Nunca se queda igual, pero sana. Éramos novios. Los dos. Ni Ella más que yo, ni yo más que Ella. Los dos juntos por mucho tiempo. Qué buena pareja. Pues sí. Por fuera sí. Parecía que duraríamos muchos años. Pensaba yo entonces que lo importante era durar. Como si lo primordial fuera llegar a la meta. Todo el mundo sabe que lo importante es disfrutar del camino. Pues yo no lo sabía cuando era muy joven. La cosa iba mal entre los dos. En realidad nunca fue bien. Pero yo era cabezota. Muy cabezota. Y lo soy todavía.
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