domingo, 25 de septiembre de 2011

Nostalgia de Javier Ruibal

Parece mentira que Javier Ruibal no sea nuestro cantante más internacional porque su arte es tan singular como exportable a los siete continentes. Con un pie en la tacita de plata y otro en la isla de Cuba, este cantautor se desliga de cualquier atadura para conseguir que su música fluya.

No es flamenco fusión, ni blues del sur, ni considero que sea justo enmarcarlo en ninguna otra etiqueta. Más bien lo veo como el ritmo latino desde dentro de un corazón con las antenas orientadas hacia afuera. Geográficamente, el Sur siempre está presente, pero no sólo su Cádiz, sino Andalucía entera, Sudamérica y África.

Al artista, como a todas las personas inteligentes, no le falta el buen humor. Por eso, en sus conciertos puede enlazar una habanera aflamencada con un himno fresco al Cádiz Club de Fútbol en su centenario y luego seguir con una copla con resabios habaneros.

Todas las canciones hablan de cómo Javier Ruibal entiende la brisa del mar, los colores y los sabores de la vida que se funden con el amor a las mujeres, desde la veneración hasta el respeto.

Hay más música en uno de sus estribillos, y esto ya es subjetivismo puro, que en toda la discografía de Mecano. Y, aunque Ruibal se agarre a su guitarra, sin más acompañamiento, su voz es capaz de acariciar, rasgar y, siempre, conmover. El público nota que lo está dejando todo en el escenario.

Me atrevo, porque me siento en deuda con su arte, a inventar una letrilla que, con los arreglos pertinentes, bien podría convertir en canción a la manera de un Ruibal en horas bajas. Quizá le falten aromas, sabores y la sensualidad que Ruibal pone en sus canciones. Quizá sea mucho más complicado de lo que parece. Pero yo ni soy músico ni poeta ni podría acercarme a la sombra de este maestro.



LA CANCIÓN PARA MÁS TARDE

Desde el puerto al malecón,
ligado en tus dedos ardientes,
me arrastran tus caderas
hasta los cuentos de Oriente.

Por tu piel morena resbalan,
los perfumes de los dioses
de la Cuba pagana.

Desde el arrullo del mar,
me besan los labios de plata,
que brotan del agua
al rozar tus pestañas.

Viviré varado en la arena,
con las velas izadas,
¡ay si tú me quisieras!

En el cielo de los almohades,
como en Cádiz, se fugan las estrellas,
para que nada brille más
que tus ojos de jade.

La arena de la playa,
se retira al vaivén
de las olas que brillan
cuando se enciende tu mirada.
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Para borrar el mal sabor de este vano intento, os dejo un vídeo de una de las canciones más bellas del maestro gaditano. De esta manera, cada vez que paséis una temporada sin escuchar uno de los temas de Ruibal, sentiréis la nostalgia que ya mismo sufro. Nostalgia del Sur, de ese espacio atemporal donde la sensualidad y la poesía campan a sus anchas:

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