martes, 20 de marzo de 2012

Vivir sin Facebook

Algunos van al cine y sólo ven Facebook.
Pienso en las vacaciones de Semana Santa, en el verano, en un bucólico y quimérico destierro de varios días a una casa rural o incluso en un monasterio. Y Facebook no me encaja.

Son muchas horas pegadas al ordenador y poca efectividad. El pegamento suele ser Facebook.

Descartada para los próximos 12 meses (por lo menos) la adquisición de un móvil inteligente, no me atrevo a descolgarme de Facebook definitivamente.

Otra vez el miedo a desaparecer de los pensamientos de los demás. Y si no me piensan... ¿seguiré existiendo?

Estoy convencido de que sí. Gracias a Dios. Pero cuanto más me convenzo, más tintes sobrenaturales adquiere la duda.

De momento, he desactivado mi perfil de Facebook unos días.

Además, para qué nos vamos a engañar, las últimas semanas el balance ha sigo negativo: polémicas, malentendidos que no deberían haber acabado en discusiones, acelerones de varios compañeros, neuras propias y ajenas...

Volveré, porque hay cuatro o cinco personas que me esperan allí, que se entretienen, que me contactan para charlar, sonreír. Y cuando vuelva, no pienso anunciar mi regreso, porque me iré a las semanas otra vez. Muchas veces de hecho. Hasta que me acostumbre a vivir sin Facebook.

Si algún día tengo tiempo y ganas, analizaré qué papel desempeña la gente en esta plataforma para practicar el deporte de moda: la crítica infundada, la egolatría y la observación sarcástica desde la parálisis del voyeur que nunca se expone y siempre está dispuesto a criticar.

¿Red social? En algunos casos. Más bien es un escaparate que, entre otras cosas, muestra las dificultades que tenemos los seres humanos para comunicarnos por cualquier canal.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A ver si tienes cojones para resistir, yo nunca lo he tenido y aquí estoy, tengo dos piernas, dos brazos, me miro frente al espejo y creo que no me falta de nada. Es más, recuerdo incluso que hace 10 años vivía sin teléfono móvil y el mundo seguía girando, amanecía cada día ... reconozco que he sido durante algunos años un usuario bastante intenso del messenger, pero es que te permitía mantener cierta privacidad y nadie tenía más información de aquella que tú les querías proporcionar. Esto del facebook me supera, me desborda, no entiendo que gracia tiene ir ahí a exponer tus intimidades y cotillear las ajenas, es grotesco. Y de todos modos David, decidas lo que decidas, no importa, porque nada importa nada. Pero yo soy libre.