jueves, 17 de noviembre de 2011

Ojo, porque se han puesto de acuerdo en que crezca la abstención

El bestseller entre los fans de Intereconomía.
Es verdad que no hay color entre Mario Conde y yo. La gran diferencia es que jamás seré capaz de hundir a una entidad bancaria ni de participar en delitos similares por los que el engominado experto de nada, opinador de la derecha rancia, se pasó unos años a la sombra.

Me parece maravilloso que propague a los cuatro vientos que lo mejor para España es un Gobierno con mayoría absoluta. Sólo así, sostiene, podrá tener vía libre para tomar sus decisiones. Y lo dice sin nombrar al PP, como si cualquier otra opción política tuviese acceso a esa hipotética mayoría absoluta. Como si no supiera que, de conseguirlo, el PP lo premiará. Como si Intereconomía fuese una cadena seria (que si están encantados de ser de derechas, que si viva el Papa por aquí, que si la familia por allá, etc.)

Si de mí dependiera, anularía la posibilidad de gobernar con mayoría absoluta. Pero iría aún más lejos: sacaría una ley que forzase a pactar con varios grupos políticos independientemente de los resultados. Lo que pasa es que tal y como está montada la representación parlamentaria, donde unos votos valen más que otros, se dan situaciones absurdas como que Coalición Canaria dé la llave a un partido de extensión nacional, o que PNV o CIU, que en principio sólo reciben votos de Euskadi y Catalunya, respectivamente, adquieran un papel determinante en un Congreso de los Diputados que afecta más de 35 millones de personas a los que estos partidos no representan.

¿Tienen derecho los partidos nacionalistas a tener representación parlamentaria en el Congreso? Faltaría más. Pero con otro sistema de reparto de escaños seguramente conseguirían un número de diputados en consonancia con el total de españoles al que sus decisiones políticas van a afectar.

A todo esto tengo que felicitar a Intereconomía. En mi modesta opinión, sus programas supuestamente informativos son lo más parcial y zafio que he visto en mi vida, pero siguen, erre que erre, dando el sermón cada día como si tuvieran miedo a que Mariano Rajoy, el candidato invisible, fuese incapaz de llenar una botella de agua bajo el diluvio. Premio por tanto a la fidelidad, a la insistencia partidista.

Más peligrosa me parece la calma chicha que se detecta en las emisoras de radio y los diarios (con la televisión no contaba). ¿A qué viene tanto silencio? ¿No será que se están portando "bien" para que el PP los premie en el futuro? Todo el mundo sabe que la única opción que tenemos los demócratas de evitar una mayoría absoluta es que la gente salga a votar. Los movimientos en el seno del grupo PRISA, echando a la calle a periodistas vinculados a los socialistas, tampoco es baladí. Los dueños de El País y de la SER escurren el bulto cada vez que se avecina una derrota del PSOE. Lo hicieron cuando Aznar llegó al poder y lo están haciendo ahora. Ni me molesto en analizar el porqué. ¿Imparcialidad? Y una mierda. Dentro de un mes ya estarán haciendo la rosca a los simpatizantes de eso tan etéreo que es la izquierda española, que sigue siendo mayoría en España.

En cualquier caso, algo sí se puede extraer del conjunto: no hay mejor arma para desmotivar al electorado que lograr que los ciudadanos crean que las encuestas ya han decidido su voto. Así, las personas menos radicales, que son la mayoría, se quedan en casa. A fin de cuentas la gente de derechas, con el cuento de que les va la religión, la moral y sus principios en ello, siempre se movilizan. Es otra maniobra de los manipuladores que no podemos tolerar.

Los españoles estamos demasiado pendientes de lo que otros piensan en nuestro lugar, demasiado expuestos por tanto a la manipulación. Aunque los benefactores multimillonarios de los medios de comunicación se hayan puesto de acuerdo en hacernos creer que no ocurre nada el próximo domingo, que ya todo está dicho, la realidad es que seguimos teniendo la fuerza y la legitimidad para decidir nuestro destino.

2 comentarios:

JESUS dijo...

Siempre más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, y así nos luce el pelo. Venga el bipartidismo infinito. Tenemos que demostrar que su poder es vencible y arrastrar nuestro voto fuera de los dos partidos de siempre. Yo, aunque el voto es secreto, estas elecciones daré en las narices a PP y PSOE y daré una oportunidad a IU. Por mí, la abstención no triunfará.

David Navarro dijo...

Sabes que estoy de acuerdo en lo que dices. Por desgracia, yo todavía no sé a quién votar, pero es casi seguro que no lo haré por ninguno de los dos favoritos. Ahora me falta encontrar un partido del que no me tenga que avergonzar.
IU es también la primera opción que me viene a la cabeza, pero hay demasiadas cosas que desconozco de los miembros del partido. Tengo que ponerme las pilas.