lunes, 28 de febrero de 2011

Deconstrucción de un post o monólogo al aire (1 de X)

Querido weblog (o cuaderno de bitácora o blog a secas):*

Si nunca escribí mi propio diario por miedo a que mi madre se lo leyera aprovechando cualquiera de mis ausencias estudiantiles, ¿cómo leches voy a contarte mis secretos sabiendo que hay un público potencial de miles de millones de internautas?

De acuerdo. Mi madre apenas sabe qué es Internet, pero si se entera de que he abierto un diario, seguro que me envía un cargamento de pings cada diez minutos para ver cómo tengo la conexión. Ya me la imagino limpíando código, organizándolo todo en etiquetas o corroborando que no incluyo material para adultos.

De todas maneras, pensándolo bien, con todo esto de la red de redes, la red social, la alianza de civilizaciones, la globalización, etc. me siento más solitario que cuando, hace muchos años, esbocé mis primeros intentos de diario personal en una libreta. Claro que por aquel entonces ni siquiera teníamos móvil. Quizá por eso las palabras dichas con espontaneidad cobraban importancia. Ten en cuenta que no se podían tachar ni borrar ni rectificar con otro sms. Lo que se decía al viento perduraba hasta que la memoria quisiera.

Fíjate, webblog, o blog a secas, que con un par de clics la gente puede saber hasta qué cara tengo los viernes por la noche, algo impensable cuando escribía en las últimas hojas de las libretas de clase. Hoy en día cualquiera podría redactar mi biografía a partir de las tonterías que tengo diseminadas por Internet. Pero, de nuevo, ¿cuánta gente me conoce realmente?

Estoy convencido de que cuantas más verdades diga, más recelo causaré entre los lectores; cuanto más investigue para un artículo, menos interés tendrán en leerlo, y, cuantas más frivolidades me invente, más visitas obtendré.

Por eso, amigo blog, permíteme que nunca te tome en serio y, sobre todo, no dejes que publique nada que haría avergonzarse a mi madre. Para eso espero desquitarme, si la industria editorial lo permite, en los libros. Puede que se arrepienta de haberme parido al leerlos, pero al menos podrá presumir de hijo en la cola de la carnicería.

NOTA: Este post va sin foto ni negritas ni nada más que palabras a palo seco con la falsa pero sincera intención (jo ja m'entenc) de pasar inadvertido y, sobre todo, porque me ha dado la gana.

*Sé que este apunte va a despertar las antipatías de mucha gente, pero lo tengo que decir. Por favor, respetemos los dos puntos después de un saludo en una carta. En inglés siempre se ha utilizado la coma. En castellano, los dos puntos. ¿Por qué tenemos que unificarlo todo? Alguno dirá: la RAE admite las dos posibilidades. ¿Y a mí qué me importa? Insisto, ¿es tan difícil recordar algo tan simple? Otros dirán: ¿y qué más da? Vale, pues imagínate que mañana sale una ley que te obliga a cambiar el volante de lado y a circular por el carril izquierdo, ¿te haría gracia? La misma que a mí cuando recibo correos con el dichoso "Hola David,".

domingo, 27 de febrero de 2011

23-F: el agujero negro se expande (parte II, y final)

Se sabe que hubo un trama civil, pero sólo se detuvo a un tal García Carrés, un falangista que se comunicó durante gran parte del 23-F con Tejero e incluso Milans del Bosch. ¿Nos tenemos que creer que ese señor, con acceso directo a un general del ejército español, actuó por su cuenta y riesgo?

Resulta curioso también que de los 200 guardia civiles que entraron en el hemiciclo, a ninguno lo echaran del cuerpo. El reglamento lo permitía, pero no se hizo.

Suma y sigue. Muchos de los mandos militares sublevados no fueron condenados a pena alguna. A día de hoy la mayoría no se arrepiente de su participación.

El propio Tejero tenía un historial escandoloso (una ojeada a la Wikipedia basta para hacerse una idea) antes de saltar a la fama, pero nada evitó que siguiera ascendiendo en su carrera militar. Poco antes de poner en jaque a toda España intentó algo similar con la Operación Galaxia. Le cayeron sólo 7 meses.

Luego, durante sus 14 años de cárcel tras el golpe fallido, según los reclusos, disfrutó de numerosos tratos de favor. Ya en 1982 se permitió el lujo de organizar un partido de extrema derecha desde la cárcel: obtuvo casi 30.000 votos. Será porque su rehabilitación iba viento en popa que su condena a 30 años se aligeró con el tercer grado en 1993 y la condional en 1996. Al final, menos de la mitad de los años por los que fue condenado.

En el 2006 rompió su silencio con una carta al diario "Melilla hoy", que el resto de medios nacionales rechazaron. En la misiva adopta el papel de salvador de la patria y se dirige al rey acusando a Zapatero de la ruptura de España. Además, el colmo, se lamenta del peligro que corre la Constitución por el Estatut de Catalunya. Tejero, salvador de la Constitución. Si no fuera tan grave, casi me haría reír.

A pesar de que se nos intenta convencer de que el ex teniente coronel vive de forma discreta y se ha cultivado hasta el extremo de vivir de su arte, de vez en cuando se le ve en fiestas de guardar como el aniversario de la muerte del Asesinísimo Franco en el pabellón turístico de los fascistas, el Valle de los Caídos.

La realidad es que Franco murió en la cama y que sus seguidores han desafiado el estado de derecho y la Constitución sin que nada ni nadie les frene, excepto la muerte. Seguimos siendo un país de acomplejados. Vamos, que le tenemos pánico a la derecha. Seguramente se trata de un acto reflejo. Sabemos de lo que son capaces de hacer en el nombre de la patria. Su patria. Recordemos que todavía hoy los españoles subvencionan con sus impuestos entidades como la Fundación Francisco Franco. Aquí la extrema derecha vinculada al Dictador puede hacer y deshacer. Igualito que en Alemania donde todo lo relacionado con los nazis está prohibido. En este país, con la excusa de que Franco, estricto sensu, no fue fascista, uno puede ver como cualquiera enarbola la bandera del aguilucho sin que pase nada. Y no, eso no es ser democrático, eso es ser gilipollas, porque no conozco ningún otro caso de un país democrático que permita el culto a sus tiranos (todavía escribirá alguien en el blog que Franco inventó la Seguridad Social, que hizo muchos pantanos, que salvó a su país del famoso y ridículo contubernio, etc.)

Prometido, ya no hablo más de Franco, que me solivianto. Sigo con la crónica.

¿Cómo se ha tratado en televisión el trigésimo aniversario del 23-F? Sólo un dato: el 23 de febrero apenas dos canales, Telecinco y la 2, emitieron un programa especial. El primero, a un horario imposible, las doce y media de la madrugada, y el de la 2 no pudo ser más comedido, más aburrido, más protocolario. ¿Y cómo puede ser que las televisiones no aprovecharan el evento del día? Muy fácil: habían gastado toda su artillería durante la última semana y media. Con tal de adelantarse a sus rivales cansaron al espectador con sucesivos programas clonados de la competencia (algún canal incluso reemitió un reportaje de 2006).

En la prensa, la traca también empezó a arder demasiado pronto y para el fin de semana anterior al aniversario ya habían quemado toda su pólvora con la publicación de los extractos de las actas del Congreso de los Diputados.

Sin embargo, algunos medios no desaprovecharon la ocasión de mostrar su verdadero rostro. El diario ABC decidió utilizar una visita al pazo de Armada para... ¿tratar de esclarecer la verdad? Nada de eso. Prefirieron redactar una poética semblanza del viejo militar y Jovellanos, que al parecer se hospedó un tiempo en la mansión gallega. Verlo para creerlo. Atención al mimo con el que se trata al tiparraco que intentó convertirse en Presidente del Gobierno sin pasar por las urnas.

¿La sociedad española ha aprendido de sus errores? Éste es el comentario de una lectora a propósito de una entrevista a Armada: “Un caballero. Lo hecho, hecho está y no hay que reescribir la historia en los periódicos. Esta es la estirpe de hombres que estamos perdiendo. Es curioso como muchos de los grandes viven tanto tiempo. Me acuerdo ahora de Serrano Súñer, quien vivió hasta los 102”.

Por suerte, más arriba encuentro otro comentario: “ Ni el general Armada ni nadie: nadie dice nada, nadie sabe nada, nadie oyó nada. Este es un pais [sic] de fandango y opereta, pelacañas y tragaldabas, manso y de pescuezo duro, que traga con lo que le echen, mastica con la boca abierta, bebe vino barato y en vez de hablar, berrea”.

Y dejémoslo aquí, porque desde luego el panorama es como para echarse a temblar. Mejor retirarse a tiempo. Por mí que se queden con su España querida antes de que la vuelvan a bombardear. Por suerte, he viajado lo suficiente para saber que tan mal como en España no se vive casi en ninguna parte de Europa.

viernes, 25 de febrero de 2011

23-F: el agujero negro se expande (parte I)

Me leí en su día uno de los muchos libros dedicados al 23-F. Lo firmaba José Oneto. Recuerdo haber disfrutado como un enano a la espera de alguna conclusión esclarecedora. No la encontré. Hace un par de años devoré Anatomía de un instante, de Javier Cercas. Muy fácil de leer, todo en su sitio, pero, de nuevo, nada resuelto. Llevo ya quince días leyendo especiales de los diarios, viendo documentales sobre el fallido golpe de estado y hace un par de días descubrí en El País las actas que se tomaron el día de autos. Me las he engullido enteras (las partes publicadas, claro) en busca de alguna clave. Por supuesto, no he encontrado nada más que nuevas incongruencias.

En realidad, me he documentado más sobre el 23-F que sobre muchos otros temas que me afectan más en mi vida diaria: la mejor dieta, técnicas para leer con rapidez, educación emocional, cómo acertar en la Primitiva, etc.

Ya lo sé: eso nos pasa a todos. De todas maneras, si pudiera colocar en la balanza lo que he leído y visto sobre la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Civil junto a todo lo que he absorbido sobre Tejero y su “todos al suelo” me daría una sorpresa.

Dentro de poco, estrenan la película 23-F. El otro día revisé la serie de televisión de TVE, tan lograda como manipulada ideológicamente. Y durante estos días todos hemos sufrido un bombardeo de pretendidas novedades sobre el tema. ¿Decepcionado? Si esperabas que alguien te contara una porción de la verdad, andabas listo.

Me hace mucha gracia ver cómo todos los medios, sin excepción, se esfuerzan en recordarnos que a) el Rey no tuvo nada que ver con la planificación del golpe y b) no sólo no lo sabía, sino que se opuso desde el principio.

Con Milans del Bosch enterrado y con Tejero fuera del tablero de juego, todos los cañones apuntan al ex general Armada. Tampoco se trata de un blanco incómodo. El anciano de 91 años vive apartado en su pazo gallego y no cuenta con ningún apoyo. El resto del plantel, tanto oficiales como subordinados, apenas pagó el peaje de su osadía.

Por eso, nos han repetido la misma historia de siempre: Armada, el tutor del rey, estaba celoso por la incorporación de Sabino Fernández Campo a su antiguo puesto como Secretario General de la Casa Real. Por eso, y porque el Gobierno de Suárez había ido muy lejos con la legalización de los comunistas e incluso con la instauración del divorcio o la negativa a entrar en la OTAN, Armada y cuatro generales despiadados se vieron obligados a intervenir. España se hundía. ¿Te suena esta excusa? Fue la misma que usaron los franquistas para iniciar la Guerra Civil. La misma base seudohistórica en la que se fundamentan los libros de Pío Moa, César Vidal y su cuadra.

Hasta ahí la historia que conoces y la que te van a subrayar dentro de veinte años, cuando el golpe frustrado cumpla cincuenta años. Pero, ¿alguien se cree que Juan Carlos de Borbón no supiera nada del asunto? Tengamos en cuenta que parte de los servicios secretos estaba en el ajo. Algunos incluso escoltaron a los camiones de los militares para que no se perdieran por Madrid. ¿Cómo puede ser que nadie informara al Rey? La experta en el Vaticano, Paloma Gómez Borrero, contaba hace poco que una semana antes del tejerazo, un cardenal italiano le había advertido que la siguiente semana pasaría algo muy gordo en España.

A mí me parece que esto es de una simpleza insultante. Me recuerda a las vueltas que se le dio (y algunos aún le dan) al señor X del Gal. Por favor, un poco de seriedad. ¿Cómo no lo iba a saber González? ¿Desde cuándo los ministros se juegan el cuello por amor al arte?

Siguiendo el mismo razonamiento. ¿Por qué todos esperaban la adhesión del Rey si éste, en teoría, no sabía nada del golpe? ¿A santo de qué los "soldaditos" de Tejero advierten que no hay que disparar a los “nuestros” aludiendo a algunos diputados? ¿Cómo se atrevió Milán del Bosch a sacar los tanques en Valencia si no tenía la seguridad de que le iban a respaldar? Y, sobre todo, ¿cómo narices se puede hacer un juicio sin que se recuperen las grabaciones de todas las conversaciones efectuados desde el Congreso de los Diputados? Alfonso Guerra afirma que se grabó todo, pero que nadie ha encontrado jamás esas cintas.

Ojo, con mi razonamiento no quiere convencer a nadie de una tesis concreta. ¿Cómo demonios voy a saber yo qué ocurrió en realidad? De lo único que estoy hablando es de que la versión oficial del 23-F, como la del caso GAL, no se sostiene. No tiene lógica. Hace aguas por demasiadas partes.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Otra vez con el discurso del rey: la globalización y sus consecuencias

Ya traté este film en un post anterior, pero es que me están buscando las cosquillas.

Cuantas más valoraciones positivas leo de esta película, más entiendo que mis críticas de cine no hayan llegado a ninguna parte. Si ésta es la mejor película extranjera estrenada en España (según los Goya), la favorita de los Oscar, la triunfadora en los BAFTA y suma y siguie, significa que no tengo ni puñetera idea de cine.

A mí me parece una película correcta. Es decir, todo está en su sitio. Los personajes bien interpretados, los tiempos medidos para no aburrir y una ambientación lograda a pesar de que no cuenta con un superpresupuesto o, al menos, con la cantidad de dinero que suelen invertirse en las películas de época.

Sin embargo, la historia, lo que se cuenta en el film, carece de sorpresas y, eso para un servidor, es un lastre que pesa durante todo el metraje y que, al final, te deja con un sabor amargo.

Ideológicamente, no he visto película más amable con la monarquía británica. Nada que ver con "The Queen", por ejemplo.

Colin Firth y Bonhan Carter están bien, pero es lo habitual: normalmente superan con nota sus trabajos por flojas que resulten las películas que interpretan.

Por supuesto que Geoffrey Rush se sale en su papel, condenado a priori a no brillar demasiado, pero, de nuevo, es lo habitual en uno de los mejores actores del mundo.

Hay otro asunto que me preocupa: los académicos que le han dado el Goya... ¿la habrán visto en versión doblada? Porque en ese caso deberían sentir mucha vergüenza. Verla en otra lengua que no sea la suya original, el inglés, debería estar penado por la ley.

En definitiva, una película bien rodada, bien montada, bien ambientada, mejor interpretada y que sólo tiene un mérito sobresaliente, el que triunfa en nuestro mundo globalizado, que no disgusta a nadie. Y en el fondo creo que es lo que más me molesta del éxito de El discurso del rey, pues últimamente (aunque ya pasó con Titanic, por citar un ejemplo), se sube a los altares únicamente a las películas que no incordian.

