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I'm still standing

Es un decir, porque escribo esto recostado en la cama, donde mejor se está cuando se trata de leer o escribir, a la espera de un sillón relax que no puedo pagar o de una lumbalgia definitiva que me obligue a sentarme como es debido.

Con o sin el respaldo de mis seres queridos. Desde la actividad más voraz o desde la parada de mi propio autobús con el motor recalentado. Con posibles económicos o pobre de solemnidad.

Si me véis inteletualmente dócil e incluso si no me véis (especialmente si no me véis), esperad a que me levante, porque lo haré del modo del que el viento tira y tira de los pinos. De buenas a primeras y con una constancia impropia del escurridizo bufido en el que a veces me gusta convertirme.

Anyway... the wind blows...

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GTA V no es un juego para niños

He sido monaguillo antes que fraile. Es decir, he pasado por una redacción de una revista de videojuegos y desde hace más de cinco años me dedico a la docencia. De hecho, cuando nuestro Gobierno y la molt honorable Generalitat quieran, regresaré a los institutos y me dedicaré, primero, a educar a los alumnos y, en segundo lugar, a enseñarles inglés. Por este orden.

Calculo que más de la mitad de mis alumnos de ESO (de 12 a 16 años) juegan a videojuegos con consolas de última generación, esto es, PlayStation 3 y Xbox 360 (dentro de unos meses, esta información quedará obsoleta: hay dos nuevas consolas a la vista).

Deduzco, a su vez, que de este alto porcentaje de estudiantes, la mayoría, y no sólo los niños, querrá hacerse con el último título de la saga GTA: la tan esperada quinta parte.

Empleados más puteados del mes (Cash Converters)

Es una franquicia que no ha dejado de crecer con la crisis. Sin embargo, y a pesar de abrir nuevos locales, todo apunta a que les va fatal.

Lo primero que percibes es que los empleados no cobran incentivos por vender más, o si los reciben, son de pena. Haz la prueba. Intenta entrar cuando quedan diez minutos para el cierre. De repente, todos desaparecen hasta que a menos ocho minutos una voz cavernosa te invita a marcharte. Inmediatamente, la persiana cae como si fuera confeti.

Luego está el mal rollo entre ellos. El otro día un señor me atiende en la zona en la que te compran los productos, bastante sórdida siempre, y llegan dos compañeros con un avioncito teledirigido. Poco más y se los come. Delante de mí y sin reparos, les echó una bronca de mil demonios.

Aciago pronóstico para un posible rapto

Si no fuera un drama amargo, estaríamos ante un apasionante caso de misterio. Me refiero, claro, a la desaparición del niño Gabriel Cruz en las Hortichuelas, pedanía de Níjar (Almería). Por desgracia, si bien los elementos de esta historia (recordemos, real) son un desafío para los investigadores, se dan bastantes circunstancias que apuntan a un desenlace trágico. En primer lugar, llevan ya muchos días y el tiempo es un factor en contra de los casos de desapariciones. Luego está el motivo de la desaparición. Si fuera un rapto, habrían contactado con la familia para pedir dinero. Queda la esperanza de que en realidad sí que hayan intentado el contacto, pero la previsible avalancha de informaciones falsas de buena o mala fe lo hayan impedido.
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