domingo, 20 de noviembre de 2011

Ser de izquierdas

Para mí ser de izquierdas no tiene demasiada relación con los partidos políticos. No renunciaré categóricamente a la tradicional filiación, porque, estricto sensu, la izquierda sólo puede ser política.

Claro que esto de la izquierda, en mi caso, es como el amor, la soledad o tantas otras cosas. Al final, vosotros, como yo, os apropiáis también de los conceptos y los hacéis vuestros.

Yo no concibo ningún ser humano, que quiera desarrollarse plenamente como persona y que renuncie a ser de izquierdas tal y como yo lo entiendo. Enseguida lo explico.

Me sorprende mucho que los poderes lo hayan tenido tan fácil a la hora de revestir a toda la sociedad de ese tamiz conservador basado en el culto al dinero y la burbuja de cada cual. Ahora que está de moda recortar en servicios básicos, encuentro gente que lo justifica y me hablan de déficit, de la convergencia europea, de la deuda, etc. En el momento en el que alguien sobrevuela una situación en la que claramente hay seres humanos que van a perder derechos y se pone a hablar de números, veo que su humanismo se va por la borda. Bajo mi punto de vista el Sistema es de derechas y quien lo admite sin más es, lógicamente, de derechas.

Ser de izquierdas no significa defender causas perdidas, valorar la vida de las focas por encima de las personas, apostar por el todo vale ni pensar que cada día es una fiesta, ni que los empresarios son todos unos monstruos. Tampoco es un cheque en blanco para practicar el hedonismo. Eso es lo que nos gustaría a muchos. Pero ese concepto de la izquierda es como un disfraz de superhéroe para un niño: el chaval se mira al espejo y ve a Spider-Man, pero sabe que no va a salir por los tejados a cazar supervillanos. El gran drama estriba en que mucha gente que se queda con el disfraz de izquierdistas se cree su propio papel.

Para mí ser de izquierdas significa vivir para ser feliz, hacer felices a los que te rodean (cada uno, de acuerdo a sus posibilidades) y, siempre, hacer lo posible por evitar el sufrimiento ajeno. En ningún caso dar lecciones de moral y buena conducta a los demás. Respetar y se respetado. Si el comportamiento de los demás no representa un peligro REAL a mi libertad, ¿con qué derecho puedo condenar a personas que ni siquiera conozco por acostarse con gente de su mismo sexo, abortar, renunciar al matrimonio, etc.? Esto es lo que hace la derecha: apropiarse de unas cuantas ideas pervertidas del cristianismo y de las viejas costumbres (sin contrastar científicamente) y utilizarlas como armas arrojadizas contra los "diferentes".

Yo no creo tampoco que al que se considera de izquierdas se le haya de exigir sacrificios ni un historial de buenas acciones. No es eso. Ojalá todos pudiéramos ayudar a los demás en nuestro tiempo libre en lugar de gastarnos el dinero en muchas formas de ocio impuestas por la sociedad de consumo. Pero yo renuncio a esta idea de la persona de izquierdas como un ejemplo de moralidad, de principios, etc. Seguramente lo hago para curarme en salud, porque no doy para tanto. En realidad, creo mucho en el ser humano como animal racional capaz de gestionar su propia conciencia para generar el bien. Y la receta está en uno mismo.

Creo que con decirle a mi amigo que me importa mucho más que aquella familia de inmigrantes no pierda la ayuda social que el puñetero déficit ya estoy actuando conforme a mi idea de una persona de izquierdas. A poco que uno piense en la Historia de la Humanidad entenderá que todos somos emigrantes e inmigrantes. Nuestros ancestros partieron de algún lugar hacia otros muchos para vivir en paz. Yo mismo me considero inmigrante en Barcelona, en Catalunya, en España. Mi patria es mi capacidad de pensar y de amar. Por supuesto que mi mapa sentimental se instala geográficamente donde vive mi familia, donde se pierden las calles de mi infancia, pero mis sentimientos no cambiarían un ápice si estas coordenadas geográficas se hallaran a miles de kilómetros del Mediterráneo.

Además, estoy convencido de que el mundo sería mucho más habitable si los demás no metieran la nariz en mi idea de religión ni en mi intimidad, ni me llevaran a la hoguera por ser, como todo lo que hay en este mundo, imperfecto.

Por dos motivos. El obvio: cometen una injusticia contra mí. Y el que demuestra su gran torpeza:  al tratar de anularme ideológicamente por una contradicción, un vicio, un defecto o un fallo concreto, están subiendo a los altares de la excelencia a la idea de la Izquierda. Por tanto, si ellos se consideran de derechas, estarían admitiendo que están en la trinchera equivocada.

Como soy de izquierdas, preferiría votar al partido que menos daño va a infligir al resto de ciudadanos, provengan de dónde provengan, y por eso seguramente votaré a algún partido chiquitito pero que me ofrezca confianza. Lo que no sé es si lo encontraré.

No hay comentarios: