jueves, 28 de abril de 2011

El extraño caso del suicidio del profesor Antonio Calvo

La imagen más difundida del profesor. DEP.
A mí me sobrecogió la noticia. Y la verdad es que no sé por qué. Total: son cientos de miles de muertos los que sacan a relucir cada día en los diarios y los programas informativos. Sin embargo, que un profesor se suicide a los pocos días de despedirlo de una universidad me impactó.

Me puse a indagar por Internet. Me costó Dios y ayuda encontrar datos fiables. Se llamaba Antonio Calvo, tenía 45 años, era el jefe del departamento de español de la universidad de Princeton (una de las más prestigiosas del mundo) e impartía clases allí desde hacía diez años. Poco más pude saber, de manera oficial, porque la rectora del centro había impuesto la ley del silencio entre los trabajadores de la universidad. La excusa: no revelar datos privados de sus trabajadores.

A pesar de las trabas, descubrí que algunos alumnos le tenían en tan alta estima que le llamaban San Antonio. Sin embargo, por otra parte, también existía un grupo de estudiantes que se quejaba de cierta rudeza a la hora de tratar a sus alumnos e incluso a los profesores aprendices, a los que se encargaba de formar.

Ya de por sí, estos dos datos parecen demasiado extremos. Un santo. Un hombre brusco, con malas maneras. Bien es cierto que los seres humanos somos complejos, pero, ¿tanto?

Por fin pude acceder a unas declaraciones de un alumno que había creado un grupo en Facebook a favor del esclarecimiento del caso y que, al poco tiempo, se vio obligado a cerrarlo. La ley del silencio ha llegado incluso a los alumnos de Princeton. A pesar de todo, este y otros estudiantes apuntaron a que varios compañeros e incluso profesores habían orquestado una conspiración para impedir que Antonio Calvo siguiera en su puesto de trabajo.

En realidad no se trata de un despido. Legalmente no. Pero se le parece mucho. Cada cinco años se renuevan los contratos a los profesores de Princeton. Normalmente, es un puro trámite, pero en el caso de este profesor de español, que llevaba una década impartiendo clases en Nueva Jersey, el comité decidió no prorrogar su contrato. Esta medida significaba que Antonio Calvo tendría que buscar un nuevo empleo si deseaba quedarse en Estados Unidos.

Siguiendo con las fuentes próximas al profesor fallecido, un estudiante se mostraba incrédulo por el suicidio de Antonio. A su juicio, de todos los docentes era el más enérgico y entusiasta. En los foros la gente dejaba caer la teoría de que un suicida ha de sufrir, por fuerza, un trastorno mental grave. Algún supuesto psicólogo contradijo estas teorías: cualquier persona es susceptible de caer en la desesperación total y de cometer un suicidio.

En cualquier caso, lo cierto es que lo normal es que le hubieran avisado con unos meses de antelación para que buscara otro empleo. Algo muy grave debió de suceder para que un encargado de seguridad acompañara al carismático profesor hasta la salida. También sorprende que a los alumnos les dijeran que Antonio se había ausentado por motivos personales. Ni es de recibo que se enteraran ´con tres días de retraso de que su profesor había muerto. En el periódico universitario y en la página web de Princeton no daban ninguna explicación, excepto que el profesor había fallecido.

No menos sospechosa es la forma de la que se consumó el suicidio. Murió a puñaladas. Tampoco resulta muy normal que ni siquiera la familia de Antonio Calvo conociera, a casi dos semanas del fallecimiento, los detalles del suicidio. Por parte de la rectora de Princeton, a fecha del 26 de abril, el mutismo es absoluto.

Al parecer, existen nueve supuestos para no renovar a un profesor, que, no conviene olvidar, era el jefe del departamento de español. A saber: dar clases privadas renumeradas a los propios alumnos; caer en el nepotismo; practicar relaciones sexuales consentidas con alumnos que estén bajo la supervisión directa o indirecta del profesor; realizar acoso sexual; hacer usos comerciales fraudulentos del nombre de la universidad; difundir información privada de los alumnos; ejercer mala praxis en tareas de investigación (plagiar, por ejemplo); alterar el orden público en el campus, y tener conflictos de interés en las investigaciones.

