Al hilo de la lectura de El secreto de Bretón, de Vicente Garrido, un ensayo-crónica que me ha parecido irregular porque juega con el lector hasta defraudarlo, pues no hay tal secreto, me surgen varias preocupaciones. La primera: ¿cómo se puede considerar, digan lo que digan los expertos, que José Bretón no sufre ningún trastorno psicológico ni psiquiátrico? Los expertos alegaron en el juicio que se trataba de una persona normal. ¿Cuántas personas normales conocemos capaces de asesinar a sus hijos y, al cabo de unos minutos, flirtear con una conocida? Ni siquiera lo etiquetaron como obsesivo compulsivo a pesar de que no toleraba que nadie tocar a sus hijos con las manos sucias. También pasaron por alto su intento de suicidio a los 24 años.
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