viernes, 28 de octubre de 2011

Pronóstico sobre el éxito de Tintín: el secreto del unicornio

Como un Torres de Villarroel de tercera fila, anuncio desde ya que el film de Spielberg (y Jackson) batirá récords de taquilla en todo el mundo.

Sin embargo, también me atrevo a proclamar que va a decepcionar a más de uno. La verdad es que no tengo manera de saberlo. De hecho, las críticas son muy positivas, pero las expectativas están por las nubes y la empresa no va a ser pan comido.

Veréis, la apuesta parece segura, pero sólo lo es en cuanto a la promoción de la película. Un diez (yo era un chavalín cuando se empezó a hablar del proyecto). La calidad del film es otro asunto distinto.

Las aventuras de Tintín, las del cómic, han encandilado a varias generaciones de lectores por muchos motivos, pero ninguno tiene que ver con el carisma del protagonista.

Tintín marca un hito en el mundo de los héroes de papel, pero también en el Universo de los héroes de todos los tiempos.

Para empezar, surge de la nada. No se conocen apenas detalles sobre su familia, educación, amigos, conocidos, etc.

Luego está su discutida sexualidad. Más que su supuesta homosexualidad (que es fruto de esa manía de tintes homófobos que consiste en ver gays por todas partes), lo que sorprende es su nula actividad sexual. Incluso amorosa. Ni siquiera se enamora platónicamente. Al menos, nunca va más lejos de cierta amistad cercana. Ahí se queda.

Tampoco se trata de un personaje locuaz ni es experto en nada. De hecho, su especialidad es recibir porrazos en la cabeza y quedarse inconsciente.

Ahora vamos a lo importante: en las historias de Tintín, ¿el protagonista consigue sus objetivos o son la avalancha de sucesos y el azar los que guían al héroe hacia el objetivo? En otras palabras, ¿hasta qué punto es Tintín dueño de su destino?

Aparte, ¿es Tintín poderoso, guapísimo, inteligentísimo, rapidísimo, etc.? La respuesta es clara: no. De hecho, si en algo sobresale es en su asombrosa suerte para salir airoso de cualquier escollo.

A simple vista, pues, nos hallamos ante un personaje con el que difícilmente nos podemos identificar, porque no es nadie. Además, siempre le sale todo bien y eso da mucha rabia.

Lo más grave, en cualquier caso, es su escaso potencial dramático: ¿cómo es posible que alguien que no controla su destino, se convierta en el motor de sus propias aventuras?

Ahí está la clave. En la diferencia. Hergé nos deslumbró con sus golpes de guión, que surgen de la necesidad de enganchar al lector que lee sus primeras historias, publicadas por entregas. Además, el belga supo diseñar un mundo alucinante entre la realidad fotográfica y la pura fantasía. También consiguió dar con los secundarios clave en cada momento. Por no hablar de su capacidad para proporcionar verosimilitud histórica a tiempos y lugares que, en realidad, sólo existían en la mente de su creador.

Por eso mismo, ya que el cine es un lenguaje distinto y exige, a la fuerza, que Tintín asuma el mando de la nave, me temo que, narrativamente, Tintín: el secreto del unicornio naufragará a la fuerza. Veremos hasta qué punto Spielberg puede ponerse a la altura de Hergé para colgarse la medalla de la calidad. Las del favor del público y la rentabilidad hace tiempo que las luce. Ojalá me equivoque y consiga el pleno.

En realidad, para ser plenamente sincero, creo que hablar de Spielberg y de Hergé es hablar de una misma raza de seres humanos: los genios. Cada cual con su lenguaje. Pero insisto: hay una diferencia notable entre contar historias con viñetas y hacerlo con fotogramas. De la labor de los guionistas, más que de la maestría contrastada de Spielberg, dependerá que la película se quede en un exitazo para olvidar o en un film inolvidable.

En cualquier caso, ¿quién, en su sano juicio, se atreve a perderse un estreno tan potente? Por otra parte, pocas películas pueden congregar en una misma sala a familias enteras. La nota triste del simpático panorama es que, en realidad, nos traguemos o no el anzuelo, no estamos dispuestos a que nos la cuenten. Queremos verla ya. Y a poder ser pagando la abusiva cuota de las gafas de plástico. Esto se llama angustia colectiva, aunque la disfracemos con otros nombres más "trendy".

3 comentarios:

JESUS dijo...

Lo que me divierte de Tintín es que el destino le guía por caminos cuyo final, él mismo desconoce. Simplemente nos hace co-protagonistas de sus aventuras, muchas de las veces en lugares exóticos ó emblemáticos. En dos palabras nos hace soñar y nos distrae. Intentaré ver la película, al menos porque el sello es Spielberg

Iván Bono Vilar dijo...

Por mi parte, supongo que iré a ver la película, aunque confieso que me aterra la posibilidad de salir de la sala un tanto decepcionado, puesto que, en mi opinión, los álbumes de Hergé son una sombra muy alargada, incluso para un tándem como el que forman Steven Spielberg y Peter Jackson.

David Navarro dijo...

A mí me ha decepcionado la película bastante. Aunque lo que más rabia me ha dado ha sido no tener veintitantos años menos para disfrutarla como un niño (los mayores de veinticinco años se aburrirán como ostras).
Tampoco sé es si los niños se enterarán de la trama a la velocidad que va esta película. Por un momento pensé que nos habían puesto una demo del videojuego en vez de la peli...