no admite ni a inmigrantes ni a homosexuales. De momento, lo de tener querida, gastarse parte de los fondos públicos en prostitución y callar los abusos de niños no está tan mal visto. Eso sí, todo made in Spain... Lo dejo aquí, porque me enciendo, y sigo con el hilo.

La homofobía en el PP es un hecho, y que tenga simpatizantes y miembros del partido gays no me cabe en la cabeza. Me parece un suicidio moral. "Allá ellos" podrás pensar. Lamentablemente, la suma de muchos votos irresponsables da como resultado un equipo de gobierno castrante.

Y mucho ojito, porque la castración afecta, por igual, a heteros y gays.

NOTA: Dedicada al tito Juanjo

La ciudad única

Imagina una ciudad en la que no necesites un plano para saber la ubicación exacta de cada sitio.
Tanto si llegas al aeropuerto o a la estación de tren, te aguardará un surtido de fast-foods, una tienda enorme donde venden botellas de agua, diarios raros y caramelos varios, y por los pasillos, varias máquinas de Coca-Cola.

Sal a la calle y busca el cartel que indica la dirección al centro. Si visitas una ciudad española, el centro está donde se levanta un Corte Inglés (o viceversa). Por el camino, antes de la Catedral (o en su defecto, castillo, fortaleza, o iglesia más alta), prepárate a encontrar las tiendas de ropa que ves cada fin de semana en el centro comercial y, como tropezones, una tienda de juguetes feísimos (porque son educativos), una cadena de perfumerías carísima con nombre de princesa de Arabia, una franquicia de helados compactos de a cinco euros la tarrina y varias cafeterías, todas de color verde y con referencias a Italia.

¿Todas? Excepto una que lleva el nombre en inglés y se distingue por tres cualidades: a) Eso que te han cobrado por casi 4 euros es cualquier cosa menos café. b) Está llena de guiris tumbados de cualquier manera con un portátil a punto de caer de la mesa. c) Cierran muy pronto, sea festivo, verano o cuando sea.

Sigue caminando, que ya queda menos. Alrededor de la Catedral (o similar), quioscos, tiendas de souvenirs y una farmacia (no falla, siempre hay una por lo menos). Además, encontrarás una oficina de información turística, un parking y una parada enorme de taxis. En la plaza, sólo encontrarás una franquicia de cada tipo. Como mucho, dos.

Sigue andando hacia la avenida más importante de la ciudad. Prepárate: ante tus ojos, desfilarán los fast-foods del principio (con esta secuencia: ternera, ternera, pollo, ternera, bocatas, salchichas...), un supermercado que abre hasta las tantas de la mañana y que te recuerda a El Corte Inglés, todas las tiendas de antes y una novedad, la librería local. Puede que te encuentres dos o tres. La más grande es la mejor situada. Y eso quiere decir que ya has llegado al meollo del villorrio. Ya te puedes dar la vuelta.

Mientras regresas (mejor haz el mismo recorrido o te encontrarás con calles oscuras y kebabs llenos de humo), haz repaso. En el centro, centro, los tropezones entre las secuencias de franquicias son ahora locales exclusivos de marcas carísimas con gustos pésimos a los que más de un tontorrón hace fotos. Ah, y un local de Nespresso atiborrado de gente a la que no le gusta el café. De tanto consumismo visual te has perdido la arquitectura de los edificios. Ni siquiera has leído los carteles donde se citan los lugares de nacimiento, vida o muerte de los héroes de la ciudad.

Para una vez que has levantado la cabeza de un escaparate has descubierto un palacete convertido en un McDonald's. La buena noticia es que ya estás preparado para saber que en pleno casco antiguo de Toledo hay cafeterías de las verdes y un Lacoste (y un McDonalds's en mitad de la plaza del Zocodóver).

Ya estás preparado. Por eso, no te sorprenderá que uno de los edificios más impresionantes del Portal de l'Angel de Barcelona lleve el logotipo de H&M. Ni que haya dos edificios de El Corte Inglés a menos de cinco minutos a la pata coja... ni siquiera que las dos parejas de ases, Burger King y McDonald's, se presenten por triplicado con una distancia igual de corta entre local y local.

