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La maldita moda de este invierno (AKA La crisis nos hará más cálidos)

Ojo, a ti podría quedarte algo peor. Un día cualquiera de noviembre no tenía ganas de abstraerme en uno de mis inquietantes viajes en el metro y como no podía hablar con nadie, pues todo el mundo parecía muy ocupado dándole a las teclas de su smartphone, leyendo su ebook o tras unos auriculares gigantes, me dediqué a observar qué ropa llevaba la gente. Repetí mi estudio privado más veces durante la misma semana y hasta hoy, con ocasión de tres viajes a diferentes ciudades, creo que ya puedo arrojar resultados reveladores. Siento no contar con Excels ni gráficas de apoyo. Ha sido una tarea de observación intuitiva y requiere de la confianza del lector en un observador casi profesional. En Barcelona, mi principal base de experimentación, el invierno está pasando sin pena ni gloria. Por respeto y un poco por costumbre las playas siguen vacías, pero cualquier día podrían amanecer cubiertas de toallas y sombrillas.

Postureo o pastoreo (esa chica guapa que viste como una pordiosera)

Paseos elegantes en las Ramblas en tiempos de hambre. Qué sensación tan extraña me da repasar las imágenes de las ciudades, prácticamente cualquiera de Europa, en los años 20 y 30, y ver gente de toda condición con sus trajes elegantes, sus complementos, incluyendo un sombrero de ala ancha. Vestir bien aunque no se tenga una perra gorda. Cada cual lo mejor que puede. Sobre todo los hombres, porque por desgracia las mujeres se quedaban en casa o empezaban a llenar las fábricas. Estas imágenes en blanco y negro que, por supuesto, no representan a toda la realidad de aquella época ni a todos los grupos sociales están ahí: se pueden ver en multitud de documentales, reportajes, fotografías, etc. y el cine lo ha plasmado casi sin querer en multitud de títulos de la época.

Harlem Shake: no tiene gracia

Que sí, que montar vídeos con todo tipo de personajes disfrazados desmadrándose queda muy bien en Internet e incluso en la tele. De acuerdo, hay que desinhibirse de vez en cuando. También lo suscribo: la gente necesita echar unas risas. La realidad es demasiado cruda.