Lo peor del caso es que esta epidemia de darle al premio a la obra menos mala afecta a la literatura, la música y, en general, a todos los artes que cuentan con un público mayoritario, capaz de desterrar los criterios de calidad por la democracia, que en política puede estar muy bien, pero en el arte casi nunca me convence.

ATENCIÓN: AQUÍ TE CUENTO PARTES DE LA PELÍCULA (en inglés, spoiler)

¿Quién no sabe desde el primer minuto que el "pobre" aspirante a príncipe tartamudo superará al final de la película sus dificultades? ¿Quíén no se espera la presencia de un maestro?

Lo que no me esperaba es la insoportable candidez de casi todos los personajes, excluyendo a los antagonistas, que casi no oponen resistencia y quedan desdibujados como un borrón.

El guión, para cualquiera que haya leído un par de libros sobre el tema, funciona con cronómetro. Los cambios de timón de la película vienen forzados por los guionistas para que nadie se aburra, no porque lo exija la historia. Así se entiende que de buenas a primeras el joven rey mande a hacer puñetas a su mentor, aunque, de nuevo... ¿quién no sabe que se van a reconciliar?

martes, 22 de febrero de 2011

A quién tanto quise... ¿pero de verdad la quise? Pero, ¿qué es querer?

Lo confieso: tuve una relación muy larga y no sé si realmente la amé más allá de una quinta parte del tiempo que estuvimos juntos. De lo que no cabe duda es de que ella me quiso menos. Si no, no me habría dejado por el primer tonto que pasaba por allí.

De todas maneras, voy a teorizar. De modo que dejaré el observatorio interplanetario de mi ombligo para otro día.

En el amor, cada uno quiere como es. Es decir, los cerdos se aman como cerdos que son, con sus gruñidos y su tosquedad, y los mosquitos, lo mismo, agitando las alas y con su zumbido molesto, pero, ¿qué ocurre con los humanos?

Precisamente, la gracia del asunto es que los humanos, a pesar de que, por cuestiones genéticas, no nos separemos demasiado de las lombrices, nos diferenciamos de los (demás) animales en un hecho sustancial. No me refiero al raciocinio, a la capacidad para reírse ni al lenguaje. Me refiero al libre albedrío. Nosotros podemos decidir nuestro concepto de amor separándolo casi tanto como queramos del puro instinto sexual (unos más que otros), que es donde empieza todo.

Por supuesto que el amor es un invento, pero liberado de toda servidumbre cortesana, no tendría por qué ser un mal invento. Cuesta, sin embargo, creer que cada uno de nosotros pueda amar de forma totalmente voluntaria y autónoma, esto es, sin soportar el peso de la larga tradición cultural, los prejuicios heredados por la familia y los condicionantes religiosas, sociales, etc.

O sea, que cada persona amará a otra, u otras, a su manera, pero dentro de un alambicado sistema de condicionantes del que pocos seres humanos serán capaz de salirse del todo. Bien pensado, quizá sea imposible, porque, ¿qué es una transgresión sino una forma de peaje a la propia norma? Me explico: hacer lo contrario de lo que se nos exige no tiene por qué significar que hacemos lo mejor para nuestros intereses ni lo que realmente nos emociona o nos parece mejor. Es simplemente una reacción en contra del status quo, que consideramos perjudicial o injusto.

Con todo lo anterior esbozado, que algunos escritores dedicados a la autoayuda amplían y adornan hasta llenar las doscientas páginas de sus libelos, deduzco que es imposible aseverar, como se hace tan a menudo, que uno de los amantes quiere más al otro.

“Con lo que yo te quise..”. se lamentan los enamorados una vez roto el conjuro que les unían en un paréntesis temporal con la ilusión del infinito a un ser idealizado. Pues lamentablemente no nos podemos quejar de haber derrochado amor como tampoco podemos acusar a nadie de haber escatimado este sentimiento tan etéreo. La razón es muy simple: cada cual ama como es, y pocas personas controlan todos sus sentimientos, si es que existe alguna.

Sin embargo, como somos personas y no animales, tenemos derecho a racionalizar los conflictos amorosos y a sacar conclusiones en un plano humano, lejos de sortilegios y de cuentos de princesas y castillos. De esta manera, uno puede lamentarse, con razón, de haber sido más educado, más leal, más limpio y más lo que quiera que su pareja, pero también, ojo, menos posesivo, menos egoísta y muchos otros “menos”, que al final acaban sumando más.

En definitiva, creo que todo lo que se le puede achacar a un viejo amor dañino es su falta de humanidad. Si se lió con el vecino, quizá fue inevitable. Sin embargo, nada puede excusarle de no habérselo pensado dos veces, de haberte engañado durante semanas o de haber jugado a dos bandas por cobardía.

Por lo mismo, si crees que has querido menos a tu pareja, quizá debas dejar la culpabilidad a un lado, porque al fin y al cabo querer tiene mucho de involuntario; en lugar de eso, tal vez te convenga más analizar si te has comportado como una buena persona (según tu concepto de buena persona).

Yo, que tanto quiero y querré, prefiero guiarme por criterios éticos en los que cabe enamorarse de otra persona, equivocarme en muchas decisiones, bajar el listón de autoexigencia en la relación y otros muchos errores; pero sé lo que no me puedo permitir: hablo de la mentira, la violencia y el abuso, conceptos todos ellos que, como sucede en el amor, parten de uno mismo, pero que a diferencia de los sentimientos se pueden cultivar y practicar... o no.

En mi caso particular, para los que les va el morbo, creo que me equivoco en tantas cosas en mis relaciones sentimentales que nunca soy consciente ni de una pequeña parte. Pobrecito... No, no voy por ahí: quiero decir todo lo contrario. No putea más el más cabrón, sino el que más putea. Y yo, que siempre he querido ser una buena persona, ostendo varios récords en hacerle la pascua a casi todo el mundo que he querido (en el más amplio espectro del verbo). Y volvemos al principio: al observatorio interplanetario de mi ombligo, quizá mi lugar en el mundo.

domingo, 20 de febrero de 2011

Mi lista de actrices y actores españoles en activo

A todos nos gustan las listas. Supongo que es una forma fácil y rápida de contrastar nuestros gustos con los de los demás. Además, si la lista sale publicada en un medio que nos inspira confianza, o sale de la mente de alguno de nuestros tótems culturales, las listas nos dan seguridad.

He querido hacer una lista de mis actrices y actores favoritos que trabajan en la actualidad y que tienen en común la suerte o desgracia de haber nacido en España.

Me referiré a actores de cine y el orden de los nombres no obedece a ningún criterio más que el que la inspiración me dicte. A propósito, no me veo capaz de ordenar en una lista mis gustos sobre el trabajo de otras personas, como si de alguna manera tuviera un método científico para clasificarlos. Por eso no pienso hacer trampas. Ya tienes las revistas para estos menosteres.


Juan Diego: se le ve poco como protagonista. Aunque, bien mirado, ¿cuántos actores de más de cincuenta años protagonizan alguna película interesante en España? Sin embargo, casi siempre lo borda, y mira que le han dado papeles malos.

Carmelo Gómez: empieza a pasarle el síndrome Imanol Arias. Como ya no da la talla como galán treintañero, se empieza a quedar sin trabajo. Una lástima porque pocas interpretaciones se recuerdan tanto como las suyas. ¿Viste La noche de los girasoles? Pues eso.

Emma Suárez: por asociación de ideas. En cuanto pienso en Carmelo, me viene a la mente Emma. La verdad es que ella siempre está bien y puede interpretar mujeres de muy diversas edades sin problemas.

Maribel Verdú: ha trabajado tanto y en tan pésimas películas, que nos hemos acostumbrado a su presencia. Además, arrastra la maldición de haber protagonizado sus mejores películas cuando todavía era muy joven. Sin embargo, pocas veces decepciona.