Dentro de poco la única diferencia entre las ciudades será la secuencia matemática entre unas franquicias y otras. Tampoco pinta tan mal... Podría ser peor. Imagina, por un instante, que todos los fast-foods se funden en uno, al igual que las cafeterías de color verde, las zapaterías de andar por la sierra, las heladerías exóticas, etc. O todavía, más retorcido: cada empresa crea dos marcas rivales, pero que ofrecen lo mismo: ¿Te suenan Boccatta y Pans & Company?

No desesperes. Si te gusta el cine y te aburres de la ciudad, o te han mandado de viaje de negocios y no ligas ni a la de tres, acércate al centro comercial. Allí encontrarás un multicine de diez salas, con cuatro películas repetidas, y por el camino un H&M, un Zara, un Starbucks, etc., etc., etc.

jueves, 4 de noviembre de 2010

El maravilloso mundo de la Secretaría de Filología en la UB (extracto de mis experiencias en este mundo paralelo)

En la Secretaría de la Facultad de la Filología de la UB hay seis ventanillas y una puerta. Siete números azules de casi cuarenta centímetros de largo por diez de ancho coronan los huecos por los que debería aparecer un simpático funcionario para decirte “hasta mañana”.

Sin embargo, a las seis de la tarde de un día cualquiera sólo hay tres ventanas abiertas. A la derecha, el panorama sigue siendo desolador: la puerta vetusta ha echado raíces en la roca medieval de la universidad. Vamos, que no la abres con el martillo de Thor.

De las tres ventanas, sólo una admite consultas generales, que es a lo que viene todo el mundo. Las otras dos están especializadas en alumnos Erasmus y másters. Especialización, Bolonia, Estados Unidos... todo casa.

Espero delante de la única ventana disponible. Es la segunda vez en una semana. Ya llevo media hora y no ha habido progresos en la cola durante todo ese tiempo. La persona de delante dibuja círculos nerviosos en el suelo. Yo los borro con los ojos.

Delante de él, una chica cargada con tantos papeles que podría ser la culpable de la deforestación mundial. Los ha dejado esparcidos por todo el mostrador de la ventanilla 3, la única disponible para los que tenemos consultas generales.

Y al otro lado de la ventanilla, se arremolinan tres funcionarias alrededor de un tipo sentado ante un ordenador. Me acerco y cuento hasta cinco funcionarios más en el interior de la sala. Me llama la atención una chica alta y rubia, de unos cuarenta, que parece la supervisora, porque lo observa todo y no suelta ni pío. Tres de los ocho funcionarios están sentados en tres esquinas de la sala y pasan hojas mecánicamente como si estuvieran en otra parte.

Son las seis y media. Están a punto de cerrar. Por fin, un señor habilita la ventanilla 4. Cuando está a punto de dirigirse a mí le suena el móvil. Por un momento creo que se va a poner a hablar, pero lo apaga. No pide disculpas. Al fin y al cabo él no sabe emitir politonos. Ahora sí que levanta su cabeza calva. El tipo me hace un gesto que traduzco enseguida: “¿Qué quieres?”. No me lo dice con antipatía, sino con cansancio.

Yo tampoco le hablo y le doy la copia de un e-mail de hace veinte días donde la Secretaría me instaba a presentarme a la Secretaría para que me cambiaran un dato en su base de datos (vuelve a leer la frase, porque está bien escrita). Junto a la copia del e-mail le paso toda la documentación que improvisaron la semana pasada para que perdiera una mañana en el banco, que es lo que mucha gente hace cuando tiene un hueco en el trabajo.

El tipo se rasca la cabeza frente al ordenador. Se levanta y consulta algo con dos señoras que sólo atenderán a los alumnos de Máster, aunque no haya nadie que estudie un máster en la sala de espera, que es el caso.

Regresa el señor con andares cansinos, me da un formulario y se lo relleno. Luego, me dice que no hacía falta que le entregara tantos papeles. Asiento. Tiene razón y, como me lo ha dicho con simpatía, no me lo tomo como una burla. Firmo lo que me da y le doy las gracias.

Creo haberle oído despedirme con un “hasta luego”. Tiemblo, porque no se ha acordado de que me atendió la semana anterior.

