Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como televisión

Empacho de series

A quien le gusta el cine como espectáculo y arte por encima del resto, el ocaso que está viviendo el mundo del celuloide no puede depararle sonrisa alguna. Y lo digo a propósito del contento general que detecto en quienes aseguran que la mayor calidad de las series de televisión compensan el menor calado de las producciones televisivas. Pues malditas sean las series, porque lo uno no puede compensar a lo otro. Nunca. Puede que haya, y los hay, profesionales transversales que lo mismo se embarcan en una serie que una película. Me parece comprensible, pero que nadie olvide que los lenguajes, los códigos y las expectativas son distintas en cine y televisión.

En defensa de Miki y Flo

Alguien tiene que dar la cara por dos profesionales de la comedia que nunca llegarán a alcanzar el estatus de estrellas del humor. Me refiero a Miki Nadal y a Florentino Fernández, alias Flo. Cada uno de ellos lleva entre quince y veinte años sin bajarse del candelero y a pesar de que siguen en edad fértil ya saben que cuando se retiren nadie los recordará en un país tan poco exigente con los humoristas como España. Un país en el que, desde que nací, Miguel Gila es venerado como el mejor en su profesión (sector televisivo) y en el que aún se recuerda con nostalgia a fenómenos de otra galaxia como el dúo Sacapuntas, Arévalo y otros personajes que en el Reino Unido no habrían hecho ni los lavabos de la BBC. Hay que remontarse a finales de los noventa para asistir a la irrupción del último fenómeno televisivo del humor, Chiquito de la Calzada. Recordemos que José Mota ya tenía el culo pelado de hacer programas. Y sí, Joaquín Reyes ha resultado un feliz hallazgo, y no digamos Berto...

La noche que la tele nos puso mirando a Pamplona (más conocido como La noche que la tele nos puso mirando a Cuenca (2))

En el anterior post prometí comentar qué es lo que nos perdimos enganchados al truco circense del mago Évole. Pues aquí va un resumen muy escueto y personal de esa noche de éxito para la televisión y seguramente de absurda pérdida de tiempo para la inteligencia. Principalmente, una entrevista jugosa del odioso Risto Mejide al ex presidente Zapatero.

La noche que la tele nos puso mirando a Cuenca (1)

El pasado 23 de febrero España volvió a estar más unida que nunca tras la primera victoria en la Eurocopa de 2008 (los dos triunfos posteriores pillaron a los nacionalistas en guardia y hubo quién no lo festejó). Y esta añorada España (por algunos) lo hizo, cómo no, frente a la tele. Fue también un 23 de febrero, en 1981, cuando el golpe de estado más chapucero de Europa y, probablemente, uno de los más rocambolescos del mundo, convocó a todos los españoles. Y de nuevo la televisión funcionó como catalizador, aunque primero fue la radio y la memoria me ha jugado una mala pasada (rectificación hecha).

La audiencia ¿La libre opinión del público o el dictado de unos pocos?

El presunto culpable de que Aída no se deje de emitir nunca. Nunca lo había visto de este modo, a pesar de que a muchos les puede resultar una obviedad. Pero quiero compartir esta reflexión: ¿quién asegura si un programa de televisión ha salido bien o mal? Debe de haber profesionales que dirijan, rijan, produzcan los contenidos, vamos, los hay, pero en última instancia ¿qué es lo que consigue darle alas o cortárselas a un programa? La audiencia. Entonces, me planteo la siguiente hipótesis: ¿es posible que si varios profesionales o el director del programa creen que su producto vulnera varias líneas rojas (de calidad, ética, lenguaje televisivo, etc.) la audiencia los condene al ostracismo o a la cola del paro?

Otro hito en la telemierda (telebasura's milestone)

¿Era la fábula de la raposa y la hormiga? ¿Y quién es quién? Sería la una y media de la mañana. Hacía zapping mientras bostezaba y en la pantalla apareció el rostro de la última trepa, la otrora concejala socialista, hoy exhibicionista Olvido Hormigos. Recordemos que es una señora cuyo mérito es haberse grabado un vídeo erótico para un supuesto amante juvenil y futbolista, que no contenta con que su vídeo rodara por todo Internet, aprovechó el tirón para apuntarse a varios reality shows a pesar de que lloraba en los programas por el sufrimiento infligido a sus hijos (ajenos a la faceta de pornostar Youtube de su mamá) y a su marido (al que algunos tachan de cornudo y otros de aprovechado). Uno de los canales que más cancha le ha dado, a ella y a otros muchos personajes con peor currículum, es Telecinco, de la fábrica de Berlusconi, el de toda la vida.

Por sus debates los conocerás

Sánchez Dragó, ganando puntos. Resulta estremecedor que uno de los pocos debates con suficiente duración para tratar los temas de actualidad se dé en forma de espectáculo circense las noches de los sábados. Se llama El gran debate y de grande sólo tiene el formato y los emolumentos que reciben sus invitados. La cita, en Telecinco, claro. El otro día el programa reunió a una caterva de acérrimos al poder del PP, desvergonzados y cínicos que se ganan la vida paseándose por las televisiones, con  Hermann  Terscht y  Sanchez Dragó a la cabeza. Enfrente, tenían a una activista en contra de los desahucios y a favor de un cambio en la legislación para que los bancos acepten la dación en pago y, por ejemplo, se fomente el alquiler social. Pues bien, automáticamente, como resortes actividados por sus amos, los referidos contertulios atacaban a una tal Ada Colau, cuyo única falta conocida había sido atreverse a llamar criminales a los banqueros.

