Al menos a mí me pasa. A la que no duermo bien, me convierto en una especie de cafetera defectuosa llena de ruidos, con una plasta en el cerebro y una avería en el estómago. Respiro peor, pienso más lentamente y me encuentro más irritable. Sin embargo, suele ser un insomnio voluntario. Es decir, la culpa la tengo yo, porque todo el mundo sabe que:
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