jueves, 21 de abril de 2011

La sinrazón de un periodismo nauseabundo

El otro día viajaba en el Euromed y en la cafetería pude hojear casi todos los periódicos nacionales más conocidos, con la excepción de ABC que, como todo el mundo sabe, se agota enseguida.

De entre todos, me llamó la atención La Razón, por su portada. En la imagen se veía a Carme Chacón repasando lo que parecía un guión relleno de garabatos. El título reza“El teatro Chacón”. Y la justificación venía más abajo: “La Ministra de Defensa se ciñe a guiones preparados de antemano para las videoconferencias con los puestos militares de todo el mundo”, cito de memoria porque la verdadera historia es mucho más larga y ya viene en la imagen.

¿Se puede ser más ruin que el ingeniero de esa portada? Tendrán que llover escarabajos de oro antes de que se refieran a los textos que el Rey lee, sin tachadura alguna, cada vez que comparece ante las cámaras.

Más interesante sería un reportaje sobre la maquinaria intelectual detrás de las declaraciones, debates y mítines de Rajoy y Zapatero. Por ejemplo, ¿cuánto cobró el fabulista que se inventó a la niña del barbudo gallego?

A mi juicio, en esa esperpéntica portada hay un mensaje claro: comencemos a hostigar a Carme Chacón, no vaya a ser que gane en la batalla a Rubalcaba y tengamos que destapar todas sus miserias de golpe.

Es importante dosificar el veneno a la hora de manipular al público. En la época del cinismo a ultranza, no preocupa que se note demasiado la estrategia. A la vista está: no hay que ser un genio para saber que esa portada tiene una intención clarísima de desprestigio hacia la ministra. Sin embargo, el lector, por reaccionario que sea, siente las mismas náuseas que un servidor con tanto veneno de golpe.

Al fin y al cabo, la diferencia entre un comprador de La razón y yo estriba únicamente en la cantidad de mierda que podemos tragar de una vez. Mi tolerancia es cero. Con todo lo bueno y malo que esta postura comporta. Por lo visto, los jefes de La Razón consideran que sus lectores andan tan curados de espanto que pueden ingerir cualquier potaje.

Ya puestos, incluso podemos advertir otras razones en esa portada. Tal vez -lo ignoro porque no sigo su línea editorial- se hayan tenido que morder la lengua durante mucho tiempo para que nadie les acusara de misóginos, pero no me extrañaría demasiado que todavía les escociera su nombramiento como ministra. A una mujer. Catalana para más señas. ¿Qué ha sido del patriótico ejército nacional?

Podríamos estar ante la calve, pero no hace falta ser tan retorcido: sus directivos son buitres carroñeros y van allí donde creen que asoma un cartílago a la intemperie. Con ese perfil, el machismo es sólo un elemento más.

A punto de vomitar, dejo el tema. Y a desgana, comento dos noticias también magnificadas en la portada del diario “de centro”.

Detecté cierto tufo burlesco al comentar los millones que Pequín podría no invertir en España. Algo así como una celebración de la incompetencia del gobierno de Zapatero. Vamos, que si por ellos fuera, cada día ocurriría una catástrofe económica en España, o de cualquier otro tipo (sospecho), con tal de sacar los sables.

Y, arriba a la izquierda, la foto del etarra Troitiño puesto en libertad. Argumentan en un recuadro insignificante que podría haberse pasado seis años más en presidio, pero no hacen hincapié en que lleva ya 24 entre rejas. Leída la interpretación de La Razón, uno empieza a dudar de que esta caterva de trogloditas sepa cuál es el objetivo constitucional de las penas de cárcel. Supongo que han oído hablar de la rehabilitación, pero estoy convencido de que en su visión del mundo en blanco y negro no caben segundas oportunidades.

Y si no les gusta, haber aprovechado los ocho años de gobierno de Aznar para intentar sacar adelante la pena de muerte, que es lo que en realidad desean. Les faltan cojones.

ACTUALIZACIÓN: Como si de una maniobra orquestada por los medios de comunicación y los grupos políticos se tratara, Troitiño se ha fugado. Ya tienen motivos para volverlo a juzgar. Parece que el Gobierno encuentra aliados incluso en sus más fervientes enemigos. Porque lo acabarán cogiendo. De todas maneras, al PP siempre le queda la opción de pedir dimisiones por segunda vez: la primera, por dejarlo escapar, y la segunda, por arrestarlo tarde. Ahí estará La Razón para alentar a su partido.

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