Cosas de la tele: Terelu al desnudo, el granjero intelectual y el TDT Party

Escenas de un granjero cruel. La telebasura está que arde, seguramente porque los excrementos del tamaño de una granja funcionan a la perfección como combustible. En los programas afiliados de Telecinco (diferentes perros, mismo collar) se ha hablado mucho del posado de Terelu Campos: primero se burlaron de ella y cuestionaron los retoques de las imágenes; luego juntaron todos los comentarios viperinos para montar un debate y, finalmente, la noche del sábado en La noria le hicieron un fabuloso lavado de imagen. Total, que de ser la Peggy musa de Botero pasó a ser una verdadera heroína del movimiento libertario feminista. Ver para creer. Incluso alabaron su carrera como periodista seria e independiente.

Cosas de la tele que me perdí en verano (guía para comer basura)

Actor cómico al que le da por llorar. Para mí descansar y ver la tele no van de la mano. Por eso, en vacaciones sólo enchufo la televisión lo mínimo: alguna serie, el tiempo y los titulares de los noticiarios (su tratamiento no me interesa). En épocas más gélidas, como soy un ser humano débil, me he visto tirado en el sofá haciendo cualquier cosa y con la tele de fondo. En ocasiones, el canal era Telecinco. Y, así, casi sin querer, me he ido empapando de una historia bastante absurda, pero supuestamente real. Para los que quieran desperdiciar sus neuronas con estos programas de cotilleos de Telecinco voy a esforzarme en redactar un resumen:

Intereconomía pasa el cepillo a sus telefieles

 Ups, he tapado el número de cuenta... Qué sorpresa la mía cuando me he enterado de que el canal del emblema del toro cabreado, de los spots sobre la familia católica, la de la moral y las buenas costumbres, pide dinero a los espectadores así, por las buenas. La excusa es una supuesta persecución sufrida por el canal ¿privado? por parte del contubernio judeomasónico (por el PSOE y PRISA, vaya). Intereconomía, la empresa del ex diputado del PP Julio Ariza, utiliza como anzuelo una heróica gesta por la libertad que no hay por dónde cogerla, pues, que se sepa, llevan emitiendo burradas desde el primer día. El funcionamiento del cepillo es fácil: ellos ponen la cuenta corriente hasta en la sopa, de La Caixa para más INRI, y se supone que los españoles, con la crisis a cuesta, con la cantidad de desgracias que ocurren cada día en el mundo, van corriendo a las sucursales bancarias para financiar los sueldazos de Mario Conde y compañía.

La verdad sobre los futurólogos de la tele

La verdad sobre estos personajes que supuestamente predicen el futuro es que, si realmente tuviesen algún dote adivinatorio, contestarían a los telespectadores por su nombre. Además, sabrían de antemano su edad, su estado civil, su localidad e incluso la combinación ganadora de la próxima quiniela para dejar de manipular al público. Creo que con este último argumento se desmonta toda esta pantomima. ¿Para qué iban a saquear a los pobres solitarios y noctámbulos que deciden dejarse una pasta gansa en llamadas intespestias? Por dinero. ¿Y para qué necesita trasnochar alguien que sólo busca un dinero fácil pudiendo adivinar el futuro?

Informe sobre los españoles desde la televisión

Traducción del bielorruso: Boris Izaguirre, más conocido que Séneca. Operación concluida. La estancia en la pensión madrileña me ha permitido conocer la realidad española como el Servicio de Inteligencia presumía, pero el modus operandi ha variado. Dado el escaso presupuesto y las dificultades para obtener la verdad de los españoles que encontré a pie de calle, decidí captar su ideosincrasía a partir de la única entidad que, según los propios compatriotas, une a todos los españoles: la televisión. Después de pasar casi tres meses encerrado en la habitación examinando la televisión que se emite en España he llegado a varias conclusiones. Me veo capaz de citar a las personas más famosas de este país, que son, por extraño que parezca, las que más influencia ejercen sobre los espectadores españoles.

El programa que más odié en 2010

Viene un personaje anónimo, normalmente un tipo, y se sienta en un plató rodeado de público. Una presentadora con mucho kilometraje en esto de la telebasura lo prepara para una sesión de preguntas sobre su vida privada. En teoría, son cuestiones que el propio sujeto ha confesado en uno o diversos tests previos. El caso es que siempre destacan situaciones humillantes para el concursante o los miembros de su familia, amigos o amantes, presentes entre el público y con una cámara muy atenta a sus reacciones. En efecto, se llama El juego de tu vida y lo presenta la pérfida Emma García, tan bella como oportunista y poco provista de ética (Su programa A tu lado organizó el secuestro del horario televisivo infantil hasta que Sálvame le dio el relevo).

Que alguien nos salve de la telebasura (por favor, sálvame)

Esto de la telebasura me recuerda a la tortura que consiste en horadar la cabeza del prisionero con constantes y, aparentemente inocuos, goteos. En algún país asiático todavía la practican, pero tampoco hay que ir tan lejos para saber qué ocurre con la dichosa gota: cualquier aficionado a la geología te podrá explicar que las sucesivas gotas terminan siempre en erosión (las más pertinaces en agujero). Los que vamos de listos hemos creído durante mucho tiempo que la gota de los programas televisivos que basan su éxito en exprimir la parte más visceral y oscura de nuestras entrañas -incluyendo la mierda- se puede evitar sin tener que echar mano de un buen paraguas. Uno, ingenuo, cree que se aparta de la tubería que derrama el líquido corrosivo día tras día y ya está. Sin embargo, quizá no estemos ante una cantidad determinada de tuberías que gotean y que se pueden esquivar con mayor o menor pericia a lo Mario y Luigi. Me temo que nos están atacando con un aspersor y en la medida en que e...