sábado, 27 de octubre de 2012

Hablando claro: España no tiene remedio

Es el sino de los españoles, quizá también de los ibéricos (hispanolusos, me refiero) y hasta cierto punto de los mediterráneos: hay un gen cultural que nos impide evolucionar de acorde a una civilización legalista, como la que trata de imponerse en Occidente.

Lo nuestro es saltarnos las normas, tirar por la calle de enmedio o salir por la puerta de atrás. Yo no sé si existe ese estigma en la cultura, que se incrusta en las generaciones como si la sociedad tuviera sus propios genes. A veces me da por pensar que se trata de algo más sencillo, tan facilón que no queremos verlo.


En este país hay un clima estupendo, incluso en los lugares más agrestes. El frío del Norte, sus constantes lluvias, son una broma en comparación con lo que ocurre en países no tan lejanos como Alemania. No hablemos de Escandinavia. Del mismo modo, donde hace mucho calor, no se sufren los rigores de muchas regiones del mundo.

Gozamos de una gastronomía riquísima. Además, nos gusta comer y estamos enamorados de nuestra comida. Esto es importante, porque de nada serviría saber cocinar unos ingredientes, dicho sea de paso de primera calidad, si la gente no lo disfrutara.

Sin embargo, y para averiguar el motivo no creo que haya suficientes sociólogos en la Tierra, las condiciones laborales en España son arcaicas. Es decir, siguen patrones de la revolución industrial, de la de Dickens y sus novelones. Los empleadores sospechan de sus trabajadores constantemente, los vigilan, les pagan poco y los atan a jornadas laborales que ocupan todo el día. Y lo peor de todo: las empresas españolas no son productivas.

O sea, los españoles, que viven en un lugar privilegiado y que saben disfrutarlo, malgastan la mayor parte de su tiempo laboral y no saben enmendarlo.

¿Y qué ocurre con sus gobernantes? Según los más fiables indicadores internacionales, España está entre los países más corruptos del mundo. Ni siquiera es necesario tirar de estadísticas: los periódicos conforman una tragedia diaria. En tres actos. Primero, roban, extorsionan, prevarican, etc. En segundo lugar, escapan de la justicia, muchas veces absueltos. Por último, los ciudadanos los vuelven a votar.

Por eso, y no sólo porque la Historia lamentablemente me da la razón, considero que los españoles no tenemos remedio. Porque la gran mayoría de los españoles sabe exactamente en qué apartados se sobrepasan los grupos de poder, políticos, bancos, medios de comunicación, etc. del país y, no obstante, les siguen brindando su apoyo.

Los españoles, por ejemplo, consideran que es una burrada que una familia que no puede pagar su hipoteca se quede en la calle y continúe pagando al banco y no exige a sus representantes políticos que cambien las leyes. Pregúntales, que se llevarán las manos a la cabeza. Pero ya está.

Por desgracia, incluso los que no quieren ser españoles se comportan como españolísimos. Hablo de Catalunya ahora. Artur Mas se mantiene durante años contrario a la independencia y a los dos años de gobernar y darle la vuelta al estado del bienestar catalán se autoerige como el abanderado de la Catalunya lliure. Y los catalanes, que no son tontos, saben que es una cortina de humo. Hombre, el deseo es real. Cualquier nacionalista prefiere apartarse de la metrópoli que subyugarse a ella, visto desde un prisma en el que unos estados secuestran a otros (normalmente, los fuertes a los débiles).

Lo que ocurre es que ningún deseo, por poderoso, respetable e incluso hermoso que sea, puede tapar las injusticias de lo que ocurre en eso que podemos llamar cronología de hechos o, si lo prefieren, realidad (porque este paréntesis debe quedar claro: una cosa es lo que sucede y otra lo que se desea que sucediese).

Está claro que los españoles han creado una realidad paralela que sólo existe en el imaginario colectivo. Parece que han tomado lo mejor de la geografía, el clima y la cultura y lo han pasado por la coctelera romántica de lo que uno desea para los suyos, que es lo mejor, y con esa pantalla en constante función idealista van tirando, aunque en el escenario del día a día asistan a las mayores infamias que uno pueda imaginar.

Sinceramente, al estado español no hay otra forma de arreglarlo que mandarlo a los leones europeos. Que se lo merienden los alemanes, los suizos o los daneses, que procreen, y cuando, dentro de muchas generaciones, haya españoles suficientemente mezclados con los europeos del norte que gestionen los destinos de un país al que amen como algo propio, entonces España tendrá futuro.

Pueden empezar por el sistema democrático: que miren hacia Suiza, donde los ciudadanos son consultados para tomar las decisiones importantes.

Llámenme drástico, pero en algunas repúblicas del África negra adornan las esquinas con los cadáveres de sus dirigentes corruptos. Y esta solución me parece peor que la que planteo.

5 comentarios:

carnet de manipulador de alimentos dijo...

totalmente de acuerdo eh? pero son los ciudadanos de esos países que hablas los que controlan la situación no sus gobiernos...

carnet de manipulador de alimentos dijo...

ose que no es que seamos vagos o tontos, son los de arriba que no nos dejan hacer :)

Me encantó leerte, un saludo para el blog!

David Navarro dijo...

Sí, tu visión es bastante más optimista :-) Yo la comparto en mis ratos buenos.

David Navarro dijo...

Y gracias a ti, por leer el blog.

Naruto dijo...

un pais de serpientes donde se lo pasa uno bien si ha nacido meapilas y torero.