Los ojos de Belén Rueda

"Los ojos de Julia" carece de la estética gótica de “El orfanato” y tiene más de thriller de suspense que de película de terror psicológico. Empiezo así, porque es lógico que busques los puntos de conexión entre ambos trabajos.

Es, ante todo, una honrosa muestra de que se puede filmar cine español, en este caso casi diría catalán, de gran calidad. Así que ya podemos desterrar el mito que nos lanza como una flecha al cine norteamericano cuando necesitamos emociones fuertes.

En cierta medida, es una película clásica. A mí me ha recordado a varias películas de Hitchcock, en concreto, “Crimen perfecto”, “Vértigo”, “La ventana indiscreta”, “Psicosis” y “Frenesí”. Casi nada (y te reto a que encuentres más, porque no me extrañaría que el director, Guillem Morales, hubiese introducido más "homenajes").
No puedo explicarte en qué me baso para captar estas referencias sin estropearte el final del film, aunque también te puedo decir que tambié recuerda a “Blow up” de Antonioni y a cierta película bizarra en la que aparece Robin Williams como malvado y que mejor que no recuerdes porque te estropearé parte de la trama.

Hasta casi la parte final de la película, el elemento que domina el film es el suspense. El espectador sabe o intuye dónde está la clave, pero la protagonista, una soberbia y bellísima Belén Rueda, da palos de ciego (literalmente).

La historia fluye, a pesar de que no es complicado adivinar qué sucederá a continuación de cada susto, porque una gran baza de Los ojos de Julia es saber qué es verdad y qué sucede en la imaginación revuelta de la protagonista.

Quizá se le puede achacar a la película cierta propensión a suspender la credibilidad: ni Julia ni su pareja Isaac parecen tener amigos ni familiares más allá que Sara, la hermana de Julia. Ni se explican por las leyes de la física los encontronazos del alma en pena (dejémoslo aquí) que atormenta a Julia. Aparte, hay escenas muy extrañas, como el momento en que Julia se cuela en un vestuario de ciegas desnudas que, precisamente, hablan de su hermana.

Sin embargo, el film entretiene de principio a fin. Aparte de los consabidos chirridos, portazos y presencias impactantes con el dolby surround a tope, la historia engancha por sí sola.
Patina la historia, también es cierto, en la cantidad de casualidades y encuentros fortuitos de una Julia que jamás se detiene un momento en su búsqueda de la verdad. Con todo, la cámara siempre está dónde debe y el apartado técnico consigue igualalar a la anterior producción de Rodar y Rodar y Guillermo del Toro, excepto en los decorados y la fotografía (que no alcanzan el esteticismo de El orfanato, pero ni mucho menos están mal).

No pienso reproducir el argumento, que para eso están las miles de páginas que han copiado y pegado el texto de la distribuidora. Si acaso apuntar que un posible tema central de la película (ya ves que no está hueco) es la importancia de la mirada, más que de la vista en sí. La perspectiva, según los artífices de esta película, lo es todo. Y yo coincido a un 80 por ciento, numerito arriba, numerito abajo.

No sé si Los ojos de Julia pasará a la historia (supongo que no), pero da lo que promete: una intensa y extensa cinta de suspense con un misterio de ultratumba (o no).

Por qué escribo


Como nadie me pregunta los motivos por los que me he decidido a escribir sin cobrar nada a cambio (también es verdad que ni me forraba ni me divertía), me tiro a la piscina. Durante mucho tiempo quise hacer de la escritura mi profesión, pero redacté tanta basura que escribir se convirtió en una losa. Además, en este país nadie quiere contratar a un redactor y corrector (sólo hay que ver los rótulos de los noticiarios). Lo que quieren son creativos (pero sin pasarse), maquetistas, telefonistas, traductores, investigadores privados, administrativos y, en último lugar, redactores. Todos esos puestos integrados en un solo asalariado que, para colmo, tiene que estar inspirado ocho, nuevo o diez horas al día.

Mal empiezo, ¿verdad? Lo sé y seguiré saliendo por la tangente del título del artículo, pero prometo acercarme al final. Confía en mí. Vamos allá: ¿Por qué escribo? Por muchos motivos. Pero, en primer lugar, voy a despachar algunos tópicos.

No escribo por exhibicionismo. Si quisiera exhibirme, supongo que iría de vez en cuando al gimnasio, cuidaría mi vestuario y me pasearía por las Ramblas, suponiendo que eso sirva para algo.