Luis Tosar: caballo ganador en todo proyecto en el que se embarca. Con otro físico ya habría desbancado a Antonio Banderas en el panorama internacional. Se mueve bien en la piel de cualquier personaje después de muchos años de interpretar al vecino de enfrente.

Javier Bárdem: inmenso. Ha experimentado una progresión casi milagrosa desde sus primeros trabajos con Bigas Luna. No se le resiste ningún género ni ningún papel. Lo mismo te conmueve con su Reynaldo Arenas o te hace sufrir como psicópata en la estupenda No es país para viejos.

Laia Marull: inexplicablemente esta grandísima actriz aparece y desaparece del panorama cinematográfico. Debería estar trabajando los 365 días del año para su desgracia y para suerte de los espectadores.

Imanol Arias: como el siguiente de la lista, se lo ha comido la televisión. Ese monstruo no perdona y suele acabar con las carreras de los mejores actores a cambio de unos honorarios estables.

Antonio Resines: ídem que el anterior, sólo que Resines cuenta con más registros que Imanol Arias. No lo digo yo, sino su filmografía.

Pilar López de Ayala: no es santa de mi devoción, pero qué le vamos a hacer... si es que es muy buena actriz. En las películas de época se sale. Y sabe llevar el peso de una película.

Eduard Fernández: otro que me cae gordo, seguramente porque casi siempre le toca interpetar a tipos antipáticos. Con todo, hay que reconocerle su buen hacer en todo lo que toca.

Lluis Homar: ya es un clásico, con mucha experiencia en las tablas, pero rescatado para el cine gracias, seguramente, a la mano de Almodóvar.

Lola Dueñas: le pasa como a las mejores canciones de Dire Straits- Hay muchísima gente que no sabe quién demonios las toca, pero a casi todo el mundo le gustan. Digamos que se trata de una habitual gran desconocida.

Álex Brendemühl: gran fuerza dramática. Ha hecho humor, sobre todo en teatro, pero no me gusta tanto como cuando interpreta a personajes perdidos en el paso de los días. Recomiendo ver "Yo", un film diferente y complicado de encontrar.

Óscar Jaenada: camaleónico, contenido o histriónico. Lo que le pida el papel. ¿Se puede pedir más?

Ingrid Rubio: otra actriz que, a fuerza de verla en muchísimas películas (ahora ha bajado el ritmo) nos ha acostumbrado a su forma de hacer, que es casi siempre excelente.

Podría seguir, porque uno no puede dejar de pensar en Carlos Hipólito, Emilio Gutiérrez Caba, Concha Velasco, Carme Alonso, Veronica Forqué, Carmen Maura o José Luis Gil. Pero, de alguna manera, la mitad de los que acabo de citar se reparten entre el teatro y la televisión; más de dos tercios se ha metido en un agujero negro para el espectador de cine, aunque algunos todavía los recordamos. Parece que el séptimo arte les ha dado la espalda. Y ya dije al principio que intentaría hacer una lista de actrices y actores de cine que trabajen asiduamente (con la excepción de Arias y Resines, pero, ¿cómo dejar de nombrarlos?)

Tengo que reconocer que me ha salido una lista demasiado conservadora, muy poco fresca. Es verdad, pero no puedo fingir que me entusiasman los nuevos actores que llegan al cine vía televisión. En primer lugar, porque los proyectos en los que se embarcan me gustan tanto como el pan congelado. Y, en segunda instancia, porque me veo incapaz de seguir series como El internado, Aída, Águila roja y un largo etcétera. No digo que todas las series españolas que se emitan actualmente sean malas, sino que no me interesan.

No me cabe en la cabeza incluir a gente como Paco León o Fernando Tejero, por mejor que me caigan, por más películas que interpreten. Tal vez con el paso del tiempo. De todas maneras, yo no creo que estén a la altura de ninguno de los que he citado en la lista. Más potencial veo en actores emergentes como Quim Gutiérrez, pero es muy pronto para lanzar las campanas al vuelo.

Otros actores más veteranos como Alberto Sanjuan te dan una cal y otra de arena, al igual que le sucede a Antonio de la Torre, Adriana Ozores o Alberto Jiménez. Suelen estar bien, pero de vez en cuando te defraudan. Aunque para ser francos, los que creo que defraudan son los proyectos en los que se embarcan. Es lo malo de no tener una industria cinematográfica en España, al contrario de lo que sucede en Francia, que el talento de intérpretes, realizadores y guionistas queda a la intemperie del azar o de criterios muy difundidos en España: el amiguismo, la picaresca de las subvenciones y otras costumbres patrias.

Puede que se me haya olvidado alguien, pero no pienso incluirlo más tarde... De esta manera conservo el artículo con la frescura que le quería dar de entrada, aunque si la repaso, me parece un elenco de actores digno de Garci, de lo más conservador, como dije antes. No cabe duda de que se han quedado fuera del filtro multitud de secundarios que me encantan, pero de los que apenas recuerdo sus caras (estoy pensando en el actor que sale en Los lunes al sol y que en El bola interpreta al padre maltratador. Lo podría buscar y quedar bien. No, eso sería ortopédico, periodístico, pero ficticio).

Otro factor que influye es la calidad de la película: si creo que un film me va a defraudar, directamente trato de evitarlo y eso en el cine español pasa demasiado a menudo. Por eso me puedo estar perdiendo jóvenes actores y actrices cargados de talento, pero en manos de los guionistas y directores chapuceros de siempre, los que viven de las subvenciones, los que se creen divos, aquellos que han sabido a qué árbol político arrimarse o los que se equivocaron de oficio. De ésos ya hablaré otro día, antes de que me entre urticaria.

viernes, 18 de febrero de 2011

Hablemos de otros blogs, incluido éste

Últimamente me he dedicado a leer otros blogs, porque uno de los muchos peligros que acecha al escritor, como al orador que acaba por no escuchar, es no leer lo que otros publican.

Ya sé que llamarme escritor puede venirme grande, y que visto lo visto por la Red a otros incluso les puede parecer una broma, pero déjame que me autodefina como me dé la gana, que ya habrá quien se invente sus razones para descalificarme.

Decía que he estado leyendo blogs y me he encontrado con tres o cuatro tipos de publicaciones bastante popularizadas.

En primer lugar, la más común, la de la persona que se apunta a esto de los blogs por deporte, aburrimiento, etc. y no pretende nada más que lanzar mensajes a sus cuatro amigos, practicar sus faltas de ortografía o matar los tiempos muertos en la oficina.

Luego está el reverso de la moneda: aquellos que cuidan su blog como un huerto milagroso y en el que exhiben lo mejor de sí mismos en la presentación, los textos, etc. Se deben a sí mismos y no se percibe un deseo de autopublicitarse. La sensación que queda en el lector es que se trata de personas incapaces de emprender una tarea sin que se cumplan unos mínimos, ya sea informativos, artísticos, etc. (dependerá del blog).

Los blogs más fáciles de identificar son estos que se incluyen en un ramillete corportativo que toca varias temáticas. Los blogs están asociados entre sí y en cada uno trabajan (por una miseria) varios redactores que compiten por lograr escribir el máximo de artículos (porque cobran por cada pieza). Detrás suele haber mentes preclaras que se apuntaron al carro de los blogs con visión comercial cuando el resto de la gente pensaba que realmente eran diarios personales. Se alimentan de la publicidad, por supuesto, y se deben a no pocos intereses (cuanto más visitas reciben, más atadas tienen las manos).

Por último, existen los blogs en los que el autor (a veces, son dos o tres personas con un mismo fin) se autopromociona y se autoproclama especialista en uno, dos o tres temas como máximo. Su finalidad, se ve a las claras, no es otra que utilizar el blog como trampolín para trabajar en algún medio de prensa especializado o en otro blog renumerado. Tampoco faltan los que tienen como prioridad ensanchar su ego a lo largo de este mundo internauta cada vez menos ficticio, pero siempre, digan lo que digan, virtual.

