sábado, 23 de junio de 2012

El DRAE nos complica la vida para simplificar la lengua

Quién ha visto y quién ve ahora a la Real Academia. En los ochenta no había manera de que los señores académicos se pusieran "al loro" con los cambios de la lengua, ahora no sólo lo aceptan todo, sino que lo incorporan a su diccionario a un ritmo trepidante.

Yo no sé desde cuándo "escenario" significa en español esto: Conjunto de circunstancias que rodean a una persona o un suceso. Pues bien, se trata de la cuarta acepción que el DRAE recoge de una palabra que nunca había estado tan en boca de los periodistas como últimamente.


En el peor de los escenarios posibles, en este escenario... Todo el tiempo se habla de escenarios en prensa, radio, televisión e Internet. Y no se refieren al teatro, sólo quieren decir "caso", pero se han aburrido y, en lugar de calentarse la cabeza con sinónimos, le llaman "escenario" y listos.


Sucedió en los noventa con la palabra "evento". De hecho está tan interiorizada su connotación referida a acontecimiento, que cuesta seguirle el rastro. Antes de ponerse de moda como suceso, un evento era un espectáculo, una celebración de relumbrón, o algo inesperado. Ahora cualquier caso pasa por evento. Incluso un cumpleaños de un niño en un parque de bolas puede calificarse de evento. Igual que un macroconcierto, unas olimpiadas o una jota en la plaza del pueblo.


A todo esto, el DRAE dice que es un acaecimiento, que no es nada más ni menos que (también cito el DRAE) "algo que sucede". O sea, casi todo. Excepto el paisaje y algunos escenarios naturales, todo cambia. Algunos paisajes, por cierto, también caen. Vaya, que todo es susceptible de suceder.  Por si la primera definición no es suficientemente amplia, los académicos afinan puntería y dicen que además significa: "eventualidad", o sea, lo que puede suceder. Bien. Y acaban con una acepción que me hace replantearme el origen de mi español. El DRAE coloca como tercera acepción la siguiente: " Cuba, El Salv., Méx., Perú, Ur. y Ven. Suceso importante y programado, de índole social, académica, artística o deportiva". Vaya, si vivimos en Cuba, y nosotros sin enterarnos.


Habrá a quien le importe un bledo. Pero es que hay gente que también le da igual que se deshielen los polos. "¿Y a mí qué? Ponme una caña bien fría".


Luego están los que ponen el grito en el cielo (los menos), pero como viven en las alturas nadie se fija en ellos.


Se puede culpar al inglés. El influjo de "event" es claro. Sin embargo "scenery" a día de hoy todavía significa en la mayoría de las frases "paisaje". ¿Y si no es el inglés? Tampoco creo que sea el francés. Scénario viene a referirse al guión de una obra audiovisual. En fin, dejemos a los lexicógrafos.


Con los cambios lingüísticos me parece que hay que actuar como el discípulo que aprende a pintar de la naturaleza en lugar de juzgarla.


No se trata de buscar culpables, porque si los hay no han cometido ningún crimen. Sin embargo, conviene captar el mensaje: cada vez usamos menos palabras que abarcan más significados. Será que tenemos prisa, que nos hemos vuelto vagos o será lo que quiera Dios que sea, pero está. Y por tanto es.

A punto de publicar el artículo, salta la noticia: el nuevo diccionario de la RAE incluirá términos como "friki", "manga" (cómic de origen japonés) y uno que que celebro especialmente: "bloguero".


Veo muy útil la inclusión de "tableta" para que no proliferen los "pads". No entiendo, en cambio, la importancia de "ugetista". Mira que estoy enchufado a los medios, pues lo habré visto cuatro o cinco veces. Me asombra que hayan tardado tanto en llegar palabras más que asimiladas como "canalillo" y "espanglish". Y discrepo del interés que pueda tener un diccionario en albergar palabras a mi juicio pasajeras como "gayumbos", "culamen" y "peñazo". Por otro lado, aplaudo la velentía de los académicos al adoptar "okupa", "SMS" y, especialmente, el "matrimonio" homosexual.


Esta última incorporación al acervo del castellano traerá cola hasta 2014 que no se prevé su publicación. Veremos si los académicos consiguen contrarrestar las embestidas de Rouco Varela y sus secuaces.

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