jueves, 22 de septiembre de 2011

Algo pasa en Catalunya (¿un contubernio nacioanalcatólicosindicalista?)

En Catalunya no hay huelgas: hay camisetas.
Me parece razonable que le esté cayendo una lluvia de críticas a la administración de Esperanza Aguirre por los recortes en educación (unos 1.000 profesores menos entre otros agravios), y que los sindicatos madrileños y los profesores se hayan plantado ante una merma en la calidad de un servicio básico.

Es excepcional, por insólito y positivo, que otras comunidades hayan tomado el mismo camino. Algunos dicen que por solidaridad. La mayoría tiene sus propios motivos.

Sin embargo, en Catalunya, donde los recortes también han dejado a miles de profesores en la calle, las aulas se masifican y la calidad educativa deja mucho que desear, mucho más de lo que dicen las encuestas, no hay huelga a la vista. ¡Hay camisetas amarillas entre los profesores! A Artur Mas le debe dar la risa sólo de pensarlo.

Pero no es el único frente en el que CIU guerrea acribillando a sus propios votantes. Los empleados de la sanidad pública se enfrentan a todo un ERE, después de asistir impotentes a la disminución de servicios y la privatización del hospital Dos de Maig.

Por desgracia para mí no necesito tirar de noticias. El terreno de la educación secundaria en Barcelona lo conozco mejor que algunos inspectores. No en vano, un sustituto puede recorrer de cinco a seis institutos por curso y vivirlos desde dentro. ¿Cuál es mi experiencia? En Barcelona, cada instituto es un mundo. En general la sensación es la de estar ante un reíno de taifas, algo inconcebible dentro de un sistema público. Cada centro al que voy es un sobre sorpresa. En unos, todo está digitalizado, pero las aulas están a rebosar. En otros, sucede al contrario: los materiales dan pena, pero los profesores tienen aire para respirar. Sin embargo, no hay pocos en los que no funciona ni lo uno ni lo otro: ni los medios ni el material humano.

El campo de la sanidad es también un yermo. La atención de los médicos de familia funciona más o menos bien. Excepto si te toca ir de urgencias. La última vez fui a mi ambulatorio por la tarde (cuando me entraron los siete males), cerca de Sagrada Familia, y me dijeron que el centro de urgencias más cercano, y el único, estaba a cerca de una hora andando. Me vi obligado a tomar un taxi para luego esperar cuarenta minutos.

En cuanto a los centros hospitalitarios, ya lo he comentado en algún otro artículo. En el Hospital de Sant Pau están que trinan. Las nuevas instalaciones son de una calidad mediocre. Falta personal. El estrés se palpa en los pasillos o directamente enfermeros y doctores te confiesan que están hasta arriba de presiones y de trabajo. Cada pocos centímetros, carteles de rabia e impotencia clamando por una sanidad pública en condiciones.

Habida cuenta de que la situación ya era precaria y que el gobierno de Artur Mas ha hincado la tijera en Educación y Sanidad, ¿por qué se quedan los sindicatos de brazos cruzados? ¿Acaso les interesa hacer precampaña electoral y unir esfuerzos contra Aguirre? ¿Puede ser que desde las cúpulas de CCOO y UGT, y sus brazos políticos, hayan decidido no disipar la atención del electorado con otro frente abierto contra un partido político nacionalista catalán? Si la respuesta no es ésta, me temo que será algo peor. Algo así como un pacto de silencio.

La gente normal, la que intenta ganarse la vida, paga sus impuestos y quiere creerse aquello del estado del bienestar, está sufriendo un atentado a sus derechos. En todo el estado español. En el caso de Catalunya, además, los representantes de los trabajadores actúan de meros espectadores.

NOTA: Para los más jóvenes, un decrépito Franco se despidió de sus rocambolescos discursos masivos hablando, como durante toda su dictadura, del contubernio judeomasónico* como la amenaza de los españoles, cuando el peor mal de España fue su desprecio a la democracia durante casi 40 años. Ahora me cuestiono si en Catalunya tenemos un contubernio nacional(ista) y católico: PSC-PSOE (por lo de nacional), CIU (por lo de nacionalista) y sindicalista en general. Razones hay para temernos lo peor.

*Curiosamente, nunca he encontrado pistas sobre crimen alguno cometido por esos judíos y masones en España que Franco metía en todos los ajos. Pues así se tiró cuarenta años. Para que los jóvenes se hagan una idea es como si el Gobierno le echara la culpa de todo a los Testigos de Jehová y a la asociación de magos españoles. Sí, socialmente no son lo más, y tienen sus locales propios para reunirse a puerta cerrada... pero de ahí a incriminarlos va todo un abismo.

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