jueves, 24 de noviembre de 2011

Respetar el voto, sí. Negar que hay muchos gilipollas que votan, ¡no!

Soy consciente de que este texto, sobre todo con un título tan explícito, puede ofender a más de uno. Ahora podría excusarme explicando mi situación personal y la de otras personas, pero no creo que los ofendidos lo merezcan.

Mirad: una cosa es que los políticos nos engañen y otra muy distinta que nos muestren todos sus colmillos y algunos decidan meterse en la boca del lobo arrastrándonos a los demás. Y es que dejarse engañar es de tontos, le duela a quien le duela.

Centrémonos únicamente en Catalunya. En la campaña electoral el PP deja bien claro que todo es susceptible de sufrir recortes excepto las pensiones. CIU, que yo sepa, deja las tijeras bien abiertas para lo que crea conveniente.

Antecedentes: toda la derecha europea está inmolando a su pueblo con tal de seguir las directrices Merkel. Por tanto, es de suponer que el PP hará lo mismo en España. Otro antecedente para los catalanes mucho menos abstracto: ¿qué fue lo primero que hizo CIU al llegar a la Generalitat Catalana? Recortar todo lo que pudo, especialmente en sanidad y educación.

Ahora viene cuando me toca ser el malo de la película. En mi opinión, ¿quiénes se salvan de ser gilipollas? Los que no han votado a CIU ni PP, por supuesto. Incluso, imaginemos que Zapatero ha congelado las pensiones y bajado el sueldo de los funcionarios por incompetente. Siguiendo esa línea hipotética, también los que no han dado su voto al PSOE (línea que no comparto, pues considero que al menos intentó frenar el impacto en la población de a pie lo máximo posible).

¿Todos los demás son gilipollas? No. Los que no han acudido a votar porque no les ha dado las ganas son unos irresponsables. Inteligentísimos o idiotas. Da igual. Irresponsables, insolidarios, egoístas.

¿Y qué pasa con el resto de votantes? No voy a hacer demagogia barata sacándome de la manga un porcentaje de gente que me merezca el calificativo de gilipollas. Sin embargo, voy a indicar unos supuestos para que cada cual reflexione hasta qué punto se puede decir que haya votado como un ser racional.

a) Gente en una situación laboral precaria, clase obrera sin una alta cualificación, parados.
b) Personas que utilizan la educación y la sanidad pública porque creen en el modelo o porque no se podrán costear nunca las opciones privadas.
c) Todos aquellos que reciben ayudas sociales.
d) Los que confían en el estado del bienestar.

Podría seguir, pero no se trata de redactar unos nuevos mandamientos ni de ejercer una inquisición teórica. Eso sí, repito: sea por ignorancia, desidia, manipulación, etc. el que se encuentra en la lista anterior y ha votado a CIU o a PP ha demostrado que, o bien se cree a pies juntillas lo que le dice cierto sector mediático, o no entiende nada de lo que está pasando o practica el masoquismo con un agravante: trasladarlo a los demás.

Señoras y señores, lo que está ocurriendo es muy sencillo: nuestros gobernantes han malgastado el dinero, las grandes fortunas, los grupos inversores y los bancos, también. Y las personas que lo han hecho no sólo han quedado impunes sino que se han blindado con sueldos y/o indemnizaciones millonarias. ¿Quién paga el pato? Los que no pintamos nada: nosotros. Y lo peor de todo es que siguen malgastando el dinero de todos: la mayoría de televisiones autonómicas, los sueldazos de los políticos con cargos empezando por los concejales, el pozo sin fondo de la monarquía, premios por doquier, ayudas millonarias, etc.

La decisión de CIU de anunciar severos recortes al día siguiente de su triunfo electoral en Catalunya, por citar un ejemplo reciente, me parece un ultraje a todos los ciudadanos y una burla capciosa a las reglas democráticas. Cada cual lo examinará como le sea posible o le salga de las narices. Los hechos están ahí.

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