No escribo para que me quieran. Básicamente porque el cariño no se obtiene superando pruebas ni, desde luego, escribiendo en un blog.

Tampoco escribo para brindar al mundo las alegrías de mi prosa. Si perdimos a Lorca y a Hernández tan jóvenes (bueno, no se perdieron, los mataron los abuelos de los dirigentes del PP), es bastante probable que el orden cósmico siga inalterable en el fatídico caso de que David Navarro decida no volver a publicar nada.

Me dejo de negaciones, porque podría agotar la paciencia del lector. Sí, eres inteligente: escribo para que me lean. Aunque también porque me lo pide el cuerpo. Es decir, necesito expresarme y compartir lo que me circunvala el cerebro y lo que me corre por las venas, pero no me gustan los monólogos. Si no creyera que estoy dialogando con una persona como mínimo, no desperdiciaría ni una línea.

Además, escribo para aprender. ¿Aprender qué? En primer lugar, a escribir y, en segundo lugar, a descubrir algo sobre los temas que decido abordar. Es así: primero, elijo el tema (eso es ahora. Antes, cuando escribía por dinero, lo elegía algún lumbreras por mí) y luego intento aprender algo nuevo al mismo tiempo que escribo.

Voy a terminar muy mal el artículo. Lo siento, pero no puedo confesar el motivo más íntimo que me hace escribir por amor al arte. Es mezquino, como muchos de los sentimientos íntimos, pero si algún día publico una novela, lo contaré... Vaya, se me ha escapado. Que el lector perdone estos pecadillos. Y si me juzga, que me condene por exceso de romanticismo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Assassin's Creed, parte 1 y 2


Son los juegos más completos que han pasado por mi Xbox. Ni los mejores ni los más divertidos ni los más trepidantes. Escúchame con atención: he dicho completos, y ahora explicaré por qué sin entrar en detalles técnicos ni usar la jerga de los profesionales del sector.

Cierto que, cuando llevas un tiempo jugando, algunas de las acciones se vuelven repetitivas. Sin embargo, en la segunda parte del juego logran que las misiones sean más variadas.

¿Y por qué me gusta tanto la saga "Assassin's Creed? Podría escribir un libro, pero bastará con algunos puntos:

-El argumento: historias y diálogos currados.

-La ambientación: Florencia, Venecia, Jerusalén... desde los tejados o en plena calle.

-La documentación histórica: a los que nos da pereza rebuscar entre los libros de Historia nos sorprenderá aprender jugando. Por ejemplo, no tenía ni idea de la figura de Rodrigo Borgia y ahora voy a buscar información como un loco.

-Los movimientos del personaje. Seamos serios, los protagonistas de GTA o el último bombazo de Rockstar, Red dead redemption, parecen sufrir de un grave problema de coordinación en las extremidades.

-Son relativamente largos, pero si te quedas con ganas puedes ir cumpliendo submisiones. No es lo mismo, pero da para rato.

-Tienes libertad, pero controlada. Nunca he experimentado la sensación que me ha dado siempre GTA (una especie de agorafobia),una maravilla de juego, sí, pero siempre lo dejo a medias, por incapacidad de solventar cualquiera de las tres o cuatro misiones que me esperan, o porque el horror al vacío me hace perderme por el mapa y acabar enredado en cualquier tontería. Aquí, Altair y compañía, pueden ir donde quieran, pero la tentación de matar a todo quisqui es menor. Además, no hay vehículos a motor que te dejen en la quinta puñeta.

-Por último, una prueba de fe: acabo de guardar los dos juegos en un cajón para rejugarlos un día de éstos. Vamos, que no los vendo.

También tienen defectos, claro, pero vienen a ser los de siempre: la IA, sin ser de lo peor que he visto, sorprende a veces por su poca cabeza; algunos bugs, sobre todo en la segunda parte, y lo peor: no tiene multijugador. Por lo demás, y sin dejar de lado algunas submisiones repetitivas, sobre todo en el primer título, una saga muy cerca de la perfección.

Los que crean que los videojuegos son pasatiempos para adolescentes tardíos sin escrúpulos, que prueben uno de los juegos... Lo verán todo desde otro prisma.