viernes, 1 de julio de 2011

Siempre perdiendo

David, de què collons et rius...?
Es verdad: está feo eso de quejarse cuando casi todo el mundo vive peor que uno, pero qué culpa tengo de rodearme siempre de gente que va ganando con los años: experiencia, estabilidad, dinero, etc.

Yo creo que en algún momento de mi vida aposté a perder. No sé qué tecla toqué. Quizá fue cuando descubrí a Quevedo y la maestra me dijo que si pensaba como él sería un pesimista y yo le respondí: "entonces soy pesimista". Y es que a mis trece años pensaba que sólo se podía elegir entre el autor de El Buscón y Góngora.

Al poco tiempo de acabar el colegio, me dio por pensar que si no había dos o tres chicas interesadas en mí estaba haciéndolo mal. Entre mis amigos, ya había alguno que había aprendido la lección y se iba liando con todas las que podía. Unas eran simpáticas y guapas, otras bastante más feas y groseras. Y un servidor, en sun gran ingenuidad, pensaba que aquel amigo era un pionero. Pensaba que era el primero de mis conocidos que no se había atado a un estereotipo de mujer (bueno, casi niña) y, por consiguiente, sólo se debía al amor. Mi amiguete sólo quería "pillar cacho" y yo no pude besar a mi primer ligue (aunque no hice nada), porque no me sentía enamorado. Menudo cretino. Yo. Mi amigo se me había adelantado quince años.

Luego, en el instituto tuve que defenderme de las malas lenguas. Para mis amigos algo raro había en un tipo que era fiel a todo: a su novia, a sus viejos amigos, a El último de la fila, Dire Straits y Pet Shop Boys, a Los intocables de Brian de Palma. Pues sí, a aquella novia ya no le puedo ni quiero ser fiel, pero a mis primeros grupos de cabecera e incluso a algunos discos todavía les soy fiel. Lo mismo con el cine (aunque sé cuándo una peli de los ochenta es mala y cuándo es horrible como Rocky IV). ¿Y qué decir de los libros? Todavía digo por ahí que El camino, de Delibes, es uno de mis libros favoritos. Hace más de veintitrés años que lo leí y ahí está. ¿Una pose? En absoluto.

Para mí no hay nada como escuchar Tunnel of Love, Ya no danzo al son de los tambores o Rent. Nada. Eso no me ha impedido descubrir nuevos grupos que ya son viejos como Belle and Sebastian, o más recientes como The Decemberists y tantos otros. Pero los primeros siempre tienen prioridad en mis sentimientos. ¿O si no por qué voy a los conciertos de Manolo García y Quimi Portet por separado? ¿Por sus discos en solitario? El que los haya seguido ya debe conocer la respuesta. No están mal, pero no es lo mismo (Manolo cae en picado y Quimi es imprevisible).

Por tanto, creo que de alguna manera mi fidelidad a unas ideas, a unas personas y a unas cosas me ha condenado a perder. Al fin y al cabo, los perros tienen fama de ser fieles hasta más allá de la muerte de sus dueños. Además, nada hay peor que una vida de perros.

Algo de eso habrá. Aunque muchos pensaréis que debería cambiar inmediatamente, tengo malas noticias para mí y para vosotros: pienso seguir siendo fiel como un perrito, aunque intentaré elegir mejor cada vez.

Lo iba a terminar en la frase anterior, pero quiero darle otra vuelta de tuerca a mi vicio de eterno perdedor leal. Este defecto también me ha ayudado a huír del tabaco y de las drogas, de cualquier Iglesia, y de las mujeres con pinta de femme fatale.

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