Según esta somera, insuficiente y, tal vez, descarada clasificación, ¿dónde se ubica este blog? Pues, ya que me gusta ser sincero, o mejor dicho, ya que me cuesta no serlo, te diré que coge elementos de todos, menos de los asociados, porque aquí el único que escribe es el que firma y de momento no he visto ni un céntimo de euro.

Tengo muy claro que escribo, en primer lugar, por necesidad física; vamos, para que no me entre el mono. Y también soy consciente de que me encanta que mis textos sean leídos, que no es lo mismo que decir que me encanta que me lean a mí. No me estás leyendo a mí, recuérdalo, estás leyendo un texto que, por cosas de la vida, salió de mi puño y tecla.

Puede que en el fondo haya un deseo de trascender, pero la realidad, nunca lo negaré, es que mi único deseo profesional sería pasarme la vida laboral que me queda escribiendo, porque, de todas las cosas que puedo hacer es la que más me satisface.

¿Y qué pasa con la calidad del blog? Bueno, los que esperen un diseño mejor, fantásticos vídeos, fotos originales, etc. no lo van a encontrar aquí si no es por casualidad. Incluso, aunque me he dedicado a la edición de textos, me reservo el derecho a puntuar mal de vez en cuando y colar alguna falta de estilo e incluso sintáctica u ortográfica (no adrede, sino por las prisas).

Tampoco usaré reclamos como los temas de moda, el sexo, los famosos, etc. a no ser que lo necesite para expresarme.

En realidad, a este blog le ocurre lo que a mí (y lo que le pasa a la mayoría de la gente que quiero). Es muy simple y complicado a la vez: se trata de andar a tientas, sin disímulo, pero con muchísimas ganas de acariciar fragmentos de esa gran verdad que nos falta a todos para cerrar los ojos, suspirar, sonreír y decir en voz alta: "ahora sí".

jueves, 17 de febrero de 2011

Mi credo compartido parte II (y última)

Creo que deberíamos tomarnos una semana de furia al mes, de tolerancia cero. Creo que deberíamos apagar el televisor en cuanto las noticias nos hablen de un oso en algún estado del norte de los Estados Unidos como si fuera una información reseñable. Creo que deberíamos dejar de comprar el diario en el momento que se nos tergiverse la realidad, en cuanto conviertan una derrota en una victoria o viceversa. Creo que deberíamos dejar de votar en cuanto sepamos que nos han engañado. Creo que deberíamos mandar a la porra a los ecologistas por convencernos de que el papel reciclado resulta menos contaminante y a los bancos, sobre todo a estos, deberíamos aplicarles viles garrotes, porque nos atan el cinturón al cuello con la excusa de una crisis mundial y, sin embargo, repiten beneficios económicos cada año.

Tolerancia cero, también, con la vivienda de propiedad, porque es una burrada que un piso de mierda no se pueda pagar hasta la vejez y que, para colmo, de un día para otro cueste casi el doble.

A la mierda, incluso, los teléfonos móviles con sus aparatos programados para romperse al año y medio de uso, sus complicadas tarifas y, sobre todo, su pacto para no bajar los precios nunca y su plan diabólico para que no podamos salir de casa sin un teléfono en el bolsillo (integrar GPS, Facebook, etc.).

Diré no, durante una semana, a cualquier forma de publicidad, porque no me gusta que entren en mi casa sin avisar y menos si me van a intentar vender cualquier tontería con mentiras sobre las que, después, no piensan alegar ninguna responsabilidad.

Al diablo con el fútbol, la religión, el pacto de las civilizaciones, el comunismo, la globalización, el nihilismo y cualquier ente que me quiera encasillar primero y destruir a continuación, porque ya sé que para matar a todo un rebaño el primer paso es reunirlo en un estrecho cerco y, si se quiere hacer con cierta elegancia, distraerlo con cualquier chuchería antes de asestarle el golpe.

No creo en discursos como éste, porque parecen la típica parrafada rabiosa de un insatisfecho, perdedor o amargado. De todas maneras, tengo una noticia: es muy simple. Se trata, ya que el ser humano no puede evitar mentir, como no puede evitar robar y matar, de condenar la mentira. Sí, es realmente simple, hay que penalizar las mentiras que nos perjudican.

Tenemos que implantar (recuerda, gobierna el pueblo, no ellos) una pena según el nivel del mentiroso, que es lo mismo que decir que hay que penar la mentira según su gravedad. De tal forma que si un presidente de gobierno miente, tendrá que ser cesado inmediatamente. Si una institución miente sistemáticamente, tendrá que cambiar sus estatutos, refundarse o desaparecer. Si un anuncio de la tele me miente, tengo derecho a que los ideólogos de la mentira me paguen el tiempo, el dinero o la ilusión perdidas.

Y, por favor, si crees que el que esto escribe no tiene propuestas reales, que se limita a brindar al sol, entonces tendrías que leerte el código penal para descubrir cuántas sanciones surrealistas enmarcan nuestra vida, como por ejemplo, quemar fotos de una persona.

Por supuesto que sé que nunca se aplicará esta idea que solucionaría tantos conflictos. Aunque necesitarás implantarme un comecocos en mi disco duro para convencerme de que pido una utopía. Te puedo contar hechos más increíbles que han sucedido en todo el mundo, a pesar de que nadie se lo habría creído muchos años antes: los asesinatos por parte de los servicios secretos de dirigentes elegidos democráticamente, el exterminio nazi, la invasión de Afganistán, la voladura de las torres gemelas o algo tan cercano y aparentemente “normal” como que en Madrid y la Comunidad Valenciana, regiones especialmente castigadas por el franquismo, la gente vote en pleno uso de sus facultades mentales y con toda libertad al partido heredero de los franquistas, el PP.

Claro que tal vez creas que los libros de historia siempre cuentan la verdad y puede que incluso hayas ojeado alguno en la mesa de novedades de tu librería que afirma, sin cortarse ni un pelo, otra mentira más, que el alzamiento franquista fue inevitable. Como la crisis, como la depresión generalizada, como la contaminación del planeta, como las desigualdades sociales...

Si es así, me gustaría no creer en ti, pero, qué le vamos a hacer, creo que existes, porque sin tu generosa participación, todos los que te manejan a ti y a mí, los que nos postergan a una vida en la penumbra, no se saldrían con la suya.

martes, 15 de febrero de 2011

Mi credo compartido parte I

Creo en la política, e incluso en la democracia parlamentaria, porque ni el comunismo ni el anarquismo son posibles mientras seamos como somos, y porque ninguna dictadura puede ser blanda ni justa ni popular ni menos mala: la dictadura es un tipo de esclavitud muy poco sutil para los tiempos que corren.

Sin embargo, no creo en Zapatero ni su PSOE, ni en Rajoy y su PP, ni en Rosa Díez ni en Cayo Lara ni en Barack Obama.

Creo en el capitalismo salvaje, porque es demasiado grosero como para obviarlo. Pero lo detesto, como detesto casi todos los comportamientos que tenemos en común con los gorilas, las ratas y las avispas (y, en general, con todos los bichos que me recuerdan demasiado a nuestra especie).

El gorila se enfurece sin motivo aparente y es capaz de destrozarte con sus propias manos; la rata invade todo el espacio posible y esparce su rabia, y roe hasta el último grano de trigo. En cuanto a la avispa, es caprichosa, inútil, dañina. Y nosotros podemos ser y hacer todo eso al mismo tiempo. Sólo necesitamos a alguien que alimente nuestra “animalidad”.

No creo en el FMI, la Unión Europea, la OTAN, la ONU y todas las instituciones que pretenden defender mis derechos por el bien de un grupo de naciones, porque, aunque sé que existen, sé también que estos organismos no tienen más legitimidad que cualquier banda de cuatreros del viejo Oeste. En ese sentido, los considero una mentira infame. Las mentiras las encajo mal, pero no me las suelo creer si me las cuentan del mismo modo una y otra vez. ¿Estados Unidos y China tienen derecho a veto en la ONU? Eso ya no es una mentira, es cinismo, humor muy negro.

