Desde las elecciones del domingo pasado, en las que contemplaba una posible mayoría absoluta de CiU como el peor de los castigos a dos años nefastos, me he dado cuenta de que siempre sé contra quién voy. ¿Pero con quién voy? Pues no lo sé. Y lo mismo ocurre, por no salirme del tema, cuando voto en las elecciones generales. Que no salga el que más daño hace a mis intereses, hasta ahora el PP, ésa ha sido la única consigna. En política, con los tiempos corruptos que apestan el ambiente hasta hacerlo irrespirable, cualquiera diría que casi es comprensible. O incluso la única opción si uno se quiere mirar al espejo y reconocer sus orígenes, tan alejados de tantas cosas con siglas VIP y gente que no concibe un gintonic si no es con pepino, tónica Fever Tree y ginebra de más de 20 euros la botella.
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