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Ahora mismo Madrid 2020 es intragable

Supongo que si alguien malgastara el dinero en una encuesta, la gran mayoría de los españoles mostraría su entusiasmo para que Madrid albergue los Juegos Olímpicos de 2020. Alguno incluso donaría unos cuantos euros para apoyar una causa a la que se le ha dado más cancha que a cualquier iniciativa humanitaria de los últimos años.

La corriente de pensamiento general viene a decir que, con exactitud matemática, todos los rincones del territorio español se verán beneficiados por el magno evento. No hay ningún estudio previo que lo garantice ni nadie que se atreva a demostrarlo, aunque sea por la cuenta de la vieja, pero lo han pintado como un hecho indiscutible.

Ahora bien, me pregunto en qué beneficiaron las Olimpiadas de Barcelona 92 a Cuenca, Huelva, Murcia, Burgos, etc.



Es más, quiero poner en duda incluso si realmente benefició a España, como ente abstracto, antes incluso de que nos dieran la murga con eso de la marca España. Los datos económicos no avalan esa supuesta mejoría. Al contrario, tras un repunte que nada tiene que ver con Barcelona 92 la tendencia ha sido siempre a la baja.

Voy más lejos. ¿Los JJ.OO. del 92 beneficiaron a Barcelona o a los políticos y empresarios que gobernaban la ciudad, la provincia, la comunidad y, de rebote, a los gobernantes y mandamases de Madrid?

Ya sé que es una pregunta capciosa, porque no hay una respuesta única; es decir, no es ni blanco ni negro ni tan sólo se pueden llegar a discernir los colores. Sin embargo, yo lo veo todo bastante gris y por eso comparto mi duda. De hecho, estoy convencido de que, proporcionalmente, salieron más beneficiados los poderosos que los ciudadanos de a pie. Y eso sí que se puede comprobar simplemente equiparando las grandes fortunas que hicieron su agosto con motivo de los JJ.OO. con las familias que dieron el pelotazo antes, durante y después de las Olimpiadas.

Ahora, y volviendo al tema de Madrid 2020, explico por qué me opongo a que Madrid obtenga esos Juegos Olímpicos que aparentemente harán que todos los españoles nademos en la abundancia.

Principalmente, porque este país está dirigido por corruptos y no creo que podamos confiar en la gestión de los supuestos negocios, patrocinios y demás inyecciones económicas, aparte de las obras (faraónicas o no), que atraiga Madrid o, si lo prefiere alguno, el estado español en su conjunto.

El segundo argumento es que me provoca retorcijones que los círculos más a la derecha de los poderes fácticos y públicos de este país se apunten un tanto. Son los mismos de los que no me fío, los mismos que están siempre visitando los tribunales. Son los que se rodean de Ana Botella, José María Aznar, el Opus, los Legionarios, el Santander y el caldo de cultivo de los postfranquistas y de los espabilados de la catadura de Bárcenas, Camps y ese largo etcétera.

Considero, por último, que es un insulto a la inteligencia de la ciudadanía que los políticos y sus palmeros y titiriteros, que también los hay, se esfuercen durante tantos años utilizando todos los recursos a su alcance en un supuesto logro para el futuro cuando a día de hoy la situación económica, laboral y social del país es insostenible.

A mí me alucina que un Gobierno amenazado constantemente de un secuestro político, porque económicamente ya estamos condenados, se dedique a estas maniobras de propaganda con tanto descaro y que, además, consigan un apoyo unánime del pueblo.

Si de ellos dependiera, eliminarían Historia de los temarios de todos los niveles de la educación. O le darían a Pío Moa, César Vidal y compañía la exclusiva de los contenidos de las asignaturas.



NOTA: Fotografía tomada de esta web y procedente de la revista El Jueves.

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