viernes, 8 de julio de 2011

Ceremonia del desconsuelo

Pasados los 35, uno ya debería ir sacando la calculadora para sacar las cuentas en claro. De hecho, casi podría escribir una autobiografía. Novelada, se entiende, porque no habría editor que pasara de la segunda página.

Antes de proseguir, una advertencia: si eres proclive al desánimo, abandona esta lectura, porque no voy a detenerme hasta llegar al final. Y todos sabemos qué se encuentra dentro del desván, el que lleva tanto tiempo cerrado.


De pequeño, uno de los bandos familiares (porque la familia se dividía en dos bandos y luego en facciones) insistió en que los santos y, sobre todo, las vírgenes vigilaban mis pasos. Ahora ya he descubierto que sólo se preocupan de los que tienen dinero y tiempo para comprarse una caravana con grifo de cerveza incluido. En los barrios de los pobres, en las casas de los descreídos, no se les ha vuelto a ver desde los tiempos inmemoriales que cita la Biblia sin acabar de convencer a nadie.

Otro bando me hablaba de lo maravillosa que era la izquierda, refiriéndose al PSOE, y de lo mala que era la derecha (entonces todavía no se habían congregado en el PP). Ahora he descubierto que la polaridad es falsa. Existen cuatro militantes que se creen los programas políticos, en los queda reflejado a la perfección que el PSOE encarna al centro izquierda europeo pasado por el filtro ibérico y el PP es una derecha católica mediterránea con el lastre del franquismo, del que sus fundadores y dirigentes no quieren renunciar. Pero, en realidad, funcionan igual.

También creí que había gente memorable a la que imitar. Einstein, el Che, Mozart... Falso. Ahora sé que no se ha escrito una sola biografía semirrealista en toda la historia. Hay gente mucho más valiosa que muere sola y abandonada, seguramente porque a nadie le interesa que sus ejemplos de honradez y sacrificio perduren.

Me imaginaba, como muchos otros, que vivía en el primer mundo y que el tercer mundo estaba muy lejos. La realidad es que ya no hay distancias largas en este planeta, sino miopías incurables (muchas de ellas provocadas por instrumentos ópticos manipulados diabólicamente por los magnates de la comunicación). Además, estamos asistiendo impasibles al expolio de Grecia y Portugal por el bien de ¿la economía mundial? No es verdad que haya un efecto positivo en arruinar a los países con una deuda que nunca podrán pagar. Lo que ha ocurrido siempre en África, Asia y Sudamérica, aquello que nos parecía de otra realidad, está sucediendo a las puertas de nuestra casa. Acabarán por tumbarnos.

De joven pensé que un mundo mejor era posible. Es la tontería más grande que se me ha pasado por la cabeza. El capitalismo salvaje copia el lado perverso de la Naturaleza (la ley de la jungla), de manera que podemos construir un muro maravilloso durante años, todo lo resistente que queramos. Un día se presenta un tornado y lo tumba a la primera. Por eso, cuando uno trabaja, no gana dinero, sino que lo pierde en comisiones al banco, transporte, comidas fuera, lujos innecesarios, etc. Por la misma razón, es más fácil caer en una enfermedad que coger una racha de vitalidad portentosa. Y es más fácil que te embarguen el piso que te den una ayuda para rehabilitarlo. Hay ejemplos para dar y tomar.

También me vendieron tantas historias de chico conoce a chica, que me acabé creyendo desde bien joven que era el destino ideal. ¿Y las mentiras en torno al primer amor? Este tipo de escarceos casi castos sólo sirven para que los padres tengan a sus hijos alejados de las bandas callejeras. Luego, si la cosa dura (que no significa que funciona) te pasa como a un amigo: la chica se queda prendada de un profesor universitario y todos los años e ilusiones se van al traste. Incluso a mí me pasó y no era ni siquiera un tipo respetable, ni guapo ni simpático. En fin, le doy las gracias igualmente, Siguiendo con el mito de los primeros amores, dicen que te marcan. En realidad, te enmarcan como mercancía para enviar al psicólogo. Y si todavía no te ha ocurrido, dale tiempo...

Estudia y tendrás un trabajo que merezca la pena. Ya incluso parece un chiste. También me tomaron el pelo con esta idea tan perversa. Al menos en las universidades públicas españolas a no ser que tengas la suerte de, a los 18 años, encontrar tu vocación, un buen departamento de lo que quieres estudiar y tengas dinero para que te envíen a otra ciudad a gastos pagados. En mi caso no fue posible. De todas maneras, no importa demasiado. Aquí lo que importa es cursar estudios en un centro privado megapijo en el que te coloquen por el tamaño de tu billetera. Otra opción habría sido cambiarme de sexo, haberme convertido en su sucedáneo de Angelina Jolie y haberme acostado con el primer profesor bragueta floja. Tampoco lo veo.

Aparte de tus esfuerzos y sus consiguientes fracasos, la vida a lo suyo, con sus imprevistos a todas horas. Luego están las enfermedades y la proporción de sorpresas negativas respecto a las positivas (goleada de las primeras), etc. La gran galería de desgracias azarosas a las que nos exponemos es sorprendentemente maligna.

Por no hablar de los callejones sin salida en los que se encuentra cualquier persona que quiere mejorar algo en este mundo, y sobre todo en este país. Un buen músico, un buen escritor, un buen científico y un buen filósofo tienen estas cuatro respuestas respectivas: “calla, que está sonando David Bisbal”. “A mí me gusta Pérez-Reverte”. “¿Tú también estás de becario en Munich?” “Desde Ortega todo está dicho. Además, ya tenemos a Savater”. La mediocridad se impone siempre. Cualquier intento por mejorarse a uno mismo o destacar en algún campo se estrella contra la tradición, el status quo y la defensa numantina de los herederos de unos privilegios.

Todo esto podría eternizarse y salir mejor parado con datos y cifras, pero, ¿para qué voy a a seguir con esta ceremonia del desconsuelo? ¿Qué puedo ganar, me digo con mentalidad materialista? ¿Unos cuantos adeptos a la desilusión más? Nadie necesita un país de deprimidos.

Ahora que lo pienso mejor, sí que están en lo cierto los que aseguran que hay dos Españas. En efecto: la de los tristes y abatidos, y la de la gente feliz que pide créditos para operarse las tetas o el mentón.

Al menos me quedo con la satisfacción de rellenar el abismo que hay entre las opiniones huecas y frívolas y las lloronas muestras de autocomplacencia. Me refiero a Internet. En los periódicos todo es PSOE vs PP, Barça vs Madrid e indignados vs fanáticos católicos.

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