Creo que la gente, en general, no es feliz. Me parece, también, que todo se está enredando de tal forma que los psicólogos niegan que se pueda ser feliz. Para ellos, la felicidad puede constituir un estado, con lo que el castellano debería sancionar el uso del verbo ser con el adjetivo feliz, porque al parecer estamos ante un contrasentido. Pues parece que nadie puede “ser” feliz. Tan sólo estarlo.

No creo que la ansiedad, la depresión, el estrés, la abulia, la falta de iniciativas, el parón creativo en todas las artes y el estancamiento de la humanidad y lo humanitario sean pandemias de los nuevos tiempos, sin más, al igual que la peste negra azotó a las mujeres y hombres del medievo.

Creo que hay demasiado interés en fomentar historias absurdas de conspiración, al mismo tiempo que se denuncia una creciente “conspiranoia”, para que el señor Rockefeller, Estados Unidos, el FMI, la Unión Europea, el PSOE o el PP y tu banco favorito te releguen a un mundo gris, sin esperanzas de peso, donde las metas sean una porquería materialista y futil, pero tan deseables como inalcanzables.

No creo que a ninguno de los amos del planeta Tierra les interese que seamos (si acaso que lo estemos cada mucho tiempo) felices. Creo que, además, la mayoría de nosotros tenemos una resistencia muy limitada a la frustración y al enfado y acabamos por conformarnos cuando no terminamos por sucumbir ante tanta mentira divulgada con imágenes (incluso en 3D) y efectos de sonido por cientos de vías de comunicación que parten de una misma fuente.

¿O de verdad creías que todos los programas de noticias ofrecen los mismos contenidos por falta de imaginación? Simplemente, todos beben del mismo manantial envenenado.

Continuará...

domingo, 13 de febrero de 2011

Al PP no le interesa el fin de ETA (actualización: al PSOE tampoco)

Ya sé que el titular puede resultar ofensivo para muchas personas, pero entonces significa, alegra esa cara, que no eres un dirigente del Partido Popular. Tienes una ideología aparentemente liberal y te consideras una buena persona, cabal, como casi todo el mundo incluidos los dementes. Hasta ahí vas bien. Me alegro por ti. Sin embargo, la realidad se impone, amigo.

Me da un poco de pereza explicarlo todo de manera ordenada y lógica, pero no hay otra manera de convencer a las personas cargadas de prejuicios. Por supuesto, como a mí no me gusta el PP ni lo que representa en realidad (ya he comentado muchas veces su estrecho vínculo con el pasado franquista y el presente capitalista salvaje), se supone que tergiverso la verdad para lanzar mierda, con perdón, sobre el partido de Aznar.

No digo ni que sí ni que no. Que tu cielo me juzgue si es preciso. Lo que dice el PP, a través de todos sus portavoces, es que los batasunos no irán a las elecciones, hagan lo que hagan, y, además, censuran cualquier atisbo de diálogo con ETA (como si el gobierno de Aznar jamás hubiese hablado con los terroristas).

En definitiva, estos dos principios inamovibles del PP representan una voluntad de rechazo a la negociación, siempre necesaria para alcanzar un acuerdo, por más que una de las partes se sienta más legitimada que la otra.

Es decir, que si no se deja ninguna vía abierta al diálogo, el PP sólo deja una salida. En realidad, deja dos, pero la que ellos venden me temo que es falsa.

Empecemos por la falsa. Así, sin pensar, a vuela pluma, uno puede interpretar que, como el PP sabe que los batasunos en su mayoría son perversos y ETA es una banda criminal (coincido en lo segundo), sólo por obviarlos, hacerles el vacío o amordazarlos, van a desaparecer o, más ingenuamente, se van a pasar al lado de la luz, de la democracia, y siendo aún más ilusos, incluso al españolismo, al catolicismo de Madrid vía Roma y al juancarlismo (el de los marquesados futbolísticos y la censura de los desmanes de su prole real).

Vaya, una hipótesis tan improbable que se parece mucho a una mentira encubierta. Lo que nos queda, pues, es la otra alternativa, la realista. Si el PP se saliese con la suya, y más del diez por ciento del electorado vasco se quedase sin representación en las urnas; dado que se trata de un sector muy activo de la población, tendrían que expresarse de cualquier otra manera. Ya no me corresponde a mí especular de qué formas. Supongo que habrá militantes tan diversos como para rellenar toda la gama posible, desde las ofensivas violentas a la desmoralización absoluta.

En cualquier caso, estaremos de acuerdo en que el porcentaje de batasunos “convertidos” sería escaso. Más bien todo lo contrario. ¿Y por qué deberían dejar de pensar como piensan? ¿Acaso no están en democracia? Otro asunto sería si viviéramos una dictadura en la que el miedo se impusiera a sus ideales y, para subsistir, acabaran por desistir. Entonces, se les derrotaría, pero no se les convencería. En cualquier caso, hablaríamos de un estado de guerra factual, ¿veis la relación?

Por otra parte, renegar del diálogo con ETA, sólo lleva a un doble camino paralelo al anterior, aunque con consecuencias más trágicas. En primer lugar, podría dar lugar a su disolución por agotamiento, que es posible, pero no por la decisión del PP, sino por todo un maremagno de acontecimientos que desbordarían este artículo. De todas maneras, estaremos de acuerdo en que siempre quedaría la semilla, las brasas, el germen, como se le quiere llamar, de un descontento furioso. La historia nos ha enseñado que es muy complicado extinguir un incendio, pero muy fácil avivarlo.

La otra consecuencia lógica, dado que una de las partes no quiere negociar, es que el conflicto siga abierto.

Por eso he dicho en el titular que al PP no le interesa el fin de ETA. Si me equivoco en mi razonamiento sólo me queda una interpretación: los ideólogos del PP siguen siendo los mismos estúpidos que trataron de mentir a toda España con la negación continuada de la implicación de Al-Qaeda en los atentados del 11 de marzo en Madrid.

Podría ser, pero no me lo creo. En aquella ocasión actuaron a la desesperada. Se jugaron el dinero que no tenían y perdieron por una sencilla razón, porque Aznar ya había cavado la tumba del partido muchos meses antes. Por tanto, no me cabe otra suposición que considerar que el PP sabe lo que se hace cuando Dolores de Cospedal niega el derecho a presentarse a las elecciones de la izquierda abertzale y se opone a negociar con ETA. Esto es, seguir con el conflicto abierto para tener un enemigo odiado por todos y disponible las veinticuatro horas del día y todos los días del año.

Actualización, 13 de febrero de 2011: Una vez escuchadas las palabras del didáctico Rubalcaba (que habla como si todos fuéramos tontos), al PSOE tampoco le debe convenir el final de ETA porque harán todo lo posible para ilegalizar el nuevo partido de la izquierda abertzale. Dicho queda, pero, ojo al peligro: si PP y PSOE no quieren que algo ocurra en este país, NO OCURRIRÁ.

sábado, 12 de febrero de 2011

La merienda de negros de los Goya

El domingo, la gala de los Goya. Probablemente se acaben recordando como los Goya de la vergüenza, porque estoy convencido de que su presentador, Andreu Buenafuente, sacará los colores del excelente realizador, pero pésimo político, Álex de la Iglesia.

Sin embargo, lo peor del caso es que no hay emoción en este reparto de medallitas entre amiguetes. Apenas cuatro películas acapararán todos los premios (más triste resulta todavía que no se me ocurra ninguna alternativa. Bueno, en cualquier caso, es triste para el cine español). De todas maneras, voy a repasar las cuatro películas para ver si coincido con algún lector cinéfilo en mi somero análisis.

