jueves, 13 de enero de 2011

Di adiós a los dilemas y, de paso, al sufrimiento existencial

Los dilemas no son para tomárselos a broma. En realidad, cualquier elemento que te haga dudar, en el fondo te está poniendo en peligro. Se trata, pues, de elementos distorsionadores de eso que tanto te ha costado encontrar: el equilibrio. En mi caso, por el bien de mi salud y la de mis convecinos, he conseguido aislar los puntos conflictivos que más de una vez han llevado mi existencia a la zozobra y los he separado en binomios para facilitar la elección que deshaga el posible dilema.

Por ejemplo, cuando voy de viaje y no quiero complicarme buscando un buen restaurante. Llega el primer dilema: ¿McDonald's o Burger King?.

Dado que las hamburguesas de McDonald's huelen a colonia y las patatas me saben a cartón, he decidido optar por Burger King. Bien es cierto que la carne de esta cadena tampoco es un regalo para el olfato. A mí las hamburguesas me huelen a carne pasada. No mucho, dos o tres días, pero pasada. Sin embargo, lo prefiero al aroma a colonia. Por lo mismo que nunca me pondría un perfume que oliese a picadillo.

Con todo, el principal motivo para descartar McDonald's tiene que ver con la crisis de conciencia que me provoca enterarme de que con un menú tamaño Mickey Mouse me estoy llevando al estómago más de la mitad de las calorías que necesito para todo el día. Otros habrá que valoren la claridad informativa de McDonald's, pero yo no. Cuando me llevo a la boca un menú de comida basura lo último que necesito es que me lo restrieguen por la cara.

Otro dilema que he resuelto es el de la Coca-Cola vs Pepsi. Reconozco que en este caso me he dejado llevar por un mal aplicado principio de justicia poética. ¿Cuál se vende más? Pues yo prefiero siempre a la parte débil.

A la hora de irme de vacaciones: ¿playa o montaña? Estarás pensando que dependerá de la estación del año, de la finalidad del viaje, del alojamiento, etc. Craso error por tu parte. Yo ya resolví el dilema hace tiempo y así no tengo que enfrentarme a la disyuntiva cada vez. Mi opción es siempre playa. La montaña está llena de peligros y en invierno hace muchísimo frío y en verano, mucha calor. En la playa, mientras no te lleves la cartera ni traspases la línea de la orilla, lo único que te puede fastidiar el día es un grupo de niños o la arena. Cala rocosa apartada del mundo, y asunto resuelto.

Un dilema cruel que también he resuelto tiene como protagonistas a las dos grandes marcas de helados, Frigo, y la del nombre impronunciable que me da pereza buscar en Google. Sin duda, la opción es Frigo. ¿Por qué? Pues porque con el precio de un “jaguen das” me puedo comprar cuatro de Frigo. Si tienes experiencia en el mundo de los helados, sabrás que el sentido del gusto sólo funciona al primer bocado. Con el frío, cualquier atisbo de sabor se debe a tu imaginación.

Seguiría dando solución a los dilemas que más me afligen, pero no me gustaría influir en tus decisiones más trascendentales. Lo mejor es que aprendas por ti mismo a separar el mundo en dos facciones y tomes partido por una u otra.

¿Te da miedo a equivocarte? No deberías preocuparte: es imposible acertar. Puesto que nunca sabrás en realidad qué te estás comiendo o bebiendo en esta sociedad de consumo, no te queda más remedio que aprender a perder siempre, pero con el menor sufrimiento posible. Los dos sabemos que la opción realmente buena sería huir del mundanal ruido y construir un aljibe para beber agua de lluvia. Luego, con el agua sobrante podrías alimentar tus propios árboles, verduras y hortalizas. ¿Es eso lo que quieres? Pues, nada, a deshacer dilemas tontos y vivir la vida moderna que son cuatro días.

Nota del autor (de quién si no): Ya publicaré más dilemas resueltos para mentes vagas y personalidades escuetas.

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