miércoles, 6 de junio de 2012

Sorpresas en la autoedición

Buena foto. ¿Qué tal como portada?
La impaciencia lleva un reloj con agujas de plomo. Después de tres años para concluir la novela Raval Sunrise, pasan tres semanas sin noticias de un editor o un agente literario y ya he empezado a plantearme otras opciones como, por ejemplo, la autopublicación.

En ésas estaba cuando entré en Bubok.es. Los internautas hablaban maravillas del portal en los foros y, en efecto, nada más entrar compruebas que el sitio se deja navegar la mar de bien, pero la primera sorpresa me la llevé cuando vi... más de 800 obras en el apartado de narrativa, casi todo novelas.

Elegí una obra al azar y vi que en papel costaba doce euros y en formato electrónico era ¡gratis! La descargué, antes de sacar conclusiones, y me encontré con un engendro de novela delirante y la mar de chistosa muy a su pesar.

Antes de contentarme con el mal de muchos, quise darle otra oportunidad al portal y, esta vez, en el apartado de relatos encontré un libro escrito con mucho oficio. De nuevo, volví a las novelas, y las organicé por precio de manera que me salieran las gratuitas primero.

Descargué unas cuantas y mi cuarta sorprea fue descubrir que había de todo: chorradas sin ton ni son, libros desconcertantes por vanguardistas y, otra vez, capítulos muy bien redactados de obras que prometen.

A horas de hoy me es imposible, porque no me he leído ninguna novela completa, hacerme una idea de cuántos de los libros podrían venderse en librerías sin provocar la ira de los lectores.

Después de todo, el primer corte, quedarme sólo con las que están bien escritas, puede conducirme al engaño. ¿Y si han pasado por las manos de un buen corrector de estilo?

La propia Bubok ofrece estos servicios y la gente, por lo visto, tiene más de 1.000 euros para autoeditarse. De hecho, ésta es mi principal crítica al portal: autopublicar un libro en papel es una ruina sin contar con la letra pequeña: que si tienes que diseñarte la portada, maquetar por tu cuenta el libro, etc.

Otro aspecto que no me gusta es que los autores dejen sus novelas en modalidad de descarga gratuita, aunque sea en PDF. Si ellos mismos no lo valoran, ¿quién lo hará? Además, no es necesario ponerle coste cero para que cualquier lector se haga una idea sobre su obra, pues la mayoría de libros permiten descargar unas cuantas páginas gratis.

De momento, por si a alguien le interesa mi batalla personal, sigo pensando que si Raval Sunrise merece la pena, algún editor la querrá publicar. Aparte, puede parecer extraño, pero me hace especial ilusión establecer contacto con un buen editor que me ayude a mejorar la obra. Creo que un escritor debe establecer lazos con editores, libreros y lectores. A fin de cuentas, si escribo es para mandar mensajes. Mejor si tienen receptor.

No descarto, de todos modos, utilizar el servicio de Bubok, el de Lulu o el de Amazon para una recopilación de relatos que tengo en el cajón medio olvidados. ¿Por qué? Pues porque soy consciente de que nadie va a publicar un libro de relatos a un escritor desconocido. A no ser que gane varios concursos, pero ésa es otra historia...

Imagen tomada prestada de Jorge Tutor

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