martes, 15 de mayo de 2012

La indestructible naturaleza del 15M


Pasaron, pero no los desalojarán.
En alguna parte leí una analogía sobre el poder de la naturaleza. Ante una tormenta devastadora, ¿Qué resiste más: un árbol recio o la frágil hierba? Visualiza el árbol de tronco robusto, enorme, muy difícil de talar. Y ahora contempla un tallo finísimo de hierba que un niño rasga con poco esfuerzo.

La tormenta parece aglutinar el poder de las formas primigenias de la naturaleza. El árbol más vigoroso cae y la hierba se empapa, se zarandea mil veces, pero persiste.

Es decir, oponerse al avance natural de los elementos no sirve para nada. Las tormentas, la lluvia, el viento, el ciclo de la vida (incluida la muerte) y los sentimientos, sí las emociones, son imparables.

Los árboles, los toldos, las tiendas de campaña, un grupo de manifestantes y los argumentos lógicos se pueden contrarrestar, aplacar e incluso aniquilar. Pero no así la naturaleza ni el espíritu de los manifestantes.


Por eso, no importa que los partidos políticos adopten o deshereden el movimiento del 15M. Poco interesa también, excepto para los sociólogos, las razones de los que están en contra o a favor del 15M.

El espíritu que recorre este movimiento social es el mismo que impregnó la Revolución Francesa, la de los Claveles y otras tantas. Es la misma fuerza que motivó a los seguidores de Jesucristo y Gandhi. Se trata de un claro sentimiento irracional que palpita agitado porque una amenaza se cierne en el horizonte y pone en peligro la supervivencia. Lo antinatural sería no hacer nada.

Por supuesto, que se puede racionalizar. Y no dejarán de salir publicados informes, reflexiones, vivencias, propuestas y un sinfín de argumentos lógicos.

Sin embargo, la gente no se reúne en las plazas porque hay motivos razonables, que los hay, sino porque el sentimiento es de indignación. De ahí que se les denomine indignados y no sólo porque alguien publicara un libro aludiendo a la indignación general.

La globalización, creada para convertir el mundo en un gran bazar capitalista donde unos pocos ricos se aprovechan de una inmensidad de pobres, tenía un reverso mucho más edificante que sus ideólogos menospreciaron.

En efecto, los arquitectos del Sistema conocían el riesgo, pero pensaron que el pueblo adormilado no respondería. Por desgracia para los ingenieros de la globalización, los ciudadanos del mundo (los que sobreviven) son menos ignorantes ahora que nunca antes y, aunque son más manipulables, también tienen la oportunidad de aunar fuerzas y compartir ideas y sentimientos a un coste bajo y de una manera muy sencilla. Por ejemplo, Internet.

Lo local es internacional. Y lo internacional es local. Para lo bueno y para lo malo. A la naturaleza inviolable del 15M no le importa si en Catalunya CIU les deja acampar porque ahora le conviene políticamente y hace un año los trataron a palos. Tampoco le intimidan las amenazas desde Madrid, cuyos gobernantes ven una amenaza política aunque no les restó apenas votos en las Elecciones Generales.

Al 15M le sobran, por supuesto, las adhesiones a toro pasado de los partidos de izquierda y les alienta más todavía la condena de la derecha española rancia. Es muy fácil: una condena moral por parte de estos políticos que tanto han mentido y robado, a los que sólo le importa el sustento de los poderosos, es un tiro errado.

Respetar y disfrutar el 15M no es sólo acampar, sino dar lo mejor de cada uno en virtud de un bien común. La importancia de dejarse ver es sólo relativa, porque sirve a dos propósitos: presionar a los mandatarios y animar a despertarse a los que viven dormidos en el sueño de la clase media europea.

El movimiento del 15M se ha convertido en un ciclón, al que no le valen filiaciones políticas ni encuestas ni estados de opinión mediáticos. Es tan simple como el derecho a vivir con dignidad y mientras haya desalojos de gente que quiere trabajar para pagar su vivienda y no puede (sólo pondré este ejemplo), el mundo estará mal organizado, mal planteado y, por tanto, necesitará un reajuste natural.

Por desgracia, a este caso, que se da cada día aunque a ti no te ocurra y supone un drama real (a menudo, una tragedia) hay que sumarle una lista enorme de injusticias que día tras día se agrava.

Una lista brevísima: la precariedad laboral, la corrupción política, la corrupción jurídica, el maltrato a los inmigrantes, el ninguneo a la salud del planeta, el desprecio a la cultura, la violación de la intimidad, etc.

Y, en el fondo, el 15M apunta directamente a la raíz del problema: la creencia consciente o inconsciente de mucha gente que considera que sólo importa su bienestar económico y el de sus allegados, saltándose a la torera todos los principios de solidaridad y humanidad, sin los que hoy día la Tierra sería un asteroide calcinado por una guerra nuclear.

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