domingo, 8 de mayo de 2011

El retiro espiritual de los corazones solitarios

El paraíso del asceta moderno.
Tú que eres un hombre libre, que no te reconoces desde que ejercitas los antebrazos hasta la extenuación. Todo el día dale que te pego. Oh, misterioso galán de noche, que llevas muñequeras de tanto deporte como practicas, prepárate para mi regalo.

Tú, el inconquistable, que desde que recogiste el corazón hecho pedazos, juraste que nunca más te perderías en los brazos de una mujer. Machote convencido que jamás entrará en una sauna gay por si acaso...

Dicen las malas lenguas que te niegas a dejar el adolescente que todos llevamos dentro. Ellas te califican de onanista; tú les pides la talla del sujetador y, cuando vas en el bus de retirada a guarida, te dices que tienes un alma eternamente joven. Luego tratas de guardar las imágenes mentales que has sacado de aquellas estúpidas que te insultaban sin haber conocido tu interior. ¿Llevaban bragas o tangas?

Qué bien se está en casa desde que Internet te da todo lo que necesitas. Las dos habitaciones y el salón conectadas a una conexión WiFi. Las paredes rebosantes de pantallas ultraslim que apuntan hacia todas direcciones y tu nuevo juguete, un mando que las controla todas, e incluso Internet, el DVD y un disco duro portátil, porque es multifunción.

Pero, ¿qué haces si tu madre insiste en quedarse unos días contigo? Aguantas con el netbook sobre las rodilas en la intimidad del aseo de un metro cuadrado, metro arriba, metro abajo. ¿Y si se viene tu prima del pueblo a estudiar y no tienes más remedio que dejarle una habitación?

Sé lo que estás pensando, pero no está buena. Es la prima más fea que un salido pueda imaginar. Planteate un fin de semana después de la dura jornada laboral sin tu entrenamiento cotidiano, con las rodillas a cien grados, en forma de cuatro sumido en el interior de la taza del váter.

Necesitas salir a respirar aire puro, a vivir tu soltería buscada sin nadie más que tú y una pantalla plasma, LCD o incluso de tubo, de las teles culonas de toda la vida. Ni siquiera necesitas Internet si te llevas tu disco duro multimedia cargado hasta los topes de películas del Oeste, como tú las llamas.

Debes aterrizar ya en este paraíso. Te lo dedico a ti, sabio varón, que has hecho una parada en tu ejercicio diario para leer esta tontería.

Sólo en una mansión así, la Casa Pajeros, entenderás por qué ya no hay místicos ni ermitaños ni siquiera monjes que no tengan su buena conexión a Internet. ¿Quién puede encontrar el Nirvana, la paz espiritual, en una cueva de roca pelada, sin interruptores, sin tomas de corriente? Ni los osos cavernarios. Ríete tú de Fray Luis, de San Juan de la Cruz y, cuando termines, ¡pásale un trapito al teclado, so guarro!
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ATENCIÓN SPOILER

Si no le encuentras el sentido, estás en lo cierto. No lo tiene.

Si no le ves la gracia, tampoco vas mal. Es un texto infantil que depende de una broma sin sustancia. Anda y vuelve a ver por trigésimo quinta vez La quimera del oro, pedazo de muermo. Sí, eso, ponle el volumen a tope. Lo que hay que aguantar...

Pero si no le ves el chiste al post, amigo, tengo que decirte que eres algo corto de entendederas. De hecho, no tienes ni idea de lo majadero que puedes llegar a ser. Lo intentaré de forma sutil para que recuperes la moral perdida. Abre tu corazón y entiende el mensaje: "la clave está en el paraíso".

¿No? Que le des al link que hay en la palabra "paraíso", cago en to' lo que se menea. Sí, la palabrita que está subrayada. Se abre una página web. ¿Ves cómo se llama la casa? Ahí, ahí. Ahora no te vayas a reír, soplagaitas, revientasuegras. Mira que eres burro. Deja de darle al manubrio y coge un libro, borrico, por lo que más quieras. Uno. El que te dé la gana. Que no tenga dibujos a poder ser. Y échate úna novia.´La que sea. Está claro que no puedes vivir solo ni un segundo más. Deberías pagarle un seguro a a todos tus vecinos. Qué pena de chiquillo. Qué pena.

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