Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como salamanca

En una aldea de Salamanca

Si la carretera es pequeña, el camino que conduce a la aldea es escueto. Conviene alegrarse de que lo hayan asfaltado recientemente. El sol cae a plomo, A los lados amarillean los pastos. Sólo a lo lejos campan un grupo de vacas. Nada más. Antes de la aldea, un cementerio, el más pequeño que mis ojos hayan visto nunca. No esperan ampliaciones, pues en la aldea viven de seguido sólo seis personas. Censadas hay hasta una docena, porque así pagan menos impuestos de sus vehículos.

Reseña del campo charro

Soy un pueblerino de ciudad. Me he criado en el asfalto, entre solares yermos, y lo más parecido al campo han sido pequeñas huertas regadas con mucho esfuerzo. Al adentrarme en Castilla, de Valladolid a Salamanca, uno se pierde en la inmensidad ocre de la que tanta belleza extrajeron Machado, Unamuno y tantos otros. Esa sensación de que la naturaleza no ha dejado hueco sin rellenar: el campo de cereales, los árboles aislados, el horizonte lejano, etc. gira sobre sí misma cuando menos te la esperas y lo que sientes, de pronto, es la exposición al vacío.

En la casa de Unamuno

Primero entras en un salón. Hay puertas cerradas por doquier. La casa debe de ser una mansión, piensas. Y lo que ves en el salón es lujo. Sí, oscuro y de líneas sobrias. Castellano, pero lujoso. Los múltiples retratos de Unamuno habrán sido añadidos después, piensas. Nadie en su sano juicio podría vivir rodeado de tantos homenajes a su imagen.  Al cabo de unos minutos, te indican que subas a las estancias más íntimas del escritor. Accedes por una escalera enorme, lujosa, quizá de mármol. Y el lujo no te cuadra con la figura de Miguel de Unamuno.