miércoles, 16 de marzo de 2011

Rango, una rareza con poso

Qué tiempos aquellos, nada memorables, en los que la única película de animación de estreno venía firmada por Walt Disney y aterrizaba puntual cada Navidad. El resto del año, a pan y agua.

Ahora estamos viviendo una época que nos sitúa en el otro extremo. Hay tanta oferta de estrenos de dibujos animados que las familias se las ven y se las desean para elegir una u otra (aunque dispusieran de tiempo y de dinero, no las podrían ver todas).

Si de algo nos podemos quejar los que disfrutamos con el buen cine, sea en color, blanco y negro, dos dimensiones, con personas o con dibujos, es que se está imponiendo una especie de película que trata de abarcar todos los públicos. Una especie de rémora globalizada cuya máxima aspiración suele ser, como dije de El discurso del rey, que no disguste a nadie.

No es el caso de Rango, una película de animación arriesgada. Puro arte, dinamita en manos de un cinéfilo y una decepción para las familias palomiteras que busquen un entretenimiento más de domingo por la tarde.

La estética de spaguetti western no sólo afecta al diseño de los escenarios, los personajes y la música. También afecta al ritmo, por momentos muy lento, si bien es verdad que lo alterna con secuencias de PlayStation, y, sobre todo, al tipo de historia que se narra, repleta de personajes indeseables (ni cangrejos andaluces ni horteradas de ese estilo).

El camaleón protagonista no es un héroe al uso. Tampoco es un antihéroe. Digamos que representa a la mascota adormilada que un buen día se enfrenta a la naturaleza más inhóspita y, paradójicamente, humanizada (para mal). En resumidas cuentas, estamos ante el bicho más raro de un mundo que parece creado a partir de la famosa cantina de Star Wars (sí, la de los monstruitos).

El azar, o quizá el destino, lo conduce hacia una misión en la que tiene mucho que perder y poco que ganar. Y aunque no faltan las notas de humor, lo bueno (o lo malo) de este film es que sufres junto al protagonista.

De vez en cuando la película se acelera y todo parece ir sobre ruedas para el público convencional que asiste, esperanzando, a las persecuciones a toda velocidad, a los gags gestuales, etc.

Sin embargo, a la que puede, Rango vuelve a reflexionar solitario por el desierto y podemos quedarnos sin aliento por culpa del viento tórrido y la sequedad de garganta que provoca su tormento.

En ese sentido, es una película orientada, sin quererlo, a dos tipos de espectadores: los cinéfilos que se saben todas las secuencias de Sergio Leone de memoria más las míticas producciones hispanoalemanoitalianas de los setenta (made in Almería) o, por otra parte, los viejetes que leen novelitas del Oeste y se han visto cualquier cosa en la que salga un tipo con sombrero y pistolas, pero que nunca pagarían una entrada para ver una película de dibujos.

¿Gustará a los niños? Bueno, la animación es una delicia. La banda sonora suena espectacular. Realmente no creo que se trate de una película infantil. De todos modos imagino que los más pequeños, devoradores de Clan TVE, pasarán la prueba, pero los preadolescentes y jóvenes hasta los treinta podrían sufrir alguna indigestión.

De lo que no cabe duda es de que se trata de un western de pura cepa y, si no fuera por las mencionadas escenas vertiginosas para poder sacar el videojuego de turno, estaríamos ante una de las mejores películas sobre el Oeste filmadas en los últimos años.

¿Recomendable? Sólo si te gusta el mejor western europeo, porque está repleta de guiños al género. También si te apetece ver algo distinto. Si, en cambio, te dejas llevar por el reclamo de que Johny Depp interpreta a Rango, cometes dos errores: uno, el protagonista es un camaleón de dibujos animados y Johny Depp suele aparecer en forma humana. Dos, el bueno de Johny sólo pone la voz, obviamente en la versión original. Y me temo, amigo, que para verla en inglés con subtítulos tendrás que esperar al DVD o irte a vivir a un país civilizado.

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