Por un lado, Pa negre, la fea del baile, aunque se trate de una película preciosa. Se llevará el premio de los puristas, pero también de los amantes del cine con mayúsculas. Como desconozco de qué pie cojean los miembros de la dividida academia de cine... supongo que tendré que sacar las conclusiones por inducción, no por deducción. Cuantos más premios se lleve Pa negre (ahora conocida como Pan negro) más puristas, pero también más estetas, serán los académicos.

Balada triste de trompeta. Como es la favorita, tiene todos los números para darse el batacazo. Además, qué feo quedaría que los amigos del señor de la Iglesia le dieran sus votos. En cualquier caso, la duda es: ¿le quedan muchos amigos al bueno de Álex? Para mí se trata de una película muy irregular. Le sobra media hora y a su guión le faltan unas semanitas de cocción. A su favor, es valiente, imaginativa y, por momentos, vertiginosa.

En cuanto a Buried, mucho me temo que estamos ante la típica película infiltrada de casi todos los años. Se vende como un film español, pero no representa a la no-industria de este país. Como película, un tour-de-force del realizador, de todo el equipo técnico en general, y de su protagonista. Lástima que se quede en eso, porque el film no deja huella.

Mi favorita es También la lluvia, aunque me esperaba más de esta película. Sin embargo, es el trabajo mejor acabado, con más riqueza de lecturas y cuenta la historia, un tanto extraña, incluso caótica, que más ahonda en el espectador. No es el mejor trabajo de Icíar Bollaín, pero junto a Pa negre, es de las cuatro películas, la única que perdurará en el tiempo.

¿Mi quiniela? El Barça y el Madrid ganarán. Seguro. Ah, ¿quieres saber mi opinión sobre los ganadores de los Goya? Francamente, no me importa.

NOTA: Y digo yo, ¿por qué no se olvidan los jerifaltes del cine del maestro Goya y se reciclan las estatuillas para unos premios a los mejores pintores del año? ¿Qué tal si le cambian el nombre? Por ejemplo, los premios Berlanga o Buñuel... Se admiten sugerencias, pero se las envías a Álex de la Iglesia, para que vuelva a salir en los titulares de todos los diarios. Seguro que le haces un favor.

viernes, 11 de febrero de 2011

Speed gamer (cuento sobre el amor virtual y los videojuegos)

Daniel no puede dejar de mover las piernas y, a pesar de que las oculta bajo el mantel rojo de la larga mesa; la silla y, por tanto él mismo, se tambalean de forma arrítmica. El número uno, el que le han asignado, también se balancea sobre su peana de cartón blanco. Muy inquieto, mira a su izquierda, a lo largo de la extensa mesa, y ve un buen número de chicos expectantes, como él. Todos tienen en frente una silla vacía. ¿Dónde están las chicas?

En las fotos que había visto en Internet, la gente se sentaba en mesas separadas y no daba la sensación de que las esperas fueran tan tensas. Todo parece tan fácil desde el otro lado del monitor.

Por un momento se imagina que se ha equivocado de lugar y que se trata de una cita gay. El bar, aunque nunca ha ido, no está en una zona de ambiente de Barcelona, pero ¿se supone que debe hablar con todos esos hombres? De repente, sale una joven muy guapa y delgada de entre la gente que abarrota el pasillo de acceso a la sala del bar. La chica se sube a una plataforma de unos cinco metros por siete, donde se supone que baila la gente al ritmo maquinal de la música discotequera. Ella agarra un micrófono y se pone a hablar. Daniel se siente como en un programa de televisión y sólo se calma un poco cuando la relaciones públicas da paso a siete chicas que se sitúan de pie enfrente de los hombres sentados.

Daniel realiza un barrido rápido por entre las chicas. Hay algunas verdaderamente guapas. Casi puede olerlas desde allí. Al menos, la mezcla de aromas le parece sensual. Se relame de gusto disimuladamente. Ahora se arrepiente de no haberle contado a nadie que se había apuntado a una cita a ciegas desde Internet.

Está animado: tendrá ocasión de conocerlas a todos durante siete minutos. Lo malo es que, para aparentar que le interesa seguir el protocolo de la cita, tendrá que anotar sus impresiones en la libreta que le han puesto junto a la hoja de inscripción. A él le bastaría con mirarla y olerla.

Daniel se fija en una de ellas, la tercera de la fila. Es guapa, pero sin caer en la provocación, como a él le gustan. De pronto, la relaciones públicas anuncia que la cuenta atrás empezará en tres segundos y, como si estuviese en un sueño, la chica que más le gusta se sienta enfrente de él.

Ella deja su libreta y el bolígrafo en la mesa. Un camarero la atiende mientras Daniel espera ansioso a poder hablar. En cuanto ella pide su coca—cola, dispara su primera pregunta.

—¿Qué aficiones tienes?
—Hola por lo menos, ¿no? Ni que fuera una carrera —el reproche y la sonrisa combinan bien, además la voz de Sonia, como pone en su credencial, suena a verdad y a simpatía.
—Perdona, es mi primera vez. Lo de los siete minutos me pone un poco nervioso.
—También es mi primera vez, ¿o te crees que estoy cada viernes haciendo speed—dating? —replica ella sin dejar de sonreír.
—Vale, empiezo de nuevo. Hola, me llamo Daniel —mira un segundo su credencial sujeta a un clip en la camisa y observa que ella sonríe—, sí, tal y como pone aquí. ¿Y tú?
—Bien... yo me llamo Sonia... y soy de Barcelona... y me gusta Internet y la aventura... Por eso estoy aquí... supongo.
—Yo vengo de Mataró, aquí al lado, y lo que más me gusta, aparte de Internet, son los videojuegos.
—¿La Wii, por ejemplo? —pregunta sin mucho interés.
—Ejem, yo hablo de videojuegos en plan serio. A lo hardcore. Vamos, que soy un gamer. Un pcgamer.
—¿De ésos que se pasan todo el día delante de la consola? —arruga el morro, pero Daniel no capta las señales. Es más, coge carrerilla.
—No, no. La consola la tengo sólo para probar las diferencias entre algunos juegos multiplataformas.
—Multiplataformas...
—Sí, claro, calidad de texturas, rendimiento de los gráficos, etc. A veces escribo en Internet sobre los juegos que voy pillando. Además, soy un cheater anti—cheats bastante respetado en el mundillo online.
—Se ve que eres todo un experto —corta por lo sano—. ¿Y aparte de los videojuegos? ¿Qué más te gusta?
—Pues la verdad es que jugar casi a nivel profesional ya me quita mucho tiempo. Supongo que lo normal: ir al cine, salir de marcha, ver algún partido...
—Ah, pues muy interesante, Daniel. Ya nos iremos conociendo por la web, ¿no? —la chica se acaba de beber la coca—cola y hace ademán de levantarse.
—¿Ya está? Todavía quedan cuatro minutos. Cuéntame cosas de ti, que no te he dejado hablar.
—Mira, es que, la verdad, no creo que merezca la pena seguir.
—¿Y eso? ¿Te ha molestado algo de lo que he dicho?
—Más bien es culpa mía. El caso es que no me gustan los videojuegos. No te lo tendría que contar, y menos en una primera cita, pero no me llevo demasiado bien con mi padre. El cabrón lleva años haciéndole el vacío a mi madre y, en parte, porque cada noche se pone a jugar con su ordenador y no deja que nadie le moleste. Ahora le acaban de echar del trabajo y mi madre y yo creemos que es porque siempre se acuesta tardísimo.
—¿Y a qué juega? ¿Lo sabes?
—Al World of Warcraft o alguna mierda así.
—Es normal entonces que le dedique tanto tiempo.
—¿Normal? Bueno, será mejor que me vaya preparando para el próximo...
—Espera, dime su nick en el juego.
—No, déjalo. Ya está bien: este tema me cansa.
—Piensa. Seguro que has visto el nick sobre su personaje, en la pantalla.
—De acuerdo, pero lo dejamos ya, ¿vale? Es Thor62.
—Perfecto.

Sonia le dedica una mueca de despedida unos segundos antes de que la relaciones públicas anuncie que han pasado los siete minutos. En cuanto llega la nueva chica, Daniel está ausente. En su mente se agolpan las miles de maneras de putear al padre de Sonia. Lo castigará con tanta severidad que nunca más volverá a tocar el World of Warcraft ni ningún otro videojuego. De hecho, llega a la conclusión de que los videojuegos son un arma de doble filo, casi dinamita pura, en según qué manos.

La nueva chica ya se ha sentado. Se llama Elena y mira extrañada a Daniel porque tiene los ojos cerrados y sonríe al mismo tiempo. Sin embargo, ella no se atreve a decirle nada. Por fortuna, poco después de que el camarero le traiga la bebida que se había dejado olvidada, Elena ve que Daniel abre los ojos y esta a punto de decirle algo, como si acabara de sintonizar con la realidad. Es el chico que más le gusta de todos los que ha visto en la cita. Así, a primera vista. Ahora que lo ve mirándola fíjamente no puede resistirse más y toma la iniciativa.

—Hola, soy Elena, trabajo en una farmacia, ¿qué es lo que te gusta hacer, Daniel?
—Encantado, Elena —Daniel se levanta y a Elena le gusta que se den dos besos en las mejillas como en las citas reales—. Lo que más me gusta es viajar, pasear, ir al teatro, hacer deporte... Lo normal, supongo...

Elena se queda pensativa, encantada con la imagen que se acaba de recrear de ella y Daniel paseando por el parque, y por eso no ve cómo Daniel arranca la hoja donde había escrito Thor62, la arruga, la convierte en una bola y la lanza disimuladamente al suelo.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Un saco de huesos con muy malas pulgas

Me habría gustado volver con un post muy bien trabajado, ingenioso a poder ser, incluso esclarecedor (fruto de mis momentos de euforia en los que me creo capaz de eso), pero no seré yo quien lance torpedos contra mí mismo con un exceso de presión y de presunción.

En cualquier caso, el artículo está en proceso y definitivamente será breve, poco alambicado y sesudo, y tratará sobre blogs. Mejor dicho, sobre mi forma de ver el mundillo de los blogs.

A lo que vamos. Estos días acabo de leer la novela Un saco de huesos, de Stephen King, y tengo que reconocer que es el segundo libro de este autor que devoro en mi vida (sí, sus libros se devoran, aunque esto no es ni una virtud ni un defecto). Del primero no me acuerdo (demasiadas películas basadas en sus libros como para diferenciar esa primera lectura), aunque sé que lo leí a mediados de los ochenta, cuando tenía la edad necesaria para creer que existían libros obligatorios y autores a los que rendir pleitesía. No me debió de impactar demasiado, porque no he vuelto a tocar uno de sus libros hasta hace unos días. Y han pasado casi dos décadas.

Un saco de huesos te pone en la piel de un escritor bloqueado, que perdió a su mujer en un accidente hace cuatro años, y que decide regresar a la mansión vetusta que los dos compraron en la aldea más recóndita de Maine. En principio, para poder escribir y quitarse la presión de un editor que, dicho sea de paso, deja de presionar demasiado pronto.

No parece una premisa demasiado original para empezar, la verdad, pero es que Stephen King controla muy bien el tempo de la acción. Él, además, no necesita arrancar de forma espectacular para que la gente se enganche a sus libros. Ni siquiera necesita contar demasiado en la contraportada. Sus seguidores saben lo que les espera y están deseosos por ir hasta el infierno de la mano de su autor favorito.

Si uno lee una parte del principio al azar encontrará un tono melancólico, contemplativo, de tensa espera, que en las últimas de sus setecientas páginas ha dado paso a un ritmo trepidante, oscuro y, por momentos, sádico.

No es una lectura apropiada para llevarse a la cama antes de dormir, a pesar de que las primeras cien páginas transcurran con cierta calma, al estilo de una novela policíaca.

Tengo que decir, sin embargo, pese a que la novela consigue engancharte y horrorizarte, que Stephen King se maneja mejor en los momentos donde el tiempo parece detenerse, en la descripción de los ambientes y en las escenas donde ocurren cosas y habla gente. Mucho mejor que en la incursión psicológica. Como resultado de lo anterior, cuesta empatizar con cualquiera de los personajes, incluido el protagonista (ojo, porque, en cambio, el personaje de la niña pequeña está bien conseguido).

El tratamiento de las subtramas también presenta un desarrollo peculiar. El autor no se preocupa demasiado por hacerlas encajar en círculos concéntricos, como es moda y costumbre hoy en día. Más bien las inicia y las termina casi linealmente. En primer lugar, la primera. Entre medio, planta la semilla de la segunda. Y cuando remata esa primera subtrama, la segunda ya se ha desarrollado y avanza por su epicentro, y así hasta el final.

Con todo, la trama principal, la que va de principio a fin, el misterio de la casa, sí tiene que ver con todas las subtramas que nacen y mueren por el camino, aunque no le suman ni le restan demasiado. Es como si esa gran trama cobrara vida y ella misma se esforzara en complicarse. Demasiado para mi gusto, porque al fin y al cabo, lo esencial se deja adivinar demasiado pronto.

Por lo demás, en las escenas cruciales del final, Stephen King, desbordado por lo sobrenatural, hace un uso descarado del deus ex machina. A pesar de todo, para esas últimas cuarenta páginas, el autor ha conseguido lo que quería, llevarte hasta allí y, sobre todo, aniquilar el sosiego del lector durante unos días.

No puedo decir que sea una gran novela, porque aparte de que los popes de la crítica literaria me condenarían a la hoguera (por supuesto me importa muy poco), echo en falta una mayor calibración de los sentimientos humanos, que quedan siempre a merced del espectáculo dantesco que nos depara el bueno de King al final de su libro.

Si quieres pasar algo de miedo, un poco de ansiedad y otro tanto de asco y misantropía, dale una oportunidad. Lo que te aseguro es que te lo leerás de cabo a rabo a una velocidad supersónica.

Por cierto, en pocos libros he visto tan justificado el título como en éste. Y ya que saqué a relucir a los popes de la crítica, voy a mojarme un poco más. Supongo que con el tiempo, después de muerto posiblemente, Stephen King se vengará de sus detractores y se colocará en el escalón de los clásicos superventas por encima de otros supuestos competidores como Robin Cook, John Grisham, etc., que caerán en el olvido. Auguro que dentro de unos siglos se hablará de King como de Salgari, Stevenson o Verne, que no es poco.

Merece la pena reflexionar sobre el hecho de que grandes cineastas como De Palma o Kubrick hayan adaptado textos de Stephen King sin ningún remilgo y, sin embargo, los críticos literarios le sigan dando la espalda.

Por cierto, para este año se espera una versión cinematográfica de Un saco de huesos. Dado que el director no me ofrece confianza, y a pesar de sus quince millones de dólares de presupuesto, no creo que nos depare grandes alegrías. Aunque cosas más raras se han visto (ver la magnifíca Cadena perpetura en comparación con la floja La milla verde, ambas basadas en relatos de Stephen King, y dirigidas por el mismo hombre, Frank Darabont).

lunes, 7 de febrero de 2011

Regreso terapeútico

Se está gestando un regreso.

Pero no lances las campanas al vuelo. Se trata solamente de mí y de mis opiniones, pensamientos, textos.

De mí, pero para los demás en casi todos los artículos. De vez en cuando me exhibiré, para bien o para mal. Permítemelo porque lo haré de igual modo.

¿Por qué terapeútico? Por lo mismo que el agricultor necesita cuidar siempre su parcela de tierra, aunque sólo sea un huertecito de tomates y lechugas.

Y nada más. Gracias por convertirte en mi terapeuta sin cobrar nada a cambio.