miércoles, 20 de junio de 2012

Presentación de Un puñado de relatos y una huida (4 de 4)

Para concluir con esta larguíssssssssima presentación, el bloguero apocalíptico David Navarro entrevista al escritor David Navarro Lloret sobre Un puñado de relatos y una huida.

Sorprendentemente tengo ante mí un autor al que respeto y que comparte conmigo nombre y apellido. Sus cuentos tempranos, también titulados Un puñado de cuentos y una huida, han salido por fin a la luz en una iniciativa editorial que ya ha tenido la respuesta entusiasta de sus muchos seguidores. ¡Nada menos que cuatrolibros vendidos en casi una semana!

D1: David Navarro, felicidades.

D2: Créame si le digo que no hay de qué.

D1: ¿Por qué vender sus cuentos a sólo 1,95 euros?

D2: Porque por un par de euros más tienen la posibilidad de comprar cuentos de Cortázar y de Benedetti en papel, que quedan mejor en la estantería. Además, son más baratos que una cajetilla de tabaco y matan más despacio. Podría poner más ejemplos de cosas más baratas y más tontas, pero no sé si merece la pena...
D1: Buena idea... ¿No le da miedo que por ponerlos tan... baratos... le tomen poco en serio?

D2: Si los cuentos se leen, mire usted, que me tomen como les dé la gana.

D1: ¿No le importa lo que piensen de usted?

D2: Para escribir sólo necesito que lean mis textos. A mí me pueden ignorar sin problema.

D1: Está bien, hablemos de otro tema. [El invitado asiente serio]. Muchos gurús del mundo editorial preconizaron hace unos años que en el siglo XXI triunfaría el formato corto, en parte debido al ritmo de vida, cada vez más rápido y más estresante.

D2: El mundo actual está lleno de obras maestras y de genios, sólo hay que verlos en el cine, por la calle cruzando un semáforo o sentados en la taza del váter: siempre están creando tweets, what's aps y otras piezas de museo.

D1: Entonces, la novela no está tan muerta como decían...

D2: A la novela la están salvando las malas películas y la pésima televisión. Además, todavía hoy constituye uno de los métodos de evasión más económicos, duraderos y placenteros.

D1: ¿Y qué aportan sus cuentos?

D2: A la literatura, nada.

D1: ¿Y al lector?

D2: Dieciocho historias que antes no conocía y que ahora verá casi en pañales, porque no nos engañemos: detrás de unos buenos cuentos editados por una casa prestigiosa, siempre hay un buen editor. Y claro, cuando terminan de meterle mano, a esos cuentos no los conoce ni la madre que los parió.

D1: Entonces, ¿Por qué tendrían que leer sus cuentos y no otros?

D2: No están obligados, pero tampoco tienen la obligación de leer mamotretos insufribles como La montaña mágica o chorradas como los libros de Paulo Coelho y su pandilla. Es una cuarta o quinta o vigésima vía.

D1: Quizá el lector espera que usted le convenza con argumentos más entusiastas.

D2: ¡Entusiasmo! De eso yo no vendo. Déjeme que les señale que mis cuentos se entienden y tienen más trabajo detrás que casi todo lo que van a leer en su móvil durante un mes. Digo casi todo, porque parece que hay gente que se dedica a escribir tonterías muy bien diseñadas.

D1: Interesante, yo también lo he pensado alguna vez: ¿Quién se dedicará a fabricar contenidos anónimos? [Nuestro invitado cierra los ojos y bosteza a placer] Señor Navarro... [Parece que sintoniza de nuevo] ¿Su próxima obra será una novela u otra colección de relatos?

D2: O la escultura de un burro con gafas de pasta, vaya usted a saber. En mi chistera tengo de todo. Vaya, que tengo literatura para aburrir, pero si aburro preferiría no publicar nada.

D1: ¿Alguna pista?

D2: En esta conversación sobran dos cretinos y uno de los dos ya se ha aburrido de estar aquí contestando gilipolleces. Adivine quién se va.

[El señor Navarro Lloret se levanta airado y abandona el salón de su casa. Antes de salir del piso, cierra con llave].

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