domingo, 11 de marzo de 2012

El legado de Josep Guardiola

La otra cara del éxito.
Más allá de sus triunfos deportivos, Guardiola ha dado una lección de humildad y deportividad en los cuatro años que ha entrenado el F. C. Barcelona.

Ante una victoria, lejos de sacar pecho, Guardiola dejaba la euforia en su taquilla del vestuario y restaba importancia al logro.

Con las derrotas, sucedía lo contrario, y en lugar de buscar culpables o lanzar reproches, demostraba que confiaba en su equipo y mandaba señales de ánimo a los jugadores e indirectamente a su afición.

Sus detractores, teledirigidos por el sentimiento madridista o anticulé, han dado la vuelta a la tortilla de sus virtudes: la humildad como falsa modestia; la contención como sarcasmo.

Además, han amplificado los errores de forma o de contenido, que los ha tenido como cualquier entrenador (y ser humano) del mundo.

Sí que es cierto que cuando el viento sopla a favor, es mucho más sencillo llevar tu nave a buen puerto. Pero que nadie crea que dirigir un trasatlántico como el Barça no presenta dificultades. Pilotar esta inmensa nave es, con todos los elementos del lado del capitán, una empresa siempre complicada. Y para conseguir arribar a buen puerto Guardiola ha tenido que emplearse a fondo.

¿Sus secretos?
Trabajo: era el primero en llegar y el último en irse.
Relación con el club: distancia y profesionalidad.
Relación con sus jugadores: cercana, pero exigente.
Prensa: cortesía, contundencia y discrección.

¿Defectos? Muchos. De nuevo, los que han sufrido sus logros deportivos, han aprovechado cualquier error de Guardiola para recriminarle que no es tan bueno como pensaban.

En efecto, Pep Guardiola no firmó con el Barcelona para conseguir la beatificación mediática. Por tanto, el problema lo tienen los demás, los que no quisieron ver que detrás del magnífico entrenador se encontraba una persona corriente.

Se ha equivocado en muchos aspectos, pero ¿qué pesan más sus aciertos o sus equivocaciones?

A mi juicio, lo único objetivamente reprochable al técnico es que esta temporada, la 2011-2012, haya cavado su propia fosa en la Liga al competir con una plantilla cortísima. El filial ha dado y dará muchas alegrías, pero no es la lámpara maravillosa de Aladino. No es fácil sacar a defensas como Puyol o Piqué y, de hecho, no los hay en la cantera. Tal vez con el tiempo.

Y si he escrito la mayor parte del artículo en pasado es porque tengo la sensación de que Guardiola tiene un defecto demasiado palpable, la vanidad, y que se irá pronto. Para que no le pase como a su adorado Cruyff. Así no dejará un regusto amargo como el holandés, que terminó su ciclo en el Barça como el rosario de la aurora.

Claro que, escuchad, esto es sólo fútbol y si Pep gana la Copa del Rey y la Champions, nadie se acordará de la Liga que pudo ganar y perdió por falta de efectivos.

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