sábado, 17 de diciembre de 2011

Las idolatrías que sí entiendo

Manolo, al natural.
Me cuesta imaginarme pasando sueño y frío en el exterior de un hotel para que al final, de lejos, salgan los jugadores de un equipo de fútbol, baloncesto o lo que sea, y con suerte firmen un par de autógrafos.

Tampoco me veo pasando la noche a las puertas de un estadio para poder estar más cerca de un ídolo del rock.

En cambio, echo de menos un tipo de idolatría quimérica y constructiva, que ya sé que suena a imposible, pero que a mí me sirve, como otros muchos sueños, para ir tirando.

Me explicaré mejor con ejemplos.

Un artista al que siempre he respetado es Manolo García. Sinceramente, que me firme un disco o se haga una foto conmigo me importa poco. Pero me gustaría mucho sentarme a una mesa con él a tomar una cerveza y charlar de esto, de aquello y de lo otro. De igual a igual. Incluso sabiendo que seguramente nado a varios océanos de distancia.

En cambio, a Elvis Costello me lo imagino hablándome de música y, a poder ser, con un varios instrumentos al alcance. Cantar a dúo con él cuelga de mi constelación de sueños.

Con los escritores, por motivos obvios, me gustaría hablar de literatura. Sin embargo, con Paul Auster también me sentaría a hablar de la vida. Lo mismo que con Millás y con Tomeo.

Es extraño, porque a los tres anteriores los siento tan lejanos como a Marsé, Vicent o García Márquez, por citar a algunos autores a los que admiro. Sin embargo, a Juan Marsé me acercaría como un alumno a su maestro. A Manuel Vicent le tengo demasiado respeto: aproximarme a él sin más me parecería pisarle la intimidad, aunque me invitase a tomar algo. Lo mismo, pero al cubo, es aplicable a Gabo, aunque no creo que entre el valenciano y el colombiano haya tanta diferencia literaria.

Hay famosos que me disgustan tanto, que posiblemente les negaría el saludo en el caso de que nos encontráramos en un ascensor o en una sala de espera. ¿Para qué decir nombres?

Quedaos con el detalle por si alguien me puede hacer este favor: aquí, un admirador de Javier Tomeo, Manolo García, Blanca Portillo, Iñaki Gabilondo, Pep Guardiola, Luis del Olmo, Icíar Bollaín, el "Gran Wyoming", y un largo etcétera, estaría muy agradecido de tomarse una cervecita tranquilamente con cualquiera de ellos.

Con Pedro Reyes, Quimi Portet y Faemino y Cansado no me puedo ni imaginar la juerga dialéctica que nos montaríamos.

Ya sé que me he dejado un montón de mujeres: Ana Pastor (la periodista, la amiga de Rajoy, no), Amparo Baró, Belén Gopegui, Eva Amaral, María Teresa Fernández de la Vega, Bebe, Rosa María Calaf, Carmen Maura y un largo etcétera. Con todas ellas sería un placer inmenso disfrutar de una velada.

Así entiendo la idolatría. De paso, mando el deseo y, ojo, porque me ha dejado mucha gente a la que admiro. De hecho la lista sería interminable. No sé si eso es bueno o malo. Es.

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