Dos rumores han trascendido: Antonio Calvo envió un correo electrónico a un alumno instándole a que dejara de "tocarse las bolas" y que trabajara más. Por otra parte, parece que le dijo a una alumna negra en clase que le daría dos bofetadas. Eso es todo. Al parecer, cualquiera de esas dos actuaciones llevaron a un grupo de estudiantes y de profesores a cercar al docente hasta causar su despido. No es de extrañar que hubiesen tergiversado los términos, de forma que el uso de una expresión vulgar se hubiera tomado como un comentario cargado de contenido sexual, o que su apelación a la estudiante se hubiera interpretado como un acto racista.

Por lo visto, nada más llegar, a los profesores españoles que imparten clases en universidades norteamericanas les dan unas pautas claras: no mezclarse con sus alumnos en la vida privada; evitar quedarse en una habitación cerrada con estudiantes; cuidar mucho el lenguaje; no ser demasiado estricto a la hora de poner las notas y un largo etcétera que se escapa de una mentalidad europea.

En resumidas cuentas, espero que se esclarezca el caso de Antonio Calvo. Si se trata de un suicidio, que se demuestre. En cuanto a la política de Princeton, me parece que ha actuado como una institución elitista e inhumana a la que no enviaría a mis hijos ni gratis.

Descanse en paz Antonio Calvo, aunque fuese tan imperfecto como todos nosotros.

3 comentarios:

duniamgs dijo...

Ayer, día 15 de junio, pusieron un reportaje en televisión acerca del profesor Antonio Calvo. Quería mostrar mi indignación por toda la opacidad e indiferencia de esta "Prestigiosa" Universidad. Me he pillado tal rebote que he entrado en la página web de Princeton con la intención de enviarles un correo para ponerles a caldo, pero sólo se puede enviar e-mails creando un cuenta de usuario pero sólo para alumnos y profesores.
Me siento súper impotente, me pregunto por qué ha pasado todo esto, bien dicen que la realidad supera a la ficción, parece un guión de película. Cómo es posible que los alumnos hablen maravillas de su profesor y que sus clases al parecer eran de lo más amenas y divertidas y hayan querido rescindir su contrato? De verdad habría algo oscuro en el profesor, o sería más bien envidia de otros profesores o de otros cargos superiores, no sé... Pero no es normal este silencio. En fín, me siento muy mal, sólo espero que se haya justicia, que se investigue
hasta el final y que si hay culpables que sean castigados y sobre todo que la mala conciencia no los deje vivir en paz.
Todo mi cariño para la familia de Antonio. Dunia. Las Palmas de Gran Canaria

David Navarro dijo...

Me parece, y apunto sin pruebas, que en Estados Unidos a los profesores universitarios que se lían con jovencitas les hacen homenajes en forma de novelas, películas, etc.
Por lo visto si el profesor es homsexual, las reglas cambian.
Yo creo que los tiros van por ahí. Por lo que he leído, detecto, ante la cobardía habitual de la prensa, ciertas acusaciones veladas que van en esa dirección. No sé si, tratándose de un ente poderoso de EEUU, sabremos la verdad. Ánimo. Por suerte, no es algo que pase cada día.

Anónimo dijo...

Me parece algo propio de la doble moral que es parte del actuar norteamericano. Si el profesor es tenido con agrado por los estudiantes, es visto con sospecha y recelo por las autoridades. En las peliculas de USA se ven como las estudiantes se ligan al profesor hasta que les apruebe la materia en estudio y eso a ellas mas que contrariarles les gana respeto entre las demas feminas porque han subyugado al profesor. El asunto a mi entender es que la pérdida del trabajo le habría generado depresión y a priori sentirse sin ingresos económicos agravo su estado mental. Hay que ver que en los EEUU no existe estabilidad laboral y trabajar 10 años en la universidad ya era un logro; por lo que el extinto profesor Calvo debio haber ya planificado su retiro a otro trabajo quizas sin el glamour de Princeton pero igualmente satisfactorio. Soy profesor universitario y entiendo lo difícil que es ser buen docente en estas épocas donde compites con muchas alternativas si que quieres lograr la atención de tus estudiantes. Descansa en paz estimado colega, tus verdaderos alumnos siempre te llevaran en sus corazones.
Arturo