sábado, 4 de junio de 2011

Según la OMS, los móviles podrían causar cáncer

Como esto sea verdad, pienso derribar con mis propias manos la antena de telefonía móvil que me pille más cerca. No me lo permite la ley ni mis músculos agarrotados dan para tanto, pero me costaría mucho más trabajo dar con los culpables de este engaño, otro más, global, globalizante y aberrante.

Como sucedió con la ONU y la invasión de Iraq, todo el mundo está desdiciendo a la OMS (espero equivocarme en la comparación). Sin embargo, detecto demasiadas prisas en ningunear el informe. Están desacreditando a un organismo internacional como quien hace callar a una mosca cojonera cualquiera. A menudo la displicencia cargada de agresividad esconde la urgencia de acallar verdades (parece un aforismo y si se lo he copiado a alguien ha sido sin querer).

Si no fuera porque la OMS se equivocó de plano con el escándalo de la gripe A, tendríamos que ponernos a temblar. Aunque, bien mirado, aquello tuvo un efecto positivo en las farmaceúticas que vendieron millones de vacunas inútiles. O sea, que ya no sé si se equivocó o nos engañó. En cualquier caso, conspiranoias aparte, ¿quién podría salir ganando de un bulo sobre el sector de la telefonía móvil que tanto daño podría hacer a los grandes inversores?

De momento, compás de espera, y el martillo dispuesto para cargarme mi teléfono móvil. Luego, propongo una excursión a por las antenas de las ciudades. Aunque no me extrañaría que, dada la coyuntura, tuviéramos que resignarnos a la amenaza del cáncer por el bien de la economía mundial, que es lo único que les importa a los políticos.

Para colmo, en mi currículum cuelga el sambenitense cargo de director de una revista de móviles. Mi pasado se confabula contra mi futuro a cada momento.

Imagen vía Sociedad Tecnológica

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