martes, 10 de abril de 2012

Mi fracaso profesional ("cry with me" + bonus track "a gift for my enemies")

Lo sé, la imagen es una horterada, pero tiene su gracia.
Todo lo que he sido capaz de hacer para ganarme la vida está en mi currículum. Soy licenciado en traducción y he traducido bastante, pero en algún momento la tecnología me sobrepasó y no supe adaptarme, o no quise, y ahora ya es difícil subirme al carro. Ninguna agencia de traducción, porque no es costumbre en las empresas españolas, me formará en el programa que utilicen para conseguir un trabajador eficiente y agradecido. No lo harán.

La verdad es que sólo traduciría por dinero. Profesionalmente. Lo mejor que pudiera. La pasión la pongo escribiendo.

Escribo desde que en el instituto (tenía unos 16 en 1992, echa cuentas) me dio por ensayar cuentos, novelas, poemas y todo lo que podía traspasar al papel. Cuando terminé la universidad, aparte de traducir, me empeñé en convertirme en un redactor freelance todoterreno. Escribí mucho sin encontrar ningún hueco donde publicar. Sólo cuando engordé mi currículum se me abrió alguna puerta. Casi siempre por pura casualidad acabé escribiendo de los temas que me interesaban poco: Internet, programas de PC; de los que me interesaban menos de los que creía: críticas de videojuegos; y también (¡menos mal!) de mis temas predilectos: viajes, cine y cultura en general.


Siempre quise ser crítico de cine y cuando publiqué algunos textos en tres revistas distintas me sentí un mercenario. La acumulación de trabajo en pocos días, la imposibilidad de escoger los films o los temas, la precariedad económica y algunos asuntos más me quitaron la ilusión de publicar, pero no la fe en que puedo dar mucho de mí mismo en torno al cine y todo lo que lo envuelve.

Es curioso también que no haya podido publicar ni una reseña literaria y sí haya redactado varios informes de lectura. La verdad, no tengo ni idea de lo que tengo que hacer para demostrar que lo puedo hacer con mucha energía y con profesionalidad. ¿Alguien lo sabe?

De nuevo, yo no conozco a nadie importante en ningún campo. Se me da fatal hacer la pelota o establecer una red de contactos. No, no puedo seguir ese camino.

A punto de terminar una novela de la que me sentiré orgulloso, con muchos cuentos a mis espaldas, intentos de novelas anteriores, ideas para parar un carro y la sensación de que mi falta de padrinos me arruinará el bautizo. 

Me gustaría, llegados al caso, escribir sobre fútbol o sobre política. En el fondo, son ámbitos muy similares. Está claro que uno debería superar con creces en importancia al otro. Pero la realidad es que los debates que se forman sobre fútbol o política resultan muy similares. A mí me sobran ganas de poner en solfa las miserias y de loar las proezas de uno y otro campo, pero sobre todo lo que puedo aportar es la valentía de llamar las cosas por su nombre. Cuánta falta hace que los que pueden llegar a la gente sean sinceros.

Modestia aparte, he visto convertidos en películas y series (sobre todo españolas) guiones que se parecen a un mal borrador de mis intentos. Esto lo podrían decir cientos de personas que hayan escrito un guión. Como no me gusta mirar para otro lado, reconozco que carezco de un guión brillante. Pero, ¿y si alguien me echara una mano?

Mejor no hablemos del máster en escritura de guiones. He aprendido mucho sobre la resolución de problemas en guiones, pero no sé cuál es la puerta para entrar. Una productora importante me hizo una prueba y les desaconsejé aceptar un guión que ha dado paso a una película mala y, sin embargo, nunca más me llamaron.

Soy profesor de secundaria de inglés, sustituto, y cada año que pasa trabajo menos tiempo y menos horas por sustitución, con lo que me mi principal sustento económico es muy débil. Si a esto le unimos mi decisión tomada hace años de no volver a escribir para medios como freelance, profesionalmente estoy en un callejón sin salida.

Para colmo, me robo horas para escribir novelas, cuentos, ensayos de ensayo y los aportes para este blog.

Soy un hombre adulto ya. Me gustaría mirar a los ojos de mi padre y decirle que no lo ha hecho tan mal, que por un lado o por el otro, seré feliz ganándome la vida. Sin embargo, todavía no me veo capaz... de mentirle.

Seguiré escribiendo, leyendo, aprendiendo y disfrutando de cada instante de la vida, pero ¿cómo pagaré el alquiler el mes que viene? ¿Conoceré a un amigo de una amiga de un primo de un directivo editorial? ¿Me dejaré un artículo graciosete en la mesa de un bar y lo recogerá Buenafuente? Un milagro. O dos. Es todo lo que necesito.

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