viernes, 16 de marzo de 2012

Contradicción (o misterio) del budismo

¿Fue feliz mientras contrastaban su felicidad?
Me fascina leer a Matthieu Ricard, un monje budista considerado el hombre más feliz de la Tierra (científicamente demostrado, ver foto), porque consigue aunar en un solo discurso la realidad presente, la filosofía y la religión. Y lo hace, cómo no, en el nombre del budismo.

Él y otros antes y después me han convencido de que el budismo cuenta con una ventaja absolutamente irrevocable sobre otras religiones. Al carecer de dogmas, todos los avances científicos encajan. El budismo no pretende "meter miedo" a sus fieles bajo coacción del sentimiento de culpa ni se dedica a condenar actividades tan mundanas como usar el preservativo para practicar el sexo. Bajo su imperio moral (o no imperio) Galileo no tendría que haberse retractado de su teoría ni la Santa Inquisición habría existido.

Para el budismo, el concepto de tiempo lineal es otra ilusión más de la mente humana. Por eso encaja el big bang e incluso numerosos big bangs que se suceden sin cesar. Es la idea del eterno retorno. La energía va y viene. Nuestro yo es producto también de la mente. Somos energía que pertenece a algo superior, junto al resto de elementos que conforman la existencia.

Ojo, que no soy experto en la materia. He resumido a grandes rasgos mis lecturas sobre el budismo y a partir de ahí he extraído estas conclusiones.

Sin embargo, a mí no me cuadra una aparente contradicción. Por una parte, hay que olvidarse del yo, de la individualidad terrenal. Por otra parte, el camino para conseguir la iluminación es bucear en el interior de cada uno, ensimismarse hasta conseguir abstraernos de lo demás.

¿Soy el único que percibe una enorme contradicción o acaso no entiendo el gran misterio de esta religión?

Hago una lectura particular que encuentro en la psicología de andar por casa, en la de la experiencia. Me resulta del todo increíble que una persona que no se quiere a sí misma pueda amar de verdad a otra. No sé si anulo la contradicción con esta reflexión que intento que se convierta en un paralelismo del tratamiento del yo budista.

En cualquier caso, recomiendo a los que tienen sed espiritual que busquen en el budismo. Una religión que se centra en eliminar el sufrimiento no puede ser contraproducente para nadie. No es necesario descartar la Torah, la Biblia o el Corán, ni colocar estatuas de Buda por todos los rincones. Se trata de indagar y sentir.

Si acaso la única crítica que yo le haría al budismo tiene que ver con su interpretación de la génesis de la vida. Básicamente porque no la hay. Si no me equivoco, el budismo no da ninguna respuesta sobre un hipotético arquitecto del Universo. Y no lo hace porque al eliminar el factor tiempo lineal desaparecen, por consiguiente, las relaciones causa-efecto, que son las que dominan nuestro pensamiento.

Reconozco que soy incapaz de pensar sin tener en cuenta mis nociones de espacio y tiempo. Quizá si algún día lo consigo deje de obsesionarme una preocupación tan humana como querer saber qué o quién montó este milagro que es la vida, y de paso para qué. Conocer el por qué sería la gran respuesta, pero quién sabe: tal vez la ciencia, aparentemente contraria a la religión, consiga dar algún día con la clave.

En asuntos religiosos soy consciente de que hay tabúes y miedos que impedirán a más de uno atreverse a saber más. Yo me considero cristiano, aunque no me adscriba a ninguna de sus iglesias, ni la oficial con sede en la fortaleza romana ni sus fotocopias. Algo sí tengo claro: mi empeño en que mi respeto y admiración por Jesucristo no me impidan jamás seguir indagando en los misterios de la humanidad ni se me ocurra nunca negarle un preservativo a una población en peligro de contraer enfermedades de transmisión sexual.

Quizá haya quién vea en esta última declaración de intenciones otra contradicción...

2 comentarios:

syous dijo...

@jrrsantacruz Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática http://www.youtube.com/watch?v=yi06lsGto0M&sns=tw vía @youtube

David Navarro dijo...

Interesante, pero hablemos, generemos debate. Lo del silencio divino puede perturbar o no, pero cuando se trata del ser humano, ya que podemos hablar, empieza